Opinión

Las víctimas

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 22 de febrero de 2023

Da igual reyes que ministros. Gobernadores que secretarios. Asesores que escribanos. Legisladores que jueces. Para el fin que nos ocupa las atrocidades se instalan en la sociedad y el daño se vuelve crónico en la víctima. Algunos aspectos de la ley del “sólo si es si” está destruyendo de forma física y psicológica a cuantas mujeres han sido atormentadas, maltratadas, vejadas e incluso aniquiladas como personas en medio de una sociedad tan benéfica para socorrer a otros como tacaña para plantar cara a la innoble actuación de los que rigen nuestros destinos.

A día de hoy son ya más de 500 los agresores sexuales y más de 50 los excarcelados que se han beneficiado gracias a esa ley. Lo peor es que la “ruleta de la suerte” continúa repartiendo premios y el número de favorecidos sigue aumentando para desgracia de las víctimas en su ya perpetua condena de sufrimiento en vida. Niños forzados, mujeres violadas, ultrajadas y aún peor si cabe, abandonadas a su suerte ante la pasividad de este gobierno tan postulado, según dicen, con el feminismo, pero que ahora mismo se ha dejado seducir por una inexplicable y peligrosa tardanza en poner soluciones de inmediato, que no solo traiciona a la propia mujer, sino a la solvencia de todo un país.

No es solo Irene Montero la culpable de la atrocidad, que siendo la principal responsable, y además unida a su soberbia por no haber querido rectificar a tiempo cuando las nefastas consecuencias ya eran manifiestas, sino que el Consejo de Ministros en pleno esconde las vergüenzas para diluir responsabilidades directas. Iré más lejos en mi apreciación, la totalidad de diputados que votaron SI a la ley, también guardan riguroso silencio y pio, pio, que yo no he sido; es decir, aprietan el botón de votar por simple disciplina de partido y se te he visto no me acuerdo.

Y ahora viene por extensión del grado de culpabilidad por su silencio, el colectivo feminista que ni se le ve, ni se le oye, tan dado él en tomar el sambodromo de las vanidades callejeras, según sea el favor de quienes dirijan la obra y la pompa del acto. Tampoco ninguna asociación o movimiento social de toda clase de ciudadanía y condición ha inundado la calle pidiendo responsabilidades en un asunto tan capital como lo es este. Y aquí seguimos tan inanes, contemplado como la indiferencia se ha instalado entre nosotros bajo el yugo de los intereses políticos, proceda de donde proceda.

Nadie pide perdón. Tampoco nadie escucha a nadie, ni tan siquiera cuando el capacitado experto aporta oficio, conocimiento o algo de cordura es tenido en cuenta; mal endémico, por cierto, en el ejercicio de la política en nuestro país. Idéntico trastorno en lo que a dimitir o destituir a cargo público cuando su actuación lleva consigo la gravedad de actos, cosa muy conveniente por propia higiene vital, porque nadie es más que nadie por mucho que el protagonista pretenda arrogarse de una supremacía de la cual carece. Quizás merced a eso los ideólogos e ideólogas de nuevo cuño, bien pagados y mejor alimentados por bolsillos ajenos, les haga creerse dioses o diosas, pero sería mejor que los inútiles de condición pusieran su cargo a disposición del mundo virtual.

En fin, imaginen por un momento que el pueblo soberano presentara demanda contra su propio gobierno. Un juicio de fe presidido por un honorable juez de intachable conducta y digno defensor de la Ley universal. Ahora imaginen a la defensa ante un tribunal popular exponiendo su alegato final:

“Señoras y señores del jurado, las víctimas que hasta el día de hoy vienen sufriendo las indeseables consecuencias derivadas por la mala praxis del gobierno y de cuantos votaron en favor de la ley del 'sí es sí' haciéndolo en barbecho de conocimientos al albur de la obediencia debida, sin apelar a la consideración jurídica o incluso a su propia conciencia, como abogado defensor del pueblo soberano les invito a que cierren los ojos y se limiten a escuchar a su yo más íntimo. Piensen en un niño, en una niña, en cualquier mujer víctima de maltrato, abuso sexual, vejadas y anuladas psicológicamente. Piensen que merced a una sentencia dictada en su día el malhechor cumple condena por sus actos y que poco o nada alivia la tragedia acontecida, pero es el castigo dictado en aplicación de la justicia. Ahora piensen que por negligencia de nuestros representantes públicos, ignorancia, soberbia, ego ideológico, o apego al poder, el espíritu de la ley tiene un descosido legal que permite rebajar las penas a los condenados e incluso la excarcelación anticipada. No digo que la nueva ley carezca de buena intención, pero piensen, señoras y señores del jurado, que por culpa de este fallo las víctimas, lejos de salir de un mundo oscuro que las perseguirá de por vida, vuelven a sentirse agraviadas en lo físico y en lo mental conocedoras de que sus agresores, además, son los únicos beneficiados.

Señoras y señores del jurado, antes de abrir los ojos les pido un último esfuerzo, piensen en sus hijos e hijas, en sus esposas, parejas, amigas o familiares, idealicen su imagen hasta convertirlas en las víctimas que pudieron ser. Ahora abran los ojos y somaticen el problema de la falta de interés por resolver este gravísimo problema merced a la pugna política que se ha desatado entre los partidos del PSOE y Podemos con cuya pelea las víctimas y la sociedad en general convivimos atónitos contemplando el goteo de reducciones de pena e incluso excarcelaciones. Llegados a este punto final, les pregunto: ¿Quiénes son los culpables y quienes los inocentes?"