Por extraño que pueda parecer, no conjuga bien el Real Madrid el estreno de la condición del campeón del mundo con su regreso a LaLiga. Desde que la FIFA impuso el modelo actual de Mundial de Clubes, los merengues han ganado cuatro veces este entorchado y cayeron en tres de los cuatro partidos siguientes al festejo, en el ámbito liguero. Contra esta inercia y frente a los vaivenes de la motivación luchó Carlo Ancelotti en la previa de la visita del Elche al Santiago Bernabéu. "Hay un problema de concentración, organización y compromiso colectivo que no siempre tenemos", llegó a manifestar el italiano en sala de prensa.
Sabe 'Carletto' que ese es el factor fundamental que explica que su bloque enfrentara en esta fecha una desventaja de 11 puntos con respecto al líder y con sólo un partido de colchón sobre el tercero, la Real Sociedad. Incluso en el festín marroquí se evidenciaron las lagunas defensivas corales que arrastran. Por ahí se entiende que sólo hubieran vencido en tres de las últimas seis jornadas tras el parón por la disputa del Mundial de Catar. Así que el transalpino insistió en este punto, reclamando intensidad y compromiso a sus futbolistas. Y éstos le respondieron.
Saltaron al verde con un ritmo de pase acelerado, fluido, al que patrocina la presencia entre líneas de Rodrygo -que juega al primer toque, para armonía de la ofensiva- y de David Alaba en el lateral zurdo -ahí afila los avances y ofrece soluciones para salir jugando-. Además, presionaron con convicción a un sistema visitante que demuestra, para su desgracia, dudas, escasa contundencia en las áreas y una dependencia total del acierto de su portero. Edgar Badía es el segundo guardameta que acumula más paradas en la temporada. Y esta noche evitaría que a su delegación le cayera un sonrojo verdaderamente soberano.
Con Dani Ceballos al mando -en lugar del indispuesto Kroos-, el Madrid combinó a placer. Y cuando lo hace, la ausencia de Vinicius se maquilla mejor. El andaluz se ha asentado en la frontera de la titularidad por méritos propios, y la tribuna le festeja cada túnel, cada giro y cada pase filtrado con intención venenosa. A su son, respaldado hoy por un Camavinga que volvió a su rol preferido, el del mediocentro, se gustó un escuadrón que asedió a su rival sin miramientos. Era una gran oportunidad para que nombres como Militao o Karim Benzema crecieran en su puesta a punto, antes de que el calendario les regale una visita a Pamplona, un derbi contra el Atlético y las eliminatorias ante Liverpool y Barcelona en las próximas semanas.
Los ilicitanos, que quisieron competir con las líneas adelantadas -son colistas casi desterrados, a 12 puntos de la permanencia, y no tienen nada que perder-, padecieron para cerrarse de forma coordinada ante una circulación capitalina que descollaba por la izquierda, con Alaba y Rodrygo encendidos. Pero desde el otro perfil también asomó el peligro, con Marco Asensio en el timón. El balear, que también cuenta con el favor de buena parte de la grada, alzó el telón con una conducción, una finta que dejó a Magallán en el sitio y un zurdazo que se coló pegado al poste -minuto 9-. Y con la lata abierta, Goes, Benzema, Fede Valverde y Militao rozaron el gol. E iniciaron la exhibición de Badía.
Al tiempo que Lunin se ejercitaba para no quedarse frío, el achique preparado por Pablo Machín naufragaba. Como prueba de esa incomodidad resaltan los dos penaltis cometidos por Enzo Roco y por Diego González -tras dos robos altos de la presión madridista-. Benzema facturaría la ocasión con un derechazo pegado a cada palo -minutos 31 y 46-, para sentenciar el reparto de puntos antes del descanso. Y en la reanudación, con menos ardor, todavía dispondría Badía de remates ajenos para su lucimiento. Subrayadas las paradas a Rodrygo, a Asensio y al vigente Balón de Oro antes del minuto 65.
El delantero francés sigue sin presentarse en plenitud, pero ha autografiado ya 15 goles y cuatro asistencias. Da la impresión que él y su camarín al completo habían señalado este tramo del calendario, en el que se establece la calificación del curso, como el segmento en el que elevar su tensión competitiva. Los secundarios -Nacho, Carvajal, Ceballos o el mallorquín- están despegando. Todo lo contrario le ocurre al Elche -ni un remate a la portería de Lunin-, club por el que han pasado cinco entrenadores desde agosto y que explicó este miércoles por qué es el menos goleador y el más goleado de la categoría. La sequía de Lucas Boyé y la dolencia de Pere Milla -su máximo anotador- les niega la fe en la salvación. Un trueno de Modric -suplente oportuno- a la escuadra apagó las luces -minuto 80-.