Cultura

La crónica taurina en El Imparcial | Valdemorillo: lo bello y lo valiente

TOROS

Inés Montano | Lunes 06 de febrero de 2023

Los toros de José Vázquez, enchiquerados para la segunda tarde de San Blas, lucieron el tipo del toro de Osborne. Colilargos, con las arrobas justas, de piel aterciopelada, pero de genio bien complicado. Todos salieron corretones y mansos, aprendiendo de todo lo que veían, no regalaron nada. Ni un pase. Acusaban el sentido, desmoronaban todos los tercios de banderillas. Apenas hubo un par que no fuera de recurso porque las fieras no se paraban. Con estos contrincantes, el mano a mano de Diego Urdiales y Juan Ortega se puede resumir en dos palabras: el peligro inminente. Una tarde de toros que desmontaba el viejo tópico de que los artistas no torean las reses con peligro.

Diego Urdiales y Esquivo (1º) no se acoplaron por la mansedumbre del segundo. El torito de hechuras preciosas, pero un manso de manual. Urdiales afrontó esta condición con ánimo, puso la valentía para contrastar el desanimo peligroso del contrincante. Los lances de saludo han sido inmejorables. La faena a velocidad de vértigo y jugándosela. Aguanto varios avisos de la fiera que acometía sin cesar y siempre tanteando lo que hay detrás de la franela. Su segundo, Encantado (3º), duró poco por la flojera de las manos. Salió Expresivo (5º) en su lugar. Urdiales le enseñó a embestir, luego el toro tomó la primera vara y, como no le sentó bien, se fue a probar la del picador que guardaba la puerta. La única duda de Expresivo a lo largo de la faena fue a qué acudir: al diestro, lo intentó varia veces, o al engaño. Poderoso (S1) recorrió el ruedo cinco veces, remató en los burladeros y recibe buenos lances del diestro en los medios. Metió los riñones en el caballo, pero no tuvo buenas maneras. Urdiales le sometía con los pases de castigo, pero la faena no cuajó. El público se cansó pronto del peligro y se desentendió. Mejor dicho, se la tomó con el torero.

Juan Ortega lo apostó todo. Pilló por sorpresa al público y a las fieras con su decisión envuelta en movimientos bellos. Las verónicas hechas a Decisivo (2º) fueron de cartel. Limpias como el sol del mediodía. Tomó un buen puyazo y cumplió con la franela, administrada por Ortega con gracia y temple. El toro iba a su aire, cabeceaba sin ritmo, pero Ortega ajustó las distancias y los tiempos para esbozar unos pases que rozaban la perfección. Nocturno (4º) iba a su aire, dando coces, para sujetarlo se requería una buena cuerda. Sin embargo, Ortega se le impuso con la franela y le sacó unos pases llenos de arte, impregnados de su “savoir de être” en la plaza. Hubo series completas, rebosantes de arte, cuando el astado olía la muleta, pero no la alcanzaba nunca. Una oreja e incomprensible aplauso en el arrastre. El último, Fusilero (6º), también se quedó con una oreja menos. La faena compleja, quizá cuestionable por los puristas, pero jaspeada de los naturales que te reconcilian con el mundo. La embestida desaliñada fue aprovechada por el torero para sublimar lo bruto. La puerta grande se abría para Juan Ortega, pero los carteles están ya cerrados hasta el mes de julio. Una pena.