Opinión

Prostitución política

TRIBUNA

Antonio Hermosa | Domingo 05 de marzo de 2023

El Tito Berni ha confirmado una vez más que hay dos géneros de prostitución: de oficio y de beneficio; el primero lo integran las que venden su cuerpo por dinero y satisfacen a los diversos Tito Berni del mundo, el socialista incluido, cuando festejan sus respectivos logros con las pandillas de amigos (y alguna amiga) que se los procuran; el segundo, quienes regalan su alma por un cargo, acaparándolo a tal punto que en un santiamén –o dos, que los hay manazas– convierten la política en un prostíbulo. Del segundo género participan en parte también las del primero que pasaban por allí. Al primero, Tito Berni va a gozar; al segundo, a trabajar. Se empieza, dada la tradición de que proviene, en primero de corrupción y, al poco, ya es un doctorado más.

Este artículo irá de las últimas, porque las primeras ya bastante tienen con el hecho de que Podemos haya venido a la política para salvarlas, y demás fines humanitarios. Y entre ellas no sólo es preceptivo contar los diversos subtipos que –se verá– la pueblan, incluida la cortesanía ministerial femenina, tan comprensiva ella que a mil por hora se ha quedado sin lanzarse a la yugular del correligionario, quizá por el mismo acto de fe con que bendicen la situación de la mujer en el Islam: eso es un fet cultural, que diría la prostituta catalana con más solera de la Catalunyavull’ contemporánea, esa que había asesinado a Cataluña tanto como para permitirse hablar de ella como si fuera una y querer por ella cuando quería.

Las prostitutas de Berni en la política son sólo el síntoma de la prostitución política que la gangrena. No requieren más que dinero para surgir como hongos, pero allá donde hay abusos de poder surgirán seguro. Ya Tácito nos hizo ver cómo durante la vejez del tirano Tiberio el sexo llegó a la política del imperio antes que los emperadores mismos.

Un amigo, ante las hazañas hedonísticas del ganapán, me espeta con circunspección: “A mí, que los diputados del PSOE anden con putas y farlopa me parece más edificante que su actividad legislativa”. ¡Pura sabiduría! ¿Cómo no estar de acuerdo con él vista la lluvia de leyes que aún envenenan con azufre la legislatura y han llevado al país a la agonía? Ya se sabe que la corrupción puede fácilmente ser menos perjudicial que la coherencia y más honesta que el deber: la actividad legislativa de este gobierno lo demuestra con creces.

Ahora bien, ¿qué cabía esperar de un personaje como Pedro Sánchez, ese oxímoron que reza por ser rey en una república, un insurrecto de serie contra todo lo que es autoridad legítima, que llegó a presidir el PSOE por las buenas luego de haber fracasado por las malas y a presidir el Gobierno con una ristra de mentiras poco a poco transformadas en verdades. No iba a gobernar con Podemos por las pesadillas que le sobrevendrían y nos trasladó la pesadilla a la inmensa mayoría de sus conciudadanos; no iba a pactar con golpistas o terroristas in pectore o de facto a fin de preservar la dignidad del Estado de Derecho: de repente los loa y metamorfosea en genuinos padres de la patria republicana, con quienes no sólo pacta, sino que cogobierna para afianzarse en el trono él e imponer la sombría cosmovisión totalitaria de la entera panda a la sociedad. Son ahora los atónitos espectadores de la farsa, tanto desde su minoría parlamentaria como desde la sociedad, los nuevos traidores de su país y los negadores sin causa del futuro.

Felón Sánchez es la prostituta mayor del reino; el PSOE es un burdel por méritos tan del partido como suyos y la política española el gran lupanar que ya dejó en mantillas a la del PP. Se apoya en, por no hablar de su barbarie ideológica y minusvalía cultural, quienes gustan posar con balas de procedencia casera o quemar la sede propia a fin de prefigurar con el miedo la escenografía del incendio de la paz social a que aspiran y la violencia de la que se servirán para lograrlo. El fascismo de izquierdas personificado en Podemos es la prostituta de nuevo cuño incorporada a nuestra escena pública, de la que hoy forma parte como una excrecencia natural más merced a la forzada gentileza del socialismo de alterne hacia su petit con, como Chirac llamaba a Aznar; perdón, hacia su große Führer. Una boca sin control que profiere más amenazas que palabras o una cajera que no ha parado de hacer caja desde que se puso a los mandos incontrolados de su ministerial cortijo son sólo dos estrellas más del iceberg de la descomposición, tan erizado de puntas.

Pero no es esa bala disparada desde cada tuit de Echenique hacia el grueso de la sociedad buscando carnaza con la que aplacar las hambrientas fauces de su agresivo y domesticado rebaño la única ni, a juicio de la ética, la principal prostituta política creada por El Mesías neomarroquí, el tan Esperado por el Mundo para su salvación. Ahí está, de cuerpo presente y alma ausente, dispuesto siempre a recibir y nunca a dar, salvo votos de quita y pon: el rupestre PNV, el espasmo político que presume de Democracia y de Sabino Arana a la vez, de dios y el diablo al unísono al confundir deliberadamente su teoría con su práctica; pasen y vean: la prostituta capaz de cambiar de amante en pleno acto, estando aún caliente la jura de lealtad al ya depuesto rey, aquel Don Tancredo que el PP regalara a la sociedad española en plena tormenta. Ese partido-farsa es la selecta prostituta por antonomasia de la política carpetovetónica, la que, a diferencia de Sánchez y sus ansias, sí está siempre y siempre en posición, la que se va con cualquiera que satisfaga sus mentiras de grandeza, y cuyo único rasgo aristocrático es ser, para los españoles –que la miran sin gozarla y con asco tan exquisito que hasta les impide odiarla–, la meretriz más cara del serrallo. Es la deslealtad hecha obra de arte.

Una meretriz, ciertamente, a la que en los últimos tiempos le ha salido competencia: no como cortesana del régimen, condición en la que permanece imbatible, sino en capacidad de merecer. Porque Bildu o ERC and company, criaturas de la noche que no sabrían encontrar el camino de su verdad sin Franco –y conste que no va esto por aquello de que Catalunya-Barça es mès que un club le gratificó los favores prestados con dos estatuas–, ni la luz de sus tinieblas sin la superstición fanática de sus ideologías, se han desmadrado en la tarea. Y menos mal que España no existe –bueno, el Estado Español sí, algo es algo: y ya hay qué despojar–, que ¡si existiera o existiese! Merced a su atávico comportamiento de mascotas de cloaca, las nuevas prostitutas gubernamentales han convertido el Estado de Derecho en, a la vez, un hazmerreír y un acto de desesperación. Terroristas y golpistas son los nuevos héroes de la democracia; a la Ley se la priva de armas con que combatirlos y a la Política de hechizos con que seducir las necesidades de la libertad. De la propia Democracia ya no se sabe si es ella o su contraria. Omitiré ampliar el recuento de sus fechorías para no desesperar de la confianza en el hombre, mas no sin antes recordar que todo ello transcurre al socaire de cierta prensa rosa de izquierdas que, bien regada, devuelve el favor con creces en un circense ejercicio de permanente pleitesía al periodista cortesano y un ataque sin tregua a la libertad de opinión.

Con todo, la existencia del Estado de Derecho fue posible incluso en España, pues seis años de gobierno de UCD se saldaron sin rastro de corrupción y siglas como UPyD o C’s, que no son palabras inmaculadas porque en política hay menos virginidad que inocencia, aún evocan más envidia que nostalgia. La corrupción, y en forma de sistema, llegó cuando los “100 años de honradez” socialista se hicieron con el gobierno –sumaban, cierto, los 40 de vacaciones, pero pelillos a la mar–; al poco ya se desquitaban a gusto de aquella mordