AL AIRE LIBRE

NICOLÁS REDONDO

Luis María ANSON | Miércoles 04 de enero de 2023
“Ni soy ni seré nunca correa de transmisión de ningún partido político. Ese colaborador tuyo...

“Ni soy ni seré nunca correa de transmisión de ningún partido político. Ese colaborador tuyo, Jaime Campmany, rezuma todavía falangismo”, me espetó Nicolás Redondo nada más sentarse a la mesa del almuerzo al que le había invitado en mi despacho del ABC verdadero.

“Soy socialista, admiro a Felipe González, siempre he estado a su lado. Pero UGT es otra cosa y yo estoy para defender a los trabajadores por encima de los cuernos de la Luna”, aseguró mientras bebía a largos tragos el consomé.

Nos veíamos de forma periódica. Para mí era una fuente de información sólida. A él le había convencido Marcelino Camacho de que me podía hablar con claridad y que nunca le haría una faena periodística. Fue larga y fructífera aquella relación. Por eso la noticia de su fallecimiento me ha desolado. La Transición, probablemente la más importante operación política que se ha hecho en la Historia contemporánea de España, se va quedando sin sus protagonistas. Y Nicolás Redondo lo fue. Si los sindicatos grandes, UGT y Comisiones Obreras se hubieran puesto en frente de la arriesgada operación de trasvasar sin violencia la dictadura de Franco a una democracia pluralista plena, tal vez todo se habría convertido en un fracaso. Nicolás Redondo, y sobre todo Marcelino Camacho, fueron hombres clave de la magna operación transitoria.

Nicolás Redondo era un obrero sabio, un sindicalista serio, constructivo, de claras ideas y potente capacidad de decisión. Inteligente sin aspavientos, disponía de un sentido del humor sordo, pero real. Cuando las circunstancias le aconsejaron apartarse de UGT, se convirtió en destacado dirigente del PSOE, si bien conviene no olvidar que, como ugetista, organizó contra Felipe González una huelga devastadora.

Me parece que la última vez que le vi fue en la cena anual de esa maravilla que se llama Paloma Segrelles. Estaba lúcido, escéptico y socarrón. Se ha muerto con 95 años, pero los historiadores rigurosos subrayarán el papel que hizo en la Transición, a la que la extrema izquierda llama ahora el “Régimen del 78” y trata de envolverla en espesas sombras franquistas.

Políticamente estoy muy lejos de Nicolás Redondo; humanamente muy cerca, y echo de menos las largas conversaciones con él cuando era uno de los alfiles decisorios del sindicalismo español. Nunca, por cierto, justo es decirlo, hostigó al Rey. Todo lo contrario.