Opinión

Retrato navideño

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 04 de enero de 2023

Las navidades son como pretender coronar el Anapurna en chanclas. Cada año el reto se antoja mayor. Por un lado las placas tectónicas españolas chocan entre sí haciendo que los precios se eleven más y más respecto del nivel del mar. Por otra parte está lo de Papá Noel. No es nada personal, pero hay que ver que tostón de personaje y cómo este hombre ha encarecido sus artículos a pesar de utilizar trineo de tracción animal. Por cierto, la ministra animalista Belarra bien callada está con el tema de los renos voladores, pero ya sabemos que todo es según el color del cristal ideológico con que se mire.

Papá Noel está al servicio de los sátrapas que mueven el consumismo más voraz y el mercado se vuelve lujurioso. Lo cierto es que la llegada de este lapón, (de Laponia), que en principio pareció ser un advenimiento de segunda clase en nuestro país, ha resultado ser una trama antimonárquica para acabar con los Reyes Magos y hacerse con el poder absoluto. La Casa Real tendría que hacerse mirar cuanto digo, porque estamos en un sinvivir continuo. Más bien creo que esta maniobra obedece a la Agenda 2030 y de ahí que esta “inofensiva y bondadosa” figura esté al alza en los barómetros del CIS que el señor Tezanos se encarga de cocinar. Nos engañan como a chinos, y si no vean el hermetismo de las autoridades chinas sobre la nueva temporada del virus Covid que, como buen país comunista, no sueltan prenda y todo lo inventan. Y es que el engaño es el arte de manejar una franela ante cornudos mohínos.

Tribus de pálidos oros,

Solo son brillos de bonos

A cambio de engañifas,

Desprecios y votos.

Frente a la desdicha

Nosotros, los ciudadanos,

Ni pinchamos ni cortamos.

Otra vez nos meterán mano.

Nos quedaremos en supuestos

Ni enteros y maltrechos.

La juventud ignorada

Y la vejez apartada.

Otro engaño manifiesto,

Una guerra como premio,

Unos mueren sin quererlo,

Otros celebrando festejos.

Por suerte llega el 1 de enero. Y digo suerte la mía, porque es comenzar el año y el tiempo me regala generosa complacencia. Dos únicas funciones llenan mi zurrón para el nuevo viaje de 365 días. A saber, el Concierto de Año Nuevo y la magia de mi atemporal amigo Frank Jesús Sinatra Casarrubios, conocido mundialmente como Frank Sinatra. De Viena el delicado y sinfónico brillo de la belleza. De mi querido colega el “Swingin On A Star” entre la calle 42 y la 53 de cualquier lugar del mundo. Un regalo para los sentidos volver al “Night and Day”, al “My Way” o incluso a la mítica canción “New York, New York”, que mi amigo guarda siempre como ese onírico obsequio que los grandes sorprenden a su entregado público. El bis de agasajo viene a ser por demanda popular al igual que ocurre en la Sala Dorada de la Musikverein de Viena con la “Marcha Radeztky”

En tan cumplida cuenta musical, dada para mejor arranque de la temporada, se abre paso en multitud Antonio Estulez, el tenor. Voz autorizada la suya en agudo rompedor que por derecho nos brinda el famoso DO de pecho. En tal circunstancia uno aplaude como si el oído, algo tardío en digerir tanta explosión, aún estuviera en un ligero sostenido de emoción. El grupo de un jueves cualquiera aplaude, brinda y nos despedimos para salir del local de turno.

Fuera, en la calle, la noche se apresura. Todo el mundo se felicita en deseos con fecha de caducidad por el propio desgaste de las frases hechas. Nada nuevo. Un calendario sustituye al otro mientras la vida pretende intimar con el tiempo, inútil propósito porque las navidades son cada vez más exigentes y no reparan en lo bello. Mis amigos y la música, son otra cosa.