Los Lunes de El Imparcial

Alan Parks: Muerte en abril

Novela

Domingo 19 de febrero de 2023

Traducción de Juan Trejo. Tusquest. Barcelona, 2023. 416 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Soledad Garaizábal



Estas son algunas de las razones por las que opino que Alan Parks (Glasgow, 1963) escribe como los ángeles y todos los demonios juntos:

Por su protagonista. Parks ha dado vida a Harry McCoy. Además de buscar un nombre perfecto, corto, sonoro y sencillo, para bautizar a su detective escocés, le ha llenado de virtudes y rasgos de carácter genuinos y entrañables. Es un policía todavía joven pero ya veterano, con úlcera de estómago y asco a la sangre que, en el primer capítulo de Muerte en abril, tiene que personarse en el apartamento 43 de un edificio en un barrio cutre de Glasgow porque a un chaval de 17 años le ha estallado entre las manos la bomba que manipulaba. Harry va y, entre vísceras esparcidas, asume el compromiso de intentar resolver el caso.

Por sus personajes secundarios. En esta cuarta entrega de la serie Harry McCoy vuelven a aparecer figuras que vienen acompañando al policía desde hace tiempo. Su colega Wattie, al que le une una relación sólida y preciosa que se sale del ámbito laboral y tiene mil matices humanos, o su amigo de la infancia Stevie Cooper, del que le encantaría distanciarse un poco, aunque no puede. Además, en Muerte en abril, Parks nos presenta a Andrew Stewart: “Dientes blancos, pelo rubio cortado al estilo militar, americana azul con botones plateados sobre una camisa de cuadros de color claro. Se parecía un poco al golfista Jack Nicklaus”, un personaje con una rica evolución dentro de la trama y magistralmente desarrollado para cobrar cada vez más protagonismo.

Por las certeras descripciones de personas y ambientes. Parks escribe como pinta un impresionista. Tres o cuatro rasgos y ya te puedes hacer una idea exacta de dónde y con quién estamos. Cada vez que entra a un bar, cuando se abre una puerta, detrás de una voz que se oye o si alguien se asoma a un espejo, Parks aprovecha para describir cómo es la cara y qué ambiente se respira. La novela está llena de estas breves y perfectas descripciones que incluyen mobiliario, vestuario, olores, sonidos y temperatura, para que la inmersión sea perfecta. “El Paul Jones estaba hasta los topes (…). Una marabunta de muchachos de poco más de veinte años gritando y sudando debido al calor. (…) un tipo corpulento de cabellera rubia gritó: «Preparados», y empezó a sonar la batería de «Fortunate Son» (…) Los allí presentes enloquecieron, saltando sin parar, haciendo volar las bebidas. Locura total. Tres chicos intentaron levantar a hombros a Stewart …”. O “Al mirar hacia la puerta vio que por ella estaba saliendo Stevie Cooper (...). Tenía más o menos el mismo aspecto que siempre, tal vez un poco más pálido. Tupé rubio, cazadora roja con la cremallera subida y vaqueros. Daba la impresión de que había ganado algo de músculo en la cárcel (...)”, o “Era un tipo corpulento, llevaba una camiseta de manga corta, unos sencillos vaqueros y un peinado estilo Rod Stewart”.

Por la estructura de los capítulos y el ritmo de la narración. La novela se desarrolla en diez días del mes de abril del 74. Se sigue el orden cronológico normal de los acontecimientos, impulsados por un ritmo interno que atrapa desde el primer momento con el estallido de una bomba y guía al lector sin saltos ni remansos, de escenario en escenario, a lo largo de cada una de las jornadas. En ningún momento aburre y cada capítulo acaba con la mecha del siguiente ya encendida, de modo que la trama mantiene el interés, durante casi 400 páginas, sin que decaiga nunca. Varias historias paralelas acaban confluyendo en un final redondo y la tela de la narración no presenta ni cortes ni desgarros, sino la apariencia y el tacto de un guante de piel muy buena. Mención aparte merece el capítulo Sesenta y ocho, una genialidad de dos páginas y media que empieza en jolgorio y acaba en heroica desgracia.

Porque recuerda a otros grandes escritores pero tiene voz propia. Alan Parks tiene estilo, su propio estilo, reconocible y genuino. Es muy bueno en los diálogos. Utiliza un lenguaje pulido en la calle, nada chirría ni parece adornado de cosas superfluas. Va a contar una historia y la cuenta, de principio a fin, como debe escribirse una novela negra.

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