Lindsay Vonn es, para muchos analistas y aficionados, la mejor esquiadora de la historia. En su faraónico palmarés destacan el oro olímpico, los dos triunfos en Campeonatos del Mundo, los cuatro títulos globales de la Copa del Mundo y el total de 82 triunfos acumulados en la Copa del Mundo. Nadie ha conseguido más victorias en la élite del esquí alpino -dejó atrás a la icónica Annemarie Moser-Pröll- y sólo le quedó por delante el recordman inalcanzable llamado Ingemar Stenmark. La estadounidense, que se retiró en 2019, año en el que recibió el Premio Princesa de Asturias de los Deportes, posee el mayor número de festejos en la disciplina de Super Gigante y Descenso.
Pues bien, la admirada esquiadora nacida en Saint Paul (Minnesota) ha decidido salir de su retiro para abordar una gesta imposible para las deportistas de invierno femeninas. Se ha remangado para domar a la pista masculina conocida como 'Streif'. Se trata de un trazado que ha recibido la etiqueta de pista más peligrosa del planeta. Entre otras cosas, porque es la que más pendiente y desnivel presenta. Y a este desafío le añadió más complicaciones, ya que intentó completar la hazaña de noche, con los problemas de visibilidad que entraña semejante contexto, en una práctica deportiva en la que los reflejos son fundamentales debido a la gran velocidad en el que se desarrolla.
Pero toda esa dificultad no supuso quebradero de cabeza alguno a Vonn. La norteamericana se colocó en la cima de la pista y se lanzó. Y voló sobre la nieve con una suavidad y calidad técnica que impresionan, dada la extrema pericia que se necesita para manejarse en tan aguda velocidad de descenso. Para convertirse en la primera mujer que conquista el 'Streif' y escribir otra página dorada en su ilustre currículum. Los tres kilómetros que duró el desafío, con los saltos peligrosos que salpican el desafío, fueron domados por la estadounidense.
"Es como una montaña rusa, tu estómago sube y luego golpeas en la compresión", confesó al término de su espectáculo. Se llegó a colocar en 134 kilómetros por hora, atravesando muros de hasta un 85% de desnivel. "Esquié el descenso más difícil del mundo: 'Streif'... de noche. Siempre quise esquiar con los hombres pero, sinceramente, no estaba segura de poder hacerlo. Este fue uno de los proyectos más emocionantes y peligrosos de mi vida. Y el más gratificante. Siempre he tenido mucho respeto por los hombres que esquían este descenso, pero ahora tengo aún más perspectiva y aún más respeto", explicó en sus redes sociales. A sus 38 años, retirada, ha vuelto a hacerlo.