Seis años después de la última representación de la obra, entonces un majestuoso y cinematográfico montaje en blanco y negro, el escenario del coliseo barcelonés ha sido tomado esta noche por el más que reconocible universo escultórico del cincelador catalán, que ha acompañado a los personajes de Macbeth, Lady Macbeth, las brujas, Banco o Macduff, mientras la música del compositor italiano surgía del foso, bajo la briosa batuta del maestro Josep Pons.
Imponentes han estado la soprano norteamericana Sondra Radvanovsky, en el papel de una Lady Macbeth luminosa, aunque sus manos estén manchadas de sangre, y el italiano Luca Salsi, dando vida a un solvente Macbeth, muy bien respaldados por el barítono uruguayo Erwin Schrott, en el rol de Banco (lástima que lo maten en el segundo acto), y Francesco Pio Galasso en el de Macduff.
Todos ellos han recibido el apoyo del respetable en diferentes momentos de la obra, con bravos al final de sus arias más conocidas.
En esta representación número 118 de "Macbeth" en el coso operístico barcelonés, la danza también ha sido protagonista desde el principio, con una veintena de bailarines, que han ejecutado las coreografías de Antonio Ruz, en diálogo con el coro y la música, siendo especialmente comentada la que han ofrecido al inicio del tercer acto.
A pesar de que desde el inicio se ha notado la mano de Plensa, puesto que nada más alzarse el telón el coro levantaba unas letras que formaban la frase "Sleep no more", ha sido verdad lo que aseveró hace unos días en la presentación de su propuesta, cuando dijo que quería dejar espacio al vacío, puesto que durante muchos minutos los intérpretes están solos en el escenario, con una escenografía muy esencial.
La primera escultura gigante que aparece, una característica malla metálica plensiana, con escalera interior, se convierte en el espacio de la muerte de Banco, integrándose en la obra totalmente, de la misma manera que las tres grandes esfinges doradas que aparecen en el tercer acto.
Otro momento bien resuelto es el del banquete, sin mesa, pero con el coro y Macbeth y Lady Macbeth con unas copas iluminadas.
Es al final, con la muerte de Macbeth, que ocho bustos gigantes vuelven a llamar la atención del público, en una obra, en la que predominan los colores rojo, negro y blanco, que en algunos momentos parece transcurrir a cámara lenta, no contentando a toda la platea, a pesar de los casi ocho minutos de aplausos.
En esta fusión de diferentes artes, con todas las entradas vendidas, lo que no se podrá contabilizar es el número de clínex que se han utilizado durante la representación de una historia de poder, en la que Plensa no ha buscado ni la sangre, ni lo sucio, aunque sí ha querido remarcar la complejidad humana, haciendo de puente entre Shakespeare y Verdi.
Lo que sí se ha visto, a pesar de que se pide que no se haga, es a espectadores, con sus móviles en mano, plasmando algunos momentos del espectáculo, especialmente cinematográficas.
Tirando de tópico, hoy se ha vivido otra de las grandes noches del Liceu, con la presencia, entre otros, del presidente de la Generalitat, Pere Aragonès; las conselleras de la Presidencia y de Cultura, Laura Vilagrà y Natàlia Garriga; el expresidente de la Generalitat Artur Mas, así como concejales del Ayuntamiento de Barcelona o el cónsul general de Francia en la ciudad, Olivier Ramadour.
Tampoco se han querido perder la velada, personajes del mundo de la empresa y de la cultura, desde el presidente de Mercadona, Joan Roig, y el presidente del Grup Bon Preu, Joan Font, a los escritores Eduardo Mendoza y Milena Busquets, así como los artistas Antoni Llena, Eulalia Valldosera, Paula Bonet, Jordi Labanda, Marcos Morau, los actores Pere Arquillué, Alex Brendemühl y Candela Antón o la cocinera Carme Ruscalleda.
Aunque se diga durante la obra que "la vida es el cuento de un pobre idiota", visto lo visto esta noche, vale la pena vivirla.