Opinión

Las manos de los abuelos

EN LA FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 31 de diciembre de 2022

En esas manos, en las de los abuelos, son en las que me quiero detener hoy en esta breve reflexión de fin de año, que se nos va con convulsiones internas y externas que en muchas ocasiones no sabemos comprender, pero que en otras somos culpables de ellas.

Unas manos con manchas, con venas señaladas, con arrugas marcadas y temblorosas pero con la experiencia de muchos años que, aunque tengan movimientos torpes, son capaces aún de indicarnos un camino recto. Esas manos las vemos estos días en nuestra casas, cuando los abuelos llegan para celebrar estas fiestas o en la residencias de mayores donde la tristeza se lee también en las manos de nuestros ancianos, que en muchas ocasiones, no reciben desde hace tiempo las visitas de sus seres queridos.

Este viernes pasado, día 30, hemos celebrado la Jornada de la Sagrada Familia y los obispos de nuestro país nos han querido dejar un mensaje, en el que han hecho hincapié en que “ninguna institución puede suplir la labor de la familia en la educación de sus hijos, especialmente en lo que se refiere a la formación”, y que” los padres deben enseñar a sus hijos a reconocerse como don, lo que reclama de ellos hacer una verdadera ofrenda de los hijos, renunciando a la posesión”.

De ahí la importancia de nuestros mayores, que son la cabeza de las familias que han formado durante años. Una institución, la de la familia, que algunos intentan destruir una y otra vez. No quieren ya la marginación, sino insisto la destrucción, porque sin familia todo es más fácil para ese populismo que fomenta la cultura de la muerte, frente a la de la vida, que sigue corriendo por esas manos de los abuelos, que son centro de sabiduría, a pesar de que algunos de nuestros mayores sufran enfermedades que les arrebata el conocimiento, pero que son capaces, aún, de con una sonrisa agradecer la entrega familiar.

Los obispos nos han dicho es su mensaje que “como Iglesia, tenemos la misión de acompañar las familias que viven en nuestras comunidades. Por eso es tan importante ayudar a crecer a cada familia. También a las que están en las periferias, tanto materiales como existenciales. Acercarnos a las familias que viven la marginación y la pobreza; tener muy presentes a las familias migrantes; no dejar a un lado a las familias que han sufrido la separación y el divorcio”.

Que se cumplan los deseos de los obispos y que nosotros sepamos besar esas manos de los abuelos que fundaron nuestras familias y que hoy desean Feliz Año a los lectores de EL IMPARCIAL.