Aunque soleada, la mañana madrileña era fría e invitaba a proteger manos y rostro bajo la calidez de guantes y bufanda. Tania y Francis esperaban en la parada a que un autobús les llevase Paseo de la Castellana abajo hasta las inmediaciones del Museo de Sorolla. Por fin, llegó el 27, que tras el reglamentario frenazo, abrió sus puertas justo delante ellos. Al subir, Tania y Francis quedaron atónitos al presenciar la abundancia de banderas nacionales que portaban muchos de los viajeros que abarrotaban el interior del medio de transporte. A través del atestado pasillo y con la mirada más bien gacha, ambos amigos pudieron abrirse paso y lograron ubicarse en dos asientos de la parte trasera del bus.
Repuestos de la sorpresa rojigualda, empezaron a intercambiarse miradas que, en el caso de Tania, evidenciaban una notoria incomodidad llegando a manifestarla así:
- “En la siguiente parada, nos bajamos”.
- “Es inútil Tania, todos los autobuses estarán igual. ¿No te has enterado? A las doce se celebra en Cibeles una manifestación contra el Gobierno”.
- “Pero esta gente ¿qué pretende? es un Gobierno legítimo y deben respetarlo.
- “Tania, manifestarse es un derecho constitucional. Hace unos meses lo hizo la izquierda contra la política sanitaria de Ayuso y tú estuviste en esa manifestación. Lo mismo podían decir ellos de ti”.
- “No es lo mismo, Francis, la sanidad pública es algo muy serio. Y es un derecho irrenunciable. Esta gente no defiende ningún derecho. Igual que los partidarios de Trump y Bolsonaro, no aceptan los resultados electorales. ¡Verás como terminan rodeando el Parlamento!”.
- “¡Venga Tania, por favor, aquí quien ha rodeado siempre el Parlamento ha sido la izquierda con el Nunca Mais en la crisis del Prestige y con el No a la guerra, durante la invasión de Irak. Por no recordarte lo que hicieron los separatistas catalanes ante el Parlament o la pantomima de alerta antifascista que decretó Iglesias por los resultados electorales en Andalucía.
-”Francis, estás ciego, la ultraderecha no soporta que un Gobierno progresista rija el país. A estos les manejan cuatro dirigentes ultras y además están manipulados por una prensa involucionista. Son como borregos”.
“Tania, como sigas así, claro que nos bajamos, pero nos vamos a pie hasta la puerta del museo en Martínez Campos, a ver si el fresco despeja la cabeza de tus obsesiones.
- “¡Pero bueno Paco! ¡Cuánto tiempo sin verte!”, dijo uno de los viajeros que subieron al bus en la última parada, dirigiéndose a Francis.
- “¡Sebastián, qué alegría!” exclamó Francis con cierta euforia, estrechando durante largo tiempo su mano con la del conocido.
- “No nos veíamos desde la carrera”, dijo Sebastián.
- “Sí, más o menos, aunque coincidimos al poco de terminarla en aquella famosa fiesta en Tartufo, ¿te acuerdas? preguntó Francis.
- “¡Cómo olvidar aquello, Sebastián!”.
- “¿Vas a la manifestación?” inquirió Sebastián.
- “No, nosotros no vamos”, respondió rápida y expeditivamente Tania.
- Disculpadme los dos, dijo Francis con cierto apuro, no os he presentado. “Sebastián, ella es Tania. Tania, Sebastián es un buen amigo de la Facultad”.
- “Encantado Tania”, dijo Sebastián extendiéndole su mano tras asir con la otra el mástil de la bandera que llevaba consigo.
Con corrección pero sin manifestar cordialidad, Tania dio la mano a Sebastián, al mismo tiempo que le espetó: “¿Cuál es el motivo de vuestra propuesta? ¿Excluir a quien no piensa como vosotros o solo hacer ruido?”.
- “Me encanta que me hagas esa pregunta, Tania”, dijo Sebastián, tras soltar una carcajada mirando la cara de estupor de Francis, que no sabía dónde meterse.
- “Aquí el ruido lo está provocando el crujir del edificio constitucional, agrietado por las temerarias ocurrencias de un presidente del Gobierno, quien en lugar de preservar el castillo almenado del Estado de Derecho, desarma a la guardia, derriba fortificaciones, baja el puente levadizo y entrega a los enemigos de la libertad los picos con los que echarán abajo el régimen del 78. Y todo ello lo hace autoritariamente y dejando de lado a un sector amplísimo de españoles, al que pretende sentar en el banquillo de los acusados. Sánchez es el caballo de Troya en nuestra Monarquía parlamentaria y constitucional”.
Tras una breve pausa, provocada por un súbito frenazo del conductor, Sebastián prosiguió su improvisado discurso, al que también prestaban ya oídos otros viajeros próximos que de vez en cuando asentían: “Tachar de excluyentes a quienes llevamos años siendo excluidos por la izquierda mediante cordones sanitarios, resulta un ridículo acto de cinismo. Excluyente es aliarse con quienes en el País Vasco coaccionan a las víctimas del terrorismo o en Cataluña discriminan el idioma castellano. Excluyente es hostigar a un Gobierno regional por un protocolo sanitario sobre prácticas abortivas y callar cuando otro Gobierno regional incumple la ley. Excluyente es elaborar unos Presupuestos Generales del Estado postergando a las autonomías gobernadas por el PP. Excluyente es señalar a empresarios y periodistas críticos con el poder. Excluyente es ningunear al Jefe del Estado saltándose las más elementales reglas de cortesía institucional y de educación. Excluyente es escudarse en el secreto oficial para no hacer público el uso del Falcón en asuntos nada oficiales. Excluyente es quien destruye la paz social poniendo en la calle a etarras, golpistas, corruptos y agresores sexuales. Excluyente es quien descuelga retratos de ministros de la Transición por ser vestigios franquistas mientras tiene en su Gobierno a estrafalarios ministros que alaban a dictadores comunistas y asesinos como Stalin. Demente, no excluyente, es quien equipara a los defensores de la Constitución con los enemigos de ésta.
- “Disculpa, Sebastián, nos bajamos aquí”, dijo Francis como si fuera una auténtica liberación. “Vamos al Museo de Sorolla. Toma mi tarjeta, llámame y quedamos un día. Me ha alegrado mucho verte”
- “Lo mismo digo, Paco, muchas gracias. Te llamaré. Adiós Tania, espero haber respondido a tu pregunta”, exclamó Sebastián.
- “Adios”, dijo Tania de modo casi imperceptible.
Un señor de avanzada edad se acercó a Sebastián y le dijo: “Joven, Pedro Sánchez se cree un referente y no es más que una traba para el progreso de España”.
Sebastián sonrió mientras el autobus continuaba su trayecto por un lateral de la Castellana ya poblado de viandantes que ondeaban banderas nacionales.