La transformación del mediocre nadador americano Will Thomas en la campeona femenina Lia Thomas suscita una serie de preguntas al profano, que le intrigan mucho, pero a las que no sabe responder. En espera de que lo haga algún biólogo o médico competente hago públicos estos interrogantes.
En primer lugar, vaya por delante mi admiración por los cirujanos que son capaces de hacer desaparecer los genitales masculinos y substituirlos por los femeninos. En el aspecto físiológico, parece que no haya diferencia alguna visible entre el sexo de Lia Thomas y de cualquier mujer normal. Eso es ciertamente una hazaña de la cirugía.
Pero la duda está en si todo se reduce a esa mera apariencia externa. Pues la sexualidad es algo mucho más complejo.
La primera pregunta es ¿puede Lia Thomas generar óvulos, capaces de ser fertilizados y dar paso a un cigoto ordinario y a su desarrollo posterior? ¿Puede ser Lia madre en el mismo sentido en que Will Thomas podía antes ser padre?
La segunda es al revés. ¿Puede una mujer convertida en hombre generar espematozoides capaces de fecundar un óvulo? ¿Podría ser padre en el mismo sentido en que antes era capaz de ser madre?
La tercera y más importante pregunta se refiere las hormonas sexuales. Se producen en el soma, pero regulan el funcionamiento de los genitales, e incluso influyen en la fisonomía femenina o masculina del entero cuerpo. Dado que el soma no es alterado por la operación quirúrgica, ¿cómo funcionan unos genitales femeninos regulados por hormonas masculinas? O al revés, si el paso es de mujer a hombre.
La cuarta pregunta supone que se ha ha dotado a Lia Thomas de un par de mamas. Pero ¿podrán esas mamas dar leche capaz de alimentar a un niño recién nacido?
Cabe resumir los anteriores interrogantes en uno. ¿Se trata de un cambio integral del papel de la la mujer y el hombre en la procreación humana, o más bien estamos ante un mero cambio de fachada de los genitales? Tengo la sospecha de que en este asunto hay más teatro y propaganda que realidad, y por eso hago las anteriores preguntas.
Está claro que la ventaja de Lia Thomas supone un fraude deportivo. Pero la respuesta a las anteriores preguntas podría hacer más grave la cuestión. El cambio fisiólógico de los genitales no bastaría para hablar de un cambio de sexo. Mucho menos de un cambio de género. La posible monstruosidad “contra naturam” de Lia Thomas consistiría en unos genitales artificialmente convertidos en femeninos, mientras que las hormonas que regulan el funcionamiento de la sexualidad continuan siendo masculinas.
Es sólo una sospecha. Aguardo la respuesta a mis preguntas, antes de llegar a conclusiones definitivas. En todo caso mi sospecha se extiende a que el movimiento LGTBI, al promocionar de modo dudoso el cambio de sexo, contamina de hecho la naturaleza tanto o más que las chimeneas de las industrias que echan al aire humos sin reciclar. Fabricar monstruos “contra naturam” es lo más antiecológico que pueda pensarse.
Por último una breve observación. La preposición “contra” rige acusativo en latín. El que escribe “contra natura” no hace más que exhibir su ignorancia de nuestra lengua madre.