Amanece que no es poco y una nueva visión de la actualidad despierta la curiosidad. Me refiero a la invasión de globos chinos que sobrevuelan países e incluso continentes, haciendo las delicias de los contempladores del ocio y de los conspiranoicos de turno. Sobrevuelan rodeados de misterio como de ilusión. Misterio, porque tratándose de chinos es lo propio. Ilusión, porque a lo mejor son objetos de origen alienígena. Para los amantes de las emociones fuertes es una ocasión para romper la monotonía existencial. No es que yo me identifique con un alto espíritu aventurero, quienes bien me conocen saben que el GPS no lo utilizo porque acostumbro solo a ir a los sitios que conozco; pero confieso que entre los chinos y los extraterrestres se me va el tiempo.
El propio Pentágono no descarta nada y de ahí que ojalá sean alienígenas y nos traigan algo novedoso que acabe con la estupidez reinante. Por otro lado, China es un país raro. En cierta ocasión un chino me dijo: “Parece mentira lo iguales que somos a nosotros mismos”. Partiendo de esta premisa no es fácil entender cuáles son sus verdaderos propósitos. Lo que sucede es que a la vez son risueños, pero no por sentido del humor, sino porque están obligados a sonreír para disimular. Ahora mismo nos invaden mediante globos aerostáticos y todo son conjeturas; siendo sincero mucho me temo que nada bueno se cierne sobre nosotros. Los chinos cuando se ponen a jugar con el mundo es lo que tienen, que les da igual murciélagos que aerostatos supuestamente inofensivos.
Como hoy me he propuesto hablar de globos, esferas o balones, me viene al recuerdo aquellos días de playa mediterránea en donde Nivea nos visitaba casi a diario y a la misma hora para lanzar desde una avioneta balones de propaganda. Un buen día me preguntó un turista británico que si aquella playa era segura. “No hay problema excepto entre las 11,45 a.m. y las 12,15 p.m.” –le respondí. Extrañado me dijo: “I don’t understand” Traté de aclarárselo: -Es el momento de la estampida, ya sabe, cuando la mayoría de la gente corre a coger un balón de Nivea lanzado desde un airplane- “Oh, mi comprender, costumbre de España. Veri nice”
Luego están los globos de toda la vida, esos que se inflan a base de soplar y que atados a un fino cordel acompañan a la niñez sin otra función que la ingravidez de jugar con algo tan simple como el mecanismo de un chupete. Hay otros modelos no menos importantes; por ejemplo los globos sonda muy dados entre la clase política. Como ejemplo me voy a referir a esas ampulosas patrañas hinchadas a base del gas de la risa.
Como la excusa y la mentira son los órganos vitales de este Gobierno, me veo en la necesidad de utilizar una socarrona pincelada para suavizar la euforia de doña Nadia Calviño al manifestar que ella “ha ido al súper y los precios han bajado”. Sin duda ha debido encontrar el Santo Grial de la abundancia a precio de coste, eso sí, un chollo para ella sola, pues ir al súper se ha convertido para la mayoría de consumidores tener que coronar el Everest en bicicleta. Para mayor ilustración de los afectados por el gas de la risa, Bruselas avisa que los precios de los alimentos y los servicios se encuentran en niveles muy elevados. No hace falta que venga nadie a decirnos lo que supone comprar para comer y a qué precio se guardan las primeras necesidades que en costumbre de antiguo viene a ser conocida como alimentarse peor o mejor, pero no por ello tener que ayunar por decreto. Cosa que me parece una canallada y una indignidad.
En resumidas cuentas, que el jamón de york de toda la vida ahora, por su precio actual, resulta que es de cebo ibérico de york. Mucho me temo que con los huevos pasa algo parecido, los de gallinas criadas en el suelo –es decir, gallinas abandonadas a su suerte- ahora, por su precio actual, parecen camperos, o sea, de la casta gallinácea.
Me pongo con la pincelada: “Ella se llama Calviño, doña Nadia, por aquello de los galanos tratos. Mujer principal de este Gobierno, que me aspen si lo entiendo, pues llegar a fin de mes casi nadie claro lo ve, y por cuestión de interés milagros escasean, porque si dejas de comer la cosa se pone fea. Nada bueno se arrima a cuerpo que en ayuno cobije, pues mayor insulto no cabe en quien viviendo a costa de contribuyente, miente. Doña Nadia nos hace creer que las judías verdes están baratas, han bajado tanto su precio que en Tiffany hay que comprarlas. Al pollo de toda la vida, le han bajado el IVA, que no está nada mal, pero se le subido el ego y ahora se cree que es de corral. El cordero pascual se ha hecho un lefting y ahora, por su precio, presume de recental. Los boquerones a 16 €/kilo es para empeñar hasta el abrigo. No hay tregua, el mes crece, el fin de mes no aparece, los sueldos menguan, la nevera se confiesa, está vacía y no progresa. ¿La Calviño hace dieta o es que su sueldo es de rica? Mala cosa señoría cuando a la risa dedica y con malas bromas predica, porque con las cosas de comer no se juega y eso se aprende en la escuela”.