Resulta que el delincuente está indignado con el Tribunal Supremo. Tras perpetrar un golpe de Estado contra la Constitución y la unidad de España, Oriol Junqueras, condenado en un juicio transparente, negoció a fondo con el presidente del Gobierno Pedro Sánchez. A cambio del plato de lentejas de una docena de votos, consiguió concesiones económicas y políticas de envergadura. Tras el indulto sanchista a la atrocidad que había cometido, prosiguió sus negociaciones con Pedro Sánchez hasta alcanzar la insólita meta soñada: la reforma del Código Penal con la eliminación del delito de sedición que ha dejado al Estado inerme frente a una nueva operación secesionista como la del año 2017.
Además, y eso era lo importante, Pedro Sánchez aseguró la rebaja de los años de inhabilitación con el fin de que Oriol Junqueras pudiera presentarse a las próximas elecciones autonómicas catalanas. Pues no. El magistrado Marchena, en estricta aplicación de la Justicia ha firmado un auto que mantiene la inhabilitación y que, salvo una nueva jugarreta de Pedro Sánchez, el TC a la vista, garantiza que Junqueras no podrá presentarse a las elecciones hasta el año 2031.
La indignación del delincuente ante semejante decisión ha contagiado a su entorno y ha penetrado en el palacio de la Moncloa. De este envite Pedro Sánchez ha salido derrotado y los votos secesionistas que necesita han quedado comprometidos. El presidente lleva haciendo gestiones desde hace cinco años para someter a la Justicia, liquidando la separación de poderes. Su éxito en el Tribunal Constitucional ha quedado claro. Pero hasta ahora no ha podido con el Tribunal Supremo que acaba de desarticular su principal compromiso, tras el indulto, con los separatistas catalanes. Difícil saber lo que Pedro Sánchez y sus asesores jurídicos intentarán ahora. Pero por lo pronto, Oriol Junqueras y el presidente del Gobierno, han perdido el primer envite de una partida que se presume larga, árida y arriesgada.