Tirant Lo Blanch. Valencia, 2022. 366 páginas. 26,50 €. Imprescindible obra coral, coordinada por los profesores Azcona y Re, que pone el acento en un aspecto casi desconocido pero de gran relevancia: la condena al mayor de los ostracismo a la que se somete a las víctimas ETA, a sus familiares y amigos. Por Teresa Sánchez González
En El asesinato social y el relato de las víctimas de ETA, los profesores José Manuel Azcona y Matteo Re coordinan una obra coral oportuna y necesaria para los especialistas e investigadores, pero también para el gran público, interesado en conocer una parte poco tratada de la historia de ETA y sus víctimas. Los autores, procedentes de diferentes disciplinas como la Historia, el Periodismo, las Ciencias Políticas o el Derecho, analizan y muestran el silencio y la soledad a la que fueron condenados injustamente los familiares y amigos de los secuestrados y asesinados por la banda terrorista.
Bien es sabido que la historiografía sobre ETA está cargada de obras que recogen la historia de este grupo terrorista, su ideología, estructura, sus vínculos con otras organizaciones terroristas o el relato de sus víctimas. La aportación que ofrece esta obra es que pone el acento y el interés en un aspecto casi desconocido, el del silencio social, de la historia de las víctimas de ETA, pero no por ello menos importante o necesario de contar.
Contaba el escritor austriaco Stefan Zweig, en su libro biográfico El mundo de ayer. Memorias de un europeo, una anécdota que enlaza con el sentir de la obra de los profesores Azcona y Re. Zweig, antes de iniciar su periplo, primero por Europa y después por América huyendo de la sombra del nazismo, paseaba un día por Viena cuando se encontró con un viejo amigo. Su asombro fue en aumento cuando descubrió que éste parecía no decidirse a saludarlo. Miraba los escaparates de las tiendas y se mostraba despistado al pasar por su lado sin dirigirle la mirada. Al día siguiente, una llamada sorprendió a Zweig. Su amigo le pedía ir a su casa para encontrarse. En la visita, el escritor escuchó cómo su amigo le instaba a continuar su amistad en privado, fuera de los ojos de la gente y sin que nadie lo supiera. Stefan Zweig era ya un proscrito y hasta sus amigos temían que su nombre se relacionara con el suyo. El escritor accedió a esas nuevas “circunstancias” de su amistad entendiendo que el miedo había ganado la batalla a su viejo conocido.
Esta historia tiene mucho que ver con todo lo que lo que explican los autores que participan en la obra coordinada por Azcona y Re. Las víctimas y sus familias fueron condenadas al mayor de los ostracismos en forma de abandono, silencio y soledad. Como explicaba Noelle-Neumann en su conocida teoría de la Espiral del Silencio, la amenaza al aislamiento hace que la espiral enmudezca a todos los que tienen opiniones contrarias a la mayoría. De este modo, las víctimas de ETA y sus familias sufrieron una revictimización: más allá del dolor que se les había infringido, las “ventanas cerradas” o las expresiones como “algo habrá hecho” no hacían sino aumentar su dolor y su sentimiento de orfandad con respecto a la sociedad en la que vivían y que tendía a silenciar del disidente.
En este sentido, en El asesinato social y el relato de las víctimas de ETA, el profesor Azcona recuerda cómo la banda terrorista “matando hacían callar miles de voces discordantes, condenaban a la gente al silencio, eliminaban la concepción ciudadana de seres libres e iguales que caracteriza a toda sociedad verdaderamente democrática. Los asesinos odiaban lo que significaba cada víctima y luego, en nombre del pueblo vasco y la opresión a la que el ejecutado sometía a este pueblo, venía la humillación social, la justificación de la barbarie” (pág. 34).
En resumen, esta obra coral pone de manifiesto diferentes aspectos que convergen en la temática central de la obra: la estigmatización de los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, la “socialización del sufrimiento” como medida para atacar el pluralismo, la importancia del relato de las víctimas dentro de las aulas y el papel indiscutiblemente necesario de sus asociaciones. Así, también abordan las políticas penitenciarias, el papel de los partidos nacionalistas, los incomprensibles recibimientos a los presos etarras o los debates sobre qué es apología del terrorismo desde el ámbito cultural, sin olvidarse del miedo como elemento instrumentalizado por el terrorismo para su supervivencia.
Por todo ello, la lectura de este trabajo se plantea como un acto necesario de memoria y dignidad hacia las víctimas porque, como recuerda el profesor Re, “las víctimas, los amenazados, los marginados nunca promovieron ni la confrontación ni la división, sólo hubo una parte (violenta) enfrentada a la otra (no violenta y damnificada) (pág. 355)”.