Cultura

Sánchez Adalid (escritor y sacerdote): “No hago literatura apologética ni una defensa constante de la Iglesia”

entrevista

Martes 14 de octubre de 2008
En “El Caballero de Alcántara” vuelve a enfrentar dos mundos contrapuestos, cristianos y turcos, como ya hizo en otros trabajos.
La novela es una recreación del ambiente del siglo XVI y de una serie de circunstancias del reinado de Felipe II que no son muy conocidas. Entre ellas que era un buen estadista y que contaba con una red diplomática en todo el mundo. Además, su servicio de inteligencia puede calificarse hoy como el precedente de lo que conocemos hoy.

Era complicado entenderse entonces, y ahora no es menos.
La vieja Constantinopla resultaba muy contradictoria para la Cristiandad. Era el polo opuesto por lo que generaba cierta sugestión al tiempo que se vivía un peligro constante dado el avance turco. No hay duda de que la amenaza de su avance era bastante seria.

El protagonista, Luis María Monroy, admite que acaba comprendiendo que la realidad es más compleja de lo que pensaba, ¿qué descubre?
Él llega a tener un contacto directo, que le lleva a una conclusión muy esencial y muy natural: todos somos seres humanos y las simplificaciones no llevan a nada. Lo que ha podido considerar por educación o por su propia génesis de vida que era lo malo llega a la conclusión de que no tiene sentido. Es un mensaje de fraternidad. No se debe juzgar y simplificar.


Usted utiliza vocablos arcaizantes, pero son varios los casos de escritores que hacen uso de un lenguaje mucho más coloquial y cotidiano para relatar hechos históricos.
Me gusta que la novela tenga un sabor de época. Soy muy lector de los clásicos de la literatura del Siglo de Oro. No se puede hacer un pastiche y falsificar una novela de la época, eso sería un apócrifo absurdo. Lo que hago es aromatizar la novela, darle un sabor de época, un gracejo propio del castellano del siglo XVI, para después, sin que el lector se de cuenta, aligerarlo hasta hacer uso del lenguaje actual. Si no fuera así, habría hecho una novela muy pesada.

Ha dicho que la novela en España es pesimista. José Manuel de Prada ha comentado que la literatura tiende a regodearse en el mal y que con buenos sentimientos sólo se hace mala literatura. ¿Qué opina?
Tiene toda la razón, aunque veo un rayo de esperanza. Creo que empieza a surgir una visión positiva y varios autores empezamos a interpretar la realidad valorando el bien. Queremos quitar el tópico de que el escritor tiene que ser un ser maldito, en el sentido de que tiene que estar contra todo y todos.

En sus novelas admite que hay una peregrinación espiritual. ¿A qué se refiere?
Es algo de lo más valorado por los lectores. Mis obras son como un camino en las que además de transcurrir una historia, al final siempre hay una conclusión esperanzada. Hay una lógica interna creíble. No es una sucesión de hechos puestos uno detrás de otro; uno de los defectos de la literatura contemporánea que tiene los días contados y que está cansando al lector. No se trata de hacer una literatura de mensaje pero sí de que tenga una lógica y que derive en algo positivo.

Es curioso los escasísimos casos de sacerdotes dedicados a la literatura.
Lo cierto es que somos muchos menos sacerdotes que los que vivieron hace siglos. Hemos pasado de una sociedad clericalizada a una laicista. Antes, el clérigo era el hombre culto por esencia. Eran los únicos que estudiaban y transmitían el saber. Estudiaban durante once años y tenían acceso a documentos asombrosos en las bibliotecas y los escritorium. Hoy la cultura ya está a disposición de todos.

¿Encuentra algún impedimento a la hora de escribir por ser sacerdote?
No tengo ningún problema. En mis novelas no hay descripciones escabrosas de sexo explícito porque considero que no es necesario, pero en la parte del erotismo no tengo ningún prejuicio, sé que tiene que aparecer. Tampoco tengo ningún inconveniente en sacar los defectos de la Iglesia, que los tiene. No hago una literatura apologética en el sentido de hacer una defensa constante de la Iglesia. Arrastra muchos defectos a lo largo de la historia, y en mi novela aparece uno de ellos: la Inquisición. Sin llegar a un juicio histórico, hay una exposición de la realidad.

Su próxima novela estará ambientada en el año 45.
Llevo publicando novelas desde 2000, una por año. No tengo ninguna duda de que la historia es inagotable.


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