Opinión

Hinopsis

TRIBUNA

José María Méndez | Lunes 06 de febrero de 2023

¿Cómo explicar el fenómeno de la hinopsis dentro de la concepción platónica del ser humano, que la axiología hace suya? El hombre “es” su espíritu pensante y volente, dotado de los operadores lógicos. Y su cuerpo, lo “tiene” como el primer medio a su disposición para realizar los valores que dan sentido a la vida humana.

El espíritu es eviterno. No tiene fin en el tiempo. En cambio el cuerpo es temporal y está destinado a morir. Tiene fin en el tiempo. El espíritu es visto como la substancia del ser humano y el cuerpo como un accidente.

Es impensable que el hinoptizado quede privado de su libertad positiva o voluntad. O sea, lo que le constituye en persona y en único y exclusivo responsable del bien o mal que haga. El hinoptizador no puede ser capaz de despojar al hinoptizado de lo que constituye en persona.

Por tanto, el fenómeno de la hinopsis tiene que tener lugar en el cuerpo, en lo que la persona tiene, pero no es. Y dentro del cuerpo, en lo más elevado de él, en lo que solemos llamar “psique” o conjunto de nuestros sentimientos y emociones. Se suele emplear la palabra “subconsciente”. Podemos entenderla aquí como aquello que hace la psique del hinoptizado al margen de su voluntad y por influencia del hinoptizador.

Ciertamente la psicología es la más difícil de las ciencias. Su contenido es el que está más lejos de nuestra capacidad de hacer experimentos objetivos. Hay por supuesto muchas teorías e hipótesis sobre la hinopsis. Pero toda esa ingente literatura es muy discutible, y es muy discutida de hecho entre las diversas escuelas y autores. El investigador no tiene acceso al mundo oculto de los sentimientos. No ve desde fuera la intimidad de otras personas. Mucho menos se ve él mismo desde fuera. Sólo puede experimentar desde dentro su propio mundo interior. Por eso, la psicología en cuanto ciencia apenas puede pasar de la descripción aproximada de los diversos sentimientos. Y con suerte estudiar algún fenómeno con consecuencias observables desde fuera. Quizá los celos sean un buen ejemplo, al menos tal como fueron descritos en “Otelo”. También en la película de Gene Tierney titulada “Que el cielo la juzgue”. El crimen ha sido en bastantes casos de celotipia el efecto externo de un sentimiento interno muy potente, pero no observable en sí mismo.

¿Dónde termina la psique y dónde empieza la libertad positiva? ¿Cómo se hace el contacto entre lo psíquico-sentimental y lo racional-libre? Nadie lo sabe. Sólo suponemos que ese misterioso enlace tiene lugar en alguno o varios puntos del cerebro y por medio del sistema nervioso.

Las falsas y abundantes explicaciones materialistas únicamente detectan condiciones necesarias pero no suficientes. O sea, del tipo, si el área de Broca no funciona bien, eso repercute en el lenguaje. La ciencia de psiquiatras y psicólogos no va más allá. Aunque su ignorancia les lleve con frecuencia a cometer el salto lógico de trasformar arbitrariamente una condición necesaria en condición suficiente. Envidian el paradigma de lo científico, que es la relación causa-efecto. Sólo se alcanza experimentalmente en la física o la química. La psicología tiene que contentarse con mucho menos.

¿Cómo puede el hinoptizador controlar la psique del hinoptizado sin afectar a su voluntad? En principio, la situación no es esencialmente distinta de algo que está mucho más a la mano. Alguien más fuerte que yo, me coge a la fuerza con sus poderosos brazos y me lleva donde no quiero. Domina sobre mi cuerpo, pero no sobre mi espíritu. Mis gritos de protesta son impotentes. Pero existen y dejan bien claro que la voluntad, o la libertad positiva como tal, no ha sido anulada.

