En Barcelona 1.460 personas se manifestaron en contra de la Constitución y en favor de la independencia de Cataluña. En Madrid, 100 asociaciones civiles reunieron a más de 300.000 personas que se manifestaron en favor de la Constitución y de la unidad de España.
Equiparar ambas manifestaciones es un ejercicio miserable. Conversé con un destacado dirigente socialista y me resumió con una expresión rotunda la equiparación de Pedro Sánchez: “espeluznante”. ¿A qué extremos hemos llegado? Se indulta a los que intentaron un golpe de Estado contra la unidad de España. Se elimina el delito de sedición. Se abarata el de malversación. Se abre una mesa de negociación, de tú a tú, entre el Gobierno y los sediciosos golpistas. Se ofende la dignidad de España. Se postra de rodillas el presidente del Gobierno ante el de la Generalidad y se hacen a los secesionistas las más lamentables concesiones provocando la indignación de la inmensa generalidad de la opinión pública española, y también, para mayor inri, el desdén de los favorecidos. Y se remata la larga caravana de los despropósitos equiparando a los que se ciscan en la Constitución con aquellos que de forma masiva la defienden.
Y todo, ¿por qué? Por el plato de lentejas de un puñado de escaños que proporcionan los votos necesarios para que Pedro Sánchez permanezca sentado en la poltrona monclovita. Parece lógico que un gobernante quiera mantenerse en el poder y también que haga lo posible para conseguir su propósito. Pero pactar con separatistas, bilduetarras y comunistas salta por encima de todas las rayas rojas que el decoro político exige. Al igual que los dirigentes socialistas europeos, Felipe González se negó a aliarse con el líder comunista Anguita que le hubiera permitido continuar en el ejercicio del poder, tras las elecciones que perdió ante Aznar. Pero, aun a costa de abandonar la Moncloa, se negó a pactar con un partido considerado en toda Europa como totalitario.
Ahora no. Ahora el socialismo sanchista ha sido arrollado por el tsunami de la extrema izquierda, y ha aceptado la inundación riéndose a carcajadas de muchos de los barones socialistas que rechazan alianzas claramente anticonstitucionales y antidemocráticas. Con el mayor cinismo, Pedro Sánchez, equipara a unos centenares de manifestantes contra la Constitución y la unidad de España con centenares de miles que abarrotaron el centro de Madrid en favor de la Constitución y de la integridad territorial de nuestra nación.