El 23 de febrero se cumplen los cuarenta años de la infame expropiación del mayor holding de España durante la década de los setenta y principios de los ochenta, fecha en la que el gobierno socialista en contubernio con la oligarquía financiera de la época (Las siete grandes corporaciones bancarias) junto con el Banco de España, perpetró el magnicidio empresarial más perverso de la Democracia.
Durante este periodo de tiempo, la prensa y los medios audiovisuales, han hecho mención a este trágico episodio empresarial con documentales que podríamos clasificar con el género de la parodia y el sainete: RTVE emitió: "Ruiz-Mateos el primer fenómeno viral" Mediaset ha efectuado dos series televisivas: “Quien es mi padre” y “El chofer”, donde enfocan la actuación del empresario con payasadas y el empleo de disfraces de Supermán, y como denominador común el “Te pego leche” al ministro Boyer.
Se han ensañado con un emprendedor que durante 25 años, gracias a su talento y a su dedicación a la creación de setecientas empresas y de capital laboral de setenta mil puestos de trabajo, que cobraban mensualmente su salario, de la noche a la mañana, le incautan de todo su patrimonio y de sus activos intangibles como fondos de comercio, marcas corporativas tan acreditadas como: Loewe, Cerámica la Cartuja, Plata Meneses, Mantequerías Leonesa, grupo de hoteles Hotasa, con un decreto ley que se sustancia “Por razones de utilidad pública e interés social”, arrebatándole con nocturnidad y alevosía toda la documentación que daba soporte a la administración, contabilidad, estudios comerciales, escrituras notariales etc., violando el articulo 24.1 de la Constitución como ratificó unos meses más tarde en Julio del 83 el Tribunal de Justicia de Londres al intentar el Gobierno español de confiscar la cadena de retailer shops (Tiendas especializadas en vinos) Peter Dominic en las ciudades más importantes de Reino Unido ( Londres-Birmighan, Manchester). Dictamen de la citada Institución londinense: El Gobierno español ha transgredido el artículo 24.1 de la Constitución que protege a todos los ciudadanos, al requisar la documentación que da sostén y fundamento a las propiedades y actividades administrativas y comerciales de un empresario, dejándolo en una “situación de desamparo e indefensión.”
No es necesario ser psicólogo, ni especialista en neurología, para darse cuenta de la enorme sacudida que este brutal atropello produjo en su equilibrio emocional, desmoronando toda la infraestructura neuronal de su cerebro límbico, el que mantiene la serenidad y controla los impulsos más emotivos. Coadyuvaron a la toma de decisiones alocadas en esos momentos de desconcierto personal y familiar, el perverso consejo de un amigo de la obra del Opus, el señor Tabernell, de fugarse a Londres ipso facto, que ya se encargaría él como Presidente del Banco Popular de solucionar este asunto con el Gobierno.
A partir de la expropiación y de su errante peregrinaje por Europa, José Maria Ruiz Mateos con quien los ejecutivos del grupo despachábamos durante esos 25 años, no era el mismo, no era aquel empresario austero, que con metódica vocación de servicio mantenía las reuniones con sus directores para analizar los balances de las 700 empresas, ese super empresario que no tomaba vacaciones, ni hacía acto de presencia en fiestas sociales, ni asistía a las famosas cacerías con los más granado de la sociedad (aristócratas y empresarios de la época), ni hacía ostentaciones de su riqueza con la adquisición de yates, de lujosas fincas recreativas, resumiendo su Vida, durante esos fecundos años de creación de empresas, con una dedicación plena al trabajo todos los días del año incluyendo domingos y días festivos, manteniendo una trayectoria, obsesionado en crear riqueza y puestos de trabajos, cesando a las 20 horas para compartir el fin de la jornada con su cena familiar.
Este desequilibrio mental se vio incrementado cuando el Gobierno reprivatizó el conjunto de sus empresas, a semejanza de la novela cervantina de Rinconete y Cortadillo, con la picaresca de la venta a precio de mercadillo en el patio de Monipodio, contemplando con tristeza como se producían los despidos masivos de puestos de trabajos, que desarbolaba el real decreto de la expropiación del grupo por “Interés social”.