Con todo, la comparación con la hinopsis falla en el un punto clave. En la hinopsis no hay protestas ni gritos. El hinoptizado da su previo consentimiento al médico en una terapia. O un espectador se ofrece como voluntario en algún teatro. Y luego la voluntad o libertad positiva permanece inactiva, y hasta se diría que adormilada o incapaz de oponerse. Lo único seguro es que hay también fuerzas psíquicas. Estas son lo bastante potentes en el hinoptizador, y lo bastante débiles en el hinoptizado, como para superar la anterior situación de dominio con fuerzas meramente físicas y externas.

Donde más clara está la diferencia entre la voluntad espiritual y la psique corporal es en la autohinopsis. Mirándose fijamente en un espejo, alguien consigue influir sobre su propia psique, hasta el punto de eliminar algún dolor físico. Igualmente queda claro aquí que esas enigmáticas fuerzas psíquicas actúan a través de la mirada.

En los años 40 y 50 del siglo pasado estuvo de moda el psicoanálisis de Freud. Se hicieron numerosas películas en que la libertad positiva del hinoptizado parecía haber desaparecido por completo. También aparecen escenas de autosugestión. Los médicos psiquiatras hacían milagros.

Luego, la ciencia médica ha comprobado en las clínicas psiquiátricas que no era para tanto. Los resultados con terapias hinópticas son mucho más modestos que en las películas, y siempre pasajeros. El mal no es curado en su raíz, sino sólo amortiguado temporalmente en sus efectos más depresivos o angustiosos. No se logran curaciones definitivas. Hoy día las teorías de Sigmund Freud, tenidas en aquel tiempo como geniales, han sido abandonadas.

Más adherente a la realidad parece ser la minuciosa descripción que hizo Thomas Mann en su cuento “Mario y el mago”. Da tantos y tan precisos detalles, que hacen su historia muy verosímil. Es bien posible que de hecho Thomas Mann presenciase algo parecido y lo observase con la atención que le caracterizaba.

El mago Cipolla consigue que Mario haga el ridículo ante los espectadores, y éstos se divierten. Pero en un momento dado la voluntad o libertad positiva de Mario reacciona ante tantas humillaciones, y acaba matando al mago. Señal de que el mago controlaba la psique de Mario, pero la voluntad de éste no había sido adormilada del todo, y mucho menos anulada. Estuvo por un tiempo pasiva, como es propio de la hinopsis. Pero en un momento dado se despierta y pasa a la acción. Toma el pleno control del cuerpo y de la psique, y procede con la mayor rapidez y violencia. Reduce a la nada de un plumazo el previo control que el mago hinoptizador ejercía sobre su psique.

No podemos ir más allá. En este artículo se trata sólo de enfatizar el hecho de que la hinopsis admite una razonable explicación en la concepción platónica del hombre, como un espíritu que “tiene” un cuerpo. En cambio, no parece en principio explicable en la concepción aristotélica, en la que el cuerpo es considerado tan substancial al hombre como el espíritu.

En los textos de Aristóteles se suele traducir la palabra “psique” por “ánima” o “alma”. También los animales tienen alma para este autor. Nunca queda clara en él la separación entre la psique humana, que pertenece al cuerpo, y la voluntad o libertad positiva, que se ubica en el espíritu. Y mucho menos se tiene en cuenta que los decisivos operadores lógicos residen en el espíritu, y no desde luego en la psique humana.

Añadamos de paso que la memoria, que antiguamente se asignaba al espíritu, hoy día se ubica claramente en la psique. Así cabe explicar los sueños (Cfr mi artículo “Los sueños” en El Imparcial fecha 07/06/21)

No poseemos en la actualidad una información substancialmente mejor que la que estaba al alcance de Platón y Aristóteles. Pero es suficiente para sacar la conclusión que aquí nos interesa. El fenómeno de la hinopsis constituye un dato a favor de la concepción platónica del hombre, y al mismo tiempo en contra de la aristotélica.