Tras la reseña de Pereza, publicada el pasado 1 de febrero en El Imparcial, entrevistamos a su autora, Asunción Escribano, poeta y catedrática de Lengua y Literatura Españolas en la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca.
Asunción Escribano es autora de siete poemarios (para mí Disolución, Metamorfosis y Acorde suponen llevar la poesía a lo más alto) que, desde luego, no se han escrito solos. Catedrática (no he tenido el privilegio de asistir a sus clases pero no cuesta imaginar el tiempo que dedicará a prepararlas) y escritora de otros once libros relacionados con la lengua, la publicidad, la retórica y el periodismo es –además– articulista de investigación en diversas revistas.
Es usted una aguerrida partidaria de la actividad, en su caso principalmente intelectual. Que le hayan encargado un libro sobre la pereza resulta chocante… ¿Quiso ocuparse en especial de este pecado o hubiera preferido hacerlo sobre otro? ¿Puede saberse qué criterio habrá seguido la editorial PPC a la hora de seleccionar a sus investigadores para tratar sobre los pecados capitales?
Lo cierto es que yo recibí una invitación a participar en esta serie por parte de Rafael Narbona (a quien tengo que agradecer la propuesta porque he disfrutado muchísimo escribiendo este libro), y entre los dos decidimos que me encargaría de la «Pereza». A pesar de que soy una trabajadora infatigable (en parte gracias a que me apasiona lo que hago), la pereza siempre me ha generado cierta simpatía, especialmente desde su mejor rostro, aquel que tiene que ver con el descanso necesario en determinados momentos de la vida. No sé qué otro «pecado» me hubiera gustado hacer… Seguramente, ahora que ya he hecho este, te contestaría que ningún otro… Pero todos son interesantísimos, y los resultados, por parte de cada uno de los autores, sorprendentes. Al final, cada uno de nosotros hemos puesto en el libro que hemos escrito nuestro mejor yo.
Pero también añade usted que la tensión permanente de la búsqueda lleva al cansancio y cómo el único descanso del artista se produce cuando el espectador admira estéticamente la complejidad de su obra.
Centrándonos en su propia actividad poética: ¿qué considera más decisivo a la hora de componer sus versos, el recogimiento interior previo a la inspiración o plasmarla con ese trabajo lleno de correcciones pretendiendo una elevada autoexigencia? ¿Descansa Asunción Escribano cuando entrega un libro a su editorial?
Depende del libro. En mi caso, cada género me pide una diferente actitud. Cuando escribo ensayo analítico, es decir, cuando escribo obras de carácter académico, me impongo un ritmo de escritura y un tiempo diario constante para hacerlo. Pero la poesía o el ensayo lírico se expresan de otro modo. Llegan cuando quieren, pero siempre en estado de silencio interior, casi «de gracia». Para escribir poesía, en mi caso, tengo que estar ociosa y relajada, sin preocupaciones ni prisas, en actitud contemplativa y de escucha hacia lo que me rodea. Entonces se hace presente esa palabra que ofrece un modo de mirada más profundo, menos analítico, pero más verdadero. Una vez escrito un poemario, después ya se entra en la fase de corrección, y ahí vuelve la lógica a imponerse…
En una sociedad tan acomodaticia, aburrida y perezosa como es esta que, por desgracia, sufrimos, Cristo se encontraría ante un gigantesco erial para que sus palabras sobre el desarrollo de los dones germinaran.
Con independencia del credo religioso que cada uno profese, ¿cómo cree que podría actualizar hoy el Hijo del Hombre este mensaje tan prioritario para la ciudadanía?
La verdad es que es una pregunta complicada. No sé si nuestro mundo es muy perezoso o, más bien, excesivamente activo y preocupado por la constante productividad. Creo que se trata más bien de replantear la actitud ante el trabajo, en realidad, ante la vida. Es difícil afrontar positivamente la acción cuando lo que haces no te gusta. Y no todo el mundo puede trabajar en lo que quisiera… Creo que habría que hacer un planteamiento genérico y anterior, afrontado desde la educación y en las familias, que tiene que ver con cómo vivimos y cuáles son nuestros deseos. Es una cuestión de valores, de las cosas a las que damos importancia, de aquellos deseos que nos mueven y empujan en la vida. En este sentido, el mensaje evangélico nos invita a vivir con sencillez y con mucha autenticidad.
Desde su doble faceta familiar y educadora de universitarios, ¿encuentra Asunción Escribano alguna manera propia de motivar para luchar, desde la propia voluntad, contra la falta de esfuerzo?
En la facultad de Comunicación me encargo, entre otras, de algunas asignaturas que tienen que ver con la escritura creativa y literaria, y me he dado cuenta de que a los alumnos es mucho mejor enamorarles de la escritura, que obligarles a crear. Así que mis clases son bastante originales y divertidas, y, al final del curso, descubro que tengo muchísimos posibles futuros escritores, porque los alumnos acaban sacando lo mejor de sí mismos. Es la fórmula perfecta contra la pereza. Cuando uno ama lo que hace y le apasiona, no tiene que enfrentarse con la tentación de este «pecado menor».
Llegado es el momento de, si no elogiar el hábito de la pereza, sí encontrar en él algunos beneficios: ¿qué abogada defensora tendría la pereza en usted?
Como todo en la vida, es una cuestión de equilibrio y de ritmo. Ni trabajar mucho, ni ser extremadamente ociosos. Cada momento de la vida tiene su compás, como la propia naturaleza. Los agricultores saben que cada cierto tiempo tienen que dejar las tierras reposar para que, después, den mejor producción. Así también pasa con los hombres. Necesitamos momentos de trabajo intenso seguidos de periodos de descanso. Y, en este sentido, yo soy una gran defensora de esos respiros y pausas, que no son necesariamente perezosos. Tras cada libro, mi pensamiento y creatividad se quedan callados durante un periodo incontrolable. Es como si el cuerpo y la mente supieran qué hacer para poder seguir creando. La voluntad se somete siempre.
¿Se plantea Asunción Escribano usar su prosa para algún texto de ficción o, quizá, para redactar episodios autobiográficos?. Para terminar, ¿qué la ocupa actualmente tanto en su faceta de poeta como de investigadora y articulista?
La ficción me cuesta. He escrito algunos relatos, pero nunca me ha atraído demasiado escribir una novela, algo que, por otra parte, me parece dificilísimo. En cuanto a la autobiografía, no sé, me parece que no tengo una vida demasiado interesante como para contarla… Ahora estoy trabajando en cuestiones académicas, mientras espero a tener un tiempo lento y relajado para empezar otro poemario. La verdad es que espero que llegue pronto, porque esta es una de las maneras más hermosas de la felicidad: escribir un poema.