Como sabe el lector en este Cuaderno se aprecia especialmente a Timothy Garton Ash. Se trata de un espécimen británico, un mixto entre profesor, periodista e investigador, con contribuciones muy importantes al estudio de los problemas de los países del Centro y Este europeos tras la caída del Muro, pero que ha dedicado también su atención a la situación presente de la libertad de expresión con una visión irrestricta de la misma que comparto plenamente. Acaba de publicar un breve ensayo, revisando alguna bibliografía al respecto, en la NYRB( The New York Review of Books) “Ucrania en nuestro futuro” que a mi juicio no tiene desperdicio.
Significativamente Garton Ash comienza su ensayo reproduciendo la famosa afirmación de Pericles en su Oración en recuerdo de los muertos en la antigua Atenas, la cuna de la democracia: El secreto de la felicidad es la libertad y el secreto de la libertad, su verdadera garantía, es el coraje. No debe perderse de vista que la determinación del pueblo de Ucrania, los sacrificios que está padeciendo como consecuencia de la guerra de invasión de Rusia resultan de la asunción de estas convicciones de modo espectacularmente generalizado, sin desmayo y con la admiración de todos. Aunque el Estado ucraniano tenga un accidentado recorrido en las tres últimas décadas desde que el País se independizó en 1991, la sociedad civil ucraniana se ha fortalecido progresivamente principalmente a través de los episodios de la movilización popular de la Revolución Naranja en 2004 y 2005, la revuelta de la dignidad o Euromaidán en 2013 y 2014, y ahora la respuesta a la invasión rusa en 2022.
Lo que se desprende del caso ucraniano es un ejemplo de patriotismo constitucional proyectivo y espiritual. Lo que une a los ucranianos, mas allá de su propia historia, particular identidad y contraposición entre corrientes de unidad y de diversidad, es su voluntad de, en contraposición al modelo ruso, dotarse de un poder político organizado sobre las pautas constitucionales de Europa (derechos, participación y división de poderes). En su discurso inaugural de 2019 el presidente Zelensky dijo: hemos elegido el camino hacia Europa. Europa no es algo que esté fuera. Europa está aquí, dijo apuntando a su cabeza, y después de esto estará por doquier en toda Ucrania. Aunque había reservas especialmente en el este y el sur del País acerca de la Unión Europea y mas a la entrada en la OTAN, la brutal invasión de Putin y la unidad nacional cívica que ha despertado han despejado aquellas vacilaciones, dice Garton Ash. En julio del 2022 el 81% de los encuestados dijeron que en un referéndum votarían a favor de entrar en la Unión Europea, y el 71% estaban a favor de entrar también en la OTAN. Sin duda, concluye nuestro autor, Occidente (The West) tiene otro Estado europeo llamando a la puerta con fuertes argumentos morales, históricos y geopolíticos para ser admitido.
Garton Ash piensa que la guerra de Ucrania plantea cuestiones para todos, aunque singulariza las que atañen a Occidente, las particulares para la propia Ucrania, y las referidas específicamente a Europa. Sigámosle.
La primera lección que Ucrania suscita es tan simple como vieja: resulta que a veces hay que luchar por la libertad. Resulta que creíamos que ya no habría más guerras y seguramente esto es correcto si nos referimos a los grandes Estados. Pero lo cierto es que la interdependencia económica no ha bastado (dependencia principalmente alemana del gas ruso) y que la tolerancia de, al menos Alemania y Francia, respecto a la conducta de Rusia sobre Ucrania tras 2014, ha tenido algo de apaciguamiento inútil. La segunda lección es que la libertad no se gana para siempre : requiere de un impulso constante, atención y fuerza de voluntad. La tercera es que los imperios no se rinden sin luchar: estábamos sencillamente equivocados al creer que el viejo imperio ruso, y después soviético, se disolvería milagrosamente en solo tres años de 1989 a 1991. Sin duda los ucranianos están llevando una guerra anticolonial de Liberación Nacional del mismo modo que lo hicieron una vez los indios contra los británicos y los argelinos contra Francia.
La guerra también plantea interrogantes a la propia Ucrania, el primero de los cuales es si Zelensky admitirá críticas tras el final de la lucha. Como viese George Orwell en su Homenaje a Cataluña, estar en el lado bueno no implica necesariamente admitir las deficiencias y fallos propios cuya denuncia siempre es molesta. Las guerras, nos recordó Cristina Manzano en una brillante exposición, junto al internacionalista Carlos Espósito en nuestro seminario de la Autónoma Retos y desafíos del Estado en el siglo XXI, siempre trabajan contra las libertades. La posición tan retrasada, solo inmediatamente después de Rusia en los indicadores de los índices de corrupción de Transparencia Internacional no mueven precisamente al optimismo, y las cifras astronómicas de inversiones en la reconstrucción del País tras la guerra suponen un horizonte ideal para los negocios de, asimismo, los nuevos oligarcas. Sin duda el manejo del pluralismo interior es otra cuestión de interés, pues el País tiene una historia multicultural extraordinariamente rica: griegos, judíos, otomanos, polacos, austríacos, húngaros han contribuido a la formación de la nación. Mantener un patriotismo cívico inclusivo y tolerante será difícil ante la tentación de un nacionalismo exclusivo y estridente en las circunstancias penosas de la posguerra.
Por último está la consideración de las consecuencias de la guerra para la propia Europa. Sin duda el compromiso con Ucrania ha reforzado la Unión: le ha suministrado un objetivo cuya consecución acentúa el centripetismo en su seno. Se han acercado La Unión Europea y la OTAN, con miembros de la Unión Europea anteriormente neutrales como Suecia y Finlandia solicitando su entrada en la Organización militar. Sin duda esta guerra podrá aproximar el momento en que acabe efectivamente en Europa el fin del imperio ruso. Otro gran efecto de la guerra, concluye Garton Ash, será el movimiento oriental del centro de gravedad de la Unión Europea hacia el Este, lo que no dejará a todos satisfechos. En fin el refuerzo de Europa hará posible que los Estados Unidos se concentren más en el Indo-Pacífico, incluyendo la amenaza de China a Taiwan. Sería un horizonte internacional más apetecible, quizás al alcance de la mano, si se busca consecuentemente la libertad.