Opinión

La mansedumbre de la tarde (y II)

TRIBUNA

Luis Bravo | Domingo 08 de enero de 2023

Los primeros días del año recién llegado, sin sentir la desilusión, y de hecho esto debería ayudar a descansar tanto periodo magnificado por las fiestas, son idénticos a los que dejamos atrás la noche del treinta y uno. Seguimos, no hay más. A no ser que nuestra suerte cambie y podamos amanecer en un palacio veneciano, la lotería nos haya tocado o un enamoramiento fuese correspondido, seguimos igual. Pero no es poco. La continuidad, ya la mencionaba en el artículo anterior, puede facilitar que el ánimo no se desestabilice por lo conseguido o no el pasado año, o por lo que alcanzar este nuevo. Nada de eso nos mejorará. Sí en cambio lo que pueda impresionarnos, sin necesidad de esforzarse.

La poesía puede contribuir. En estas semanas de regreso a los trabajos y rutinas me acordé de unos versos de Dalia Alonso, en cuyo libro La Divina se encuentran, titulados Impresión:

‘Mirar el mundo en mis ojos/ es como tomar apuntes/ de ajenas delicadezas./ Vivir para qué si no/ por las estrellas fugaces―/ el perfecto fotograma,/ un acorde o algún verso.’

Lo encabeza una cita de Elizabeth Bishop que dice: ‘Si después de leer un poema, el mundo parece ese mismo poema durante veinticuatro horas, estoy segura de que es bueno.’ Gracias a su brevedad, y disculpando la profusión de citas en tan pocas líneas, se quedó en uno desde el momento en que hice la primera lectura. Me pareció una enseñanza realmente valiosa el entender que al mundo ha de mirársele como si tomásemos nota de sus ajenas delicadezas, porque hay una señal de respeto que debemos mantenerle si posados nuestros ojos en sus quiebros, en sus aciertos; lo que se prefiera y pueda advertir. Así el mundo valdrá más por su lirismo que por su realidad, en muchas ocasiones aplastante. Unos segundos de vuelo alzado no evitarán el retorno al suelo, pero la acción cometida, la lectura entendida, asegurarán algo distinto y a la vez reconocible que podrá variarnos sin dejar de ser nosotros. ¿Banalidad, optimismo? Importa poco el rechazo que pueda suscitar. Si dura el encantamiento un día y este se extiende a otros como ramas crecientes, mejor.

Los ojos de esta poeta pueden regalar abandonos a la pasión, confusiones de una noche con la vida, perfumes densos y, acaso, su verdad. Me temo, y eso es sentirse afortunado, no podré dejar de leerla.