el chivato
Lunes 13 de octubre de 2008
El “Día del Pilar”, hasta hace unos años “Día de la Raza”, ha sido siempre una ocasión excelente para la escena madrileña, gracias a la jugosa recaudación de taquilla en los teatros privados, ya que los públicos, se sustentan con las dilapidaciones políticas pagadas por todos; también por aquellos que no frecuentan los espacios escénicos. Hay quien afirma que el mantenimiento de los teatros y de las compañías se acerca en cuantía al presupuesto de “La Moncloa”, con sus más de seiscientos asesores presidenciales.
Este domingo tocado por “El Pilar” supuso el lleno para todos los teatros privados madrileños cuya selección figura en la tabla inferior, en orden a la suma recaudada, mayor en los recintos con más aforo, precio superior o mayor número de funciones, ya que el cartel “Agotadas las localidades” brilló en todas las taquillas de los teatros reseñados abajo.
El éxito artístico y económico del teatro privado madrileño en general (a parte de algunas fechas puntuales) cuyo incremento porcentual crece año tras año casi el doble de lo que aumenta en Barcelona; la segunda provincia en número de espectadores y producciones, podría estar relacionado con esa crisis que estaba pero no era. Un hecho singular se produce cada vez que se aproxima una turbulencia económica. Nadie sabe explicar por qué. Pero la afluencia al teatro aumenta y el anciano “enfermo crónico” experimenta una mejoría ocasional que vuelve a ilusionar a los cómicos no alineados con los poderes, es decir, a los desprotegidos que no quieren pertenecer a plataformas de apoyo a la nada; no hacen guiños grotescos con su índice ni propugnan cordones sanitarios; esos que, cuando bajan los Presupuestos Generales para todos, ven aumentados los que ayudan a la sinecura del cine; de donde manan sus soldadas por participar en asombrosas producciones cinematográficas. Los mismos que no se percatan del peligro de politizar la profesión y se arriesgan a que el público deje de acudir a sus aburridos teatros, al igual que evita el espectáculo de sus películas sectarias.
Pero yo me refería al Día del Pilar, una festividad todavía familiar, que propicia la oportunidad de disfrutar del teatro divertido –aunque no necesariamente de humor- sin mensajes oportunistas. Este Día del Pilar que, como tantos días de celebraciones festivas, engalanan las butacas de los teatros.