Javier Cercas es un excelente novelista, avalado internacionalmente por el éxito de Soldados de Salamina. Escribe, además, artículos relevantes en el diario El País y acaba de apuntarse un gran acierto periodístico con la entrevista que le ha hecho al presidente de Francia en el palacio de El Eliseo. Sé muy bien lo que digo porque a un encuentro de esa naturaleza solo puede acceder un periodista que disfrute de alta consideración.
La entrevista, por otra parte, repercute favorablemente en la reunión en la cumbre celebrada por el presidente de Francia y el presidente del Gobierno español. Pedro Sánchez está robusteciendo su personalidad en el mundo internacional y negar eso significaría ofender la objetividad periodística. “En Barcelona -le ha dicho Macron a Cercas- vamos a construir juntos algo importante para Europa”, completando ese criterio con un elogio personal a Pedro Sánchez.
Para el presidente francés, “vivimos entre la polaridad de Estados Unidos y China”. Con permiso de la India, habría que añadir. Francia mantiene tratados con Alemania e Italia y va a cerrar un acuerdo de máxima importancia con España. Asegura Emmanuel Macron que “el euro ha impedido que se dispare la inflación”. Que se dispare más la inflación, debió precisar. A lo largo de toda la excelente entrevista, el presidente francés se manifiesta como un patriota, aunque apenas roza el chauvinismo como sí ocurría con Chirac y no digamos con De Gaulle. Con ambos tuve ocasión de conversar. También con Giscard, que era más moderado al ensalzar a Francia.
Considera el presidente francés que el capitalismo “vive en una crisis profunda”, pero que resulta necesario mantener la fe en la Unión Europea” porque es lo que permite a Europa mantenerse con fuerza en la política internacional. Tengo mis dudas de la afirmación del presidente francés sobre la guerra de Ucrania y el papel de Rusia. Casi seguro que sabe la verdad y se calla, si bien apunta a que la contienda debe solucionarse a través del diálogo.
Un éxito, en fin, de Javier Cercas, al que no se le puede regatear un ápice, en un momento, además, especialmente crítico para Francia y para España.