Pedro Sánchez siempre ha justificado sus humillantes, y, a menudo, inconstitucionales cesiones a ERC con el argumento de que era la mejor fórmula para “desinflamar” la política catalana, para recuperar la convivencia y dar carpetazo al “procés”. Pero, a la primera de cambio, se ha comprobado la falacia de sus palabras. El escenario de la cumbre entre España y Francia que se celebra en Barcelona ha sido rodeado por una multitud de separatistas que vociferaban, insultaban al presidente del Gobierno e insistían en exigir la “autodeterminación, la amnistía para los procesados por el 1-O” y reivindicaban la creación de una “República independiente”.
La desinflamación no se ha visto por lado alguno. Los radicales, como de costumbre, han cortado carreteras y han desplegado su vandalismo por las calles de la capital catalana. Y, paradójicamente, mientras los gritos de sus militantes retumbaban, el presidente de la Generalidad, Pere Aragonés, asistía a la cumbre y saludaba con solemnidad a Sánchez y a Macron. Eso sí, se escabulló antes de que sonara el himno español. Junqueras, mientras tanto, abandonaba precipitadamente la manifestación callejera al ser abucheado por los seguidores de Puigdemont. También se mantiene, pues, el enfrentamiento entre los separatistas.
El trampantojo se Sánchez ha quedado en evidencia por la insistente radicalización de los separatistas que entienden y demuestran que no son suficientes la muchas cesiones del Gobierno como las mesas de diálogo, los indultos ni la amnistía encubierta con la derogación de la sedición y la modificación de la malversación. Quieren la independencia y no cesarán en sus protestas.
Tampoco ha sido un acierto celebrar la cumbre en Barcelona. La delegación francesa y los medios de comunicación extranjeros han comprobado “in situ” que Cataluña sigue incendiada por los radicales separatistas. Que las políticas de Sánchez han resultado inútiles. Pero el presidente del Gobierno declarará sin pudor alguno que la cumbre ha sido un éxito e insistirán en el acierto de su mágica solución para recuperar la convivencia en Cataluña.