Los debates de la Clave del periodista José Luis Balbín en la tres de televisión en 1990.
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Este prestigioso periodista fue el único que debatió durante varios programa el episodio de la Expropiación de Rumasa de forma seria y concienzuda, con la presencia de algunos implicados. José Luis Balbín, intentó en vano contar con la presencia del ministro Boyer, el ministro Carlos Solchaga y el portavoz del gobierno Eduardo Sotillo que declinaron la invitación. Acudieron a la cita: José María Ruiz Mateos, el portavoz de Alianza popular Luis Ramallo, el sindicalista de UGT Justo Fernández, José Luis Núñez de Izquierda Unida, el director de diario 16 Enrique Badía y Juan Vilas Reyes (Presidente del grupo Matesa). Estos programas conquistaron la máxima audiencia por la profesionalidad con que el Sr Balbín conducía los debates. Una de las grandes sorpresas que surgieron en estos debates, fue la confesión del secretario de UGT Justo Fernández, que a priori en los días previos a la Expropiación de Rumasa era un vehemente partidario de la intervención del gobierno para preservar la masa salarial del grupo, y cómo cambió de opinión después de ver los ingentes expedientes de desempleos de los afortunados que adquirieron a precio de saldo las empresas del grupo, y que al final del programa, reconoció sin ambages el engaño del Gobierno, al que calificó de haber actuado con una calculada esquizofrenia.
A principios del 2020 publiqué el libro “El magnicidio empresarial más perverso de la Democracia” que fatalmente coincidió con la pandemia, que ha evitado su promoción y presentación en las ferias del libro. En él, narro con detalle el rol que desempeñó la auditora Arthur Andersen, falseando los balances del grupo para dar como resultado un quebranto patrimonial del conjunto de empresas del holding. Arthur Andersen fue contratada por el gobierno como la más afamada firma de auditora internacional sin tener en cuenta sus estratosféricos honorarios, la cuestión era tener un informe con suficiente garantía probatoria que le sirviera de escudo para la expropiación de Rumasa. Lo que posiblemente no saben los lectores y ciudadanos que no siguen el curso de los manejos económicos internacionales, es que esta auditora fue intervenida por el gobierno estadounidense en la década de los noventa al reportar los informes de una de las empresas energéticas de Estados Unidos con base en Houston (Tejas), siguiendo con su costumbre de falsear los balances con informes favorables de hiper profits (Beneficios netos) que favorecieron la incorporación de nuevos accionistas como las empresas Sun Beam y Waste management, subiendo como las espumas las cotizaciones de ENRON, en bolsa. Este engaño no podía sostenerse en el tiempo, y después de una exhaustiva intervención del fisco estadounidense, condenaron a Enron por fraude con penas de cárcel para el presidente Kenneth Lay y CEO Jeffrey Skilling, desmembrando la auditora Arthur Andersen en pequeños grupos de accionistas que se quedaron con sus propiedades.
En el libro hago referencia al recurso que presentó inmediatamente a la expropiación el portavoz de Alianza Popular, Luis Ramallo, por inconstitucionalidad. El diario ABC presidido entonces por uno de los periodistas más brillantes del siglo XX, Don Luis María Anson, publicó el cinco de diciembre de 1983 como titular: "Sospechoso encuentro en la Moncloa del presidente del Gobierno con el presidente del Tribunal Constitucional: Don Manuel García Pelayo". En el citado artículo se deslizaba sutilmente el acoso al que fue sometido el presidente del Tribunal Constitucional Manuel García Pelayo, y su crucial participación al dar como resultado de la votación del Tribunal un empate, inclinando la balanza a favor del Gobierno socialista por su voto de calidad.
En el libro hago una recreación virtual de los diálogos entre el vicepresidente Sr. Guerra con el presidente Manuel García Pelayo, utilizando la obra teatral de Robert Bolt “Un hombre para la eternidad” – cuyo título original es: “A man for all seasons” que sería prolijo detallar en este escrito, pero que no tiene desperdicio.
Las tragedias personales y familiares que supuso la expropiación para muchos de los ejecutivos del grupo.
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Destaco entre ellas, la catástrofe de la que fui objeto y que resumo lo posible para que puedan valorar hasta que extremo, se ensañaron con aquellos que participamos en la construcción del grupo Rumasa. En la reunión previa a la celebración de las Navidades de 1982 de los directores generales de Rumasa en el edificio Colón, se acordó abrir una nueva dirección general: ( Exportaciones de productos Rumasa S.A.). Se redactaron los estatutos envíandose al notario para dar fe pública, figurando yo como Director General, dándome de baja en Bodegas Paternina donde había estado cerca de dos años reorganizándola. Inicié mis primeros viajes a Libia y Kuwait (En aquella época antes de la invasión de Irak como el bazar del Oriente Medio) con resultados positivos, contratando pedidos de maletas Tauro y de plata Meneses.
El 15 de febrero planifiqué un segundo viaje a Sudáfrica donde tenía concertada importantes reuniones con el Jefe de empresarios Anthony Bell, con quien hice en el pasado operaciones de vinos. El día 22 de febrero con contratos firmados por empresarios del Cabo, de Johanesburgo y de Durban por valor de 10 millones de dólares, me llamaron desde la sede de Rumasa en Colón, poniéndome al día de los cruces de amenazas del ministro Boyer con los periodistas sobre una posible expropiación del grupo. Decidí volver ese mismo día cogiendo plaza para aterrizar en Madrid la mañana del día 23. No solo incautaron los estatutos que estaban en las notarías sobre la constitución de la empresa exportadora, sino que esos contratos quedaron en suspenso como papel mojado, así y como colofón no aparecía en las nóminas de Paternina, ni en la de una empresa exportadora que estaba en Notaría en vía de nacer públicamente. Me encontré huérfano de empresa ni tampoco era funcionario del INI que se apropió de las empresas del grupo. Para mayor inri, mis hijos que estaban escolarizados en Tarragona en un centro del Opus, tal como tenía acordado en mi contrato con Rumasa, trataron de impedir que siguieran asistiendo a las clases, debido al desencuentro de José María Ruiz Mateos con el miembro del Opus Sr. Taberner Vall. Gracias a la determinación y aguerrida intervención de mi mujer, quedó en suspenso hasta que yo llegara para solucionar el asunto, vendiendo un reloj de oro “Omega Constelation” y entregar la suma de dinero a la organización del Opus, hasta que terminara el curso y evitar el daño psicológico que esto hubiera supuesto para mis hijos.
He enviado ejemplares del libro a los presentadores de medios audiovisuales, prensa escrita y digital para conseguir entrevistas donde pueda volcar lo sucedido de verdad en Rumasa. He seguido investigando desde 1983, escudriñando todos los boletines oficiales posteriores, hasta que he encontrado en 1989 los comentarios de los tribunales de Cuentas en la que contradicen al Gobierno con respecto a la solvencia positiva de muchas empresas, cito solo la del Banco Atlántico con un patrimonio saneado y con unos beneficios extraordinarios que iban in crescendo. Pero nadie me ha hecho caso. Me queda la duda de si ese silencio sepulcral de los medios, obedece a las hipotéticas represalias del expresidente del Gobierno, o a la amenazante influencia de los poderes fácticos, antiguos oligarcas que siguen manejando los hilos de la sociedad.
Es lamentable que un emprendedor que perdió la chaveta por la incautación irregular de su imperio empresarial, pase a la historia como un majareta, un estafador y un trilero.
Lo acontecido en la gestión de la segunda Rumasa nada tiene que ver con un José María que cedió a sus hijos el control y la administración de las empresas en 2004, obligado por su ocaso biológico, incapaz de analizar un balance como aseveró su entonces abogado Joaquin Yvancos, en un programa de Espejo público.