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El control del Congreso de EEUU por los ultras republicanos atenaza al Gobierno de Biden

(Foto: EFE / EL IMPARCIAL).

SE NECESITARON 15 VOTACIONES PARA DESBLOQUEAR LA ELECCIÓN

M. Jones | Domingo 08 de enero de 2023
Kevin McCarthy tuvo que ceder a la exigencias de Donald Trump para salir presidente de la Cámara Baja.

Quince votaciones han hecho falta para que el Congreso de Estados Unidos tenga presidente. Este hecho, que no se veía en la democracia norteamericana desde 1869, confirma la crisis institucional con la que coquetea el Gobierno de Joe Biden, una situación que se inició con la entrada definitiva en política de Donald Trump, en 2015, y que amenaza con agudizarse gracias al magnate populista. No en vano, el líder republicano ha conseguido que 20 de sus seguidores más radicales con acta de congresista bloquearan la elección de Kevin McCarthy a su antojo. Sólo levantaron la mano cuando consiguieron que la facción republicana más moderada aceptara todas las exigencias planteadas por el grupo ultra.

La tensión que han conseguido generar estos representantes del llamado 'Freedom Caucus' -grupo ultraconservador, heredero del 'Tea Party'- casi derivó en violencia dentro de la Cámara Baja. Tras varios días de refriegas internas, el congresista republicano por Alabama Mike Rodgers tuvo que ser sujetado por un colega cuando se dirigía a medirse físicamente con el conservador radical Matt Gaetz, aliado jefe del expresidente en este entuerto. Y Trump, con todo, ha conseguido que una de las imágenes que se recordarán de este episodio insólito sea la de Marjorie Taylor Greene, su mano derecha en la Cámara de Representantes, acercando un teléfono a los congresistas díscolos. En ese móvil estaba la solución: Trump llamaba para ordenarles que permitieran a McCarthy ser elegido.

El precio que ha pagado McCarthy

Finalmente, cuatro extenuantes jornadas después, el nuevo "Speaker" obtuvo 216 votos y fue nombrado presidente del Congreso de manera oficial. Eso sí, ha pagado un coste grande en favor de los radicales. Según ha trascendido, la sección más moderada del partido conservador ha transigido en los siguientes puntos: cargos de privilegio, concesiones sobre la deuda y el gasto público -que pueden maniatar el margen de maniobra de Biden en la segunda parte de su legislatura-, modificaciones en el funcionamiento de la Cámara Baja y les ha dado capacidad de decisión sobre las comisiones de investigación que se están llevando a cabo.

En ese último punto destaca sobremanera la intención de tumbar la investigación de los demócratas en torno al papel que jugó Trump en el asalto del Capitolio o su responsabilidad judicial por el fraude fiscal del que el magnate es acusado. También está en la mesa de los ultras -y ahora en la de McCarthy también- crear una comisión para examinar los motivos por los que el actual Ejecutivo retiró las tropas estadounidenses de Afganistán y generar otra para profundizar en las acusaciones que vienen lanzando al hijo de Biden por una supuesta corrupción. Además, el control de la inmigración a través de la frontera con México figurará en el plan del nuevo "Speaker", como también lo hará la denuncia de lo que el Freedom Caucus considera un uso partidista del Departamento de Justicia por parte de los demócratas y contra Trump.

"Ha sido un honor"

Hay más. Getz y compañía, al dictado de Trump, han presionado para condicionar el gasto público. Con esta demostración de fuerza de una veintena de radicales, los trumpistas más ortodoxos pueden incluso influir en la salida de adelante de leyes tan esenciales como la financiación de la Administración. Para aprobar reglamentos de este tipo, el Senado -de mayoría demócrata- y la Cámara de Representantes -de mayoría republicana- han de votar. También para mantener la ayuda a Ucrania, que queda condicionada a que Biden no toque las leyes sobre armas, sobre el aborto o sobre el cambio climático. En la mano de los seguidores más duros de Trump está, por tanto, que Estados Unidos entre en una crisis económica si no se eleva el techo de deuda o se aprueban las partidas presupuestarias.

El 'Freedom Caucus' del que se apoya Trump tiene en su ideología la limitación al mínimo más absoluto del gasto público. Y ya se ha sabido que la facción ultra ha convencido a McCarthy para que relacione el aumento del techo de deuda con la imposición de un recorte abrupto del gasto público al Gobierno de Biden. Por ese aro ha tenido que pasar un Partido Republicano casi tan polarizado como el escenario político y social estadounidense. Desde este fin de semana, el funcionamiento del Ejecutivo y de la Administración pende de la voluntad de una sección ultraconservadora que va a provocar un infierno para el mandato demócrata y podría desencadenar la primera vez en la historia en la que Estados Unidos incumple los compromisos de su deuda. "Ha sido un honor", le dijo Trump a McCarthy después de que el nuevo "Spekaer" le diera las gracias por permitirle ser elegido.

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