Opinión

El año de Dimitrie Cantemir

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Lunes 16 de enero de 2023

Este año 2023 se cumplen 350 años del nacimiento y tres siglos del fallecimiento de uno de los personajes más destacados del humanismo europeo: el príncipe moldavo Dimitrie Cantemir (1673-1723). Nacido en la actual Rumanía y de familia noble, aprendió desde niño latín y griego y tuvo como tutor a un descendiente de la familia Comnenos, el famoso linaje de patricios bizantinos. Entre 1687 y 1710 -primero como rehén y después como enviado de su padre- el joven Dimitrie vivió en Constantinopla. No debió de irle mal porque se alojó en el palacio que su familia poseía en Constantinopla y allí pudo estudiar turco e historia en la Academia del Patriarcado Griego. También destacó en la composición musical, donde despunta su obra “El libro de la ciencia de la música”, que Cantemir dedicó al sultán Ahmed III (1703-1730). Le fue concedido el acceso a la biblioteca del Gran Serrallo, que sólo podían visitar musulmanes. Gracias a ella, adquirió un profundo conocimiento del mundo otomano y, más en general, islámico.

Políglota y erudito, nuestro príncipe ganó fama por su “Historia del ascenso y caída del Imperio otomano”, que circuló por Europa en copias manuscritas hasta llegar a la imprenta en 1734 en Londres con ediciones posteriores en Alemania y Francia. También publicó una “Crónica de la antigüedad de los rumano-moldavo-valacos” entre 1719-1722. Con razón se considera a Cantemir uno de los modernos historiadores de Rumanía, así como uno de los geógrafos de Moldavia, acerca de la que publicó una “Descripción de Moldavia” en 1714.

La figura de Cantemir obliga a revisar algunos de los tópicos que injustamente circulan acerca de Europa Oriental. Se dice que no hubo en ella ni Renacimiento, ni Modernidad ni Ilustración. Se pretende que, debido a la influencia otomana, quedó fuera de las grandes corrientes culturales de los siglos XVI y XVII en adelante. Sin embargo, basta una lectura de la obra de este príncipe moldavo para refutar esos tópicos. Más aún: el sentido humanista de su obra lo convierte en un referente del orientalismo y el estudio de la historia otomana y el islam, que trató de dar a conocer al público europeo occidental.

Reivindicado por los rumanos, celebrado por los turcos -una de las casas en que habitó en Constantinopla se abrió como museo en 2007- y desgraciadamente olvidado o desconocido por los europeos occidentales, Dimitrie Cantemir es un precursor de los grandes estudiosos del siglo XVIII y de la fascinación oriental que atravesó nuestro continente a partir de la traducciónde las “Mil y Una Noches” de Antoine Galland, publicada entre 1704 y 1717 y la expedición de Napoleón a Egipto (1798-1801).

En un tiempo de guerras culturales y desencuentros, Dimitrie Cantemir nos reconcilia con el verdadero espíritu del humanismo europeo. Esa apertura al otro, ese interés y esa capacidad de vivir a caballo entre dos mundos han caracterizado, desde la Edad Media, a la tradición humanística europea desde la Escuela de Traductores de Toledo y los grandes autores del renacimiento (por ejemplo, Pico della Mirandola). Así, este año es un tiempo de memoria y celebración para todos los humanistas de Europa.

Esta columna recuerda hoy al príncipe Dimitrie Cantemir, humanista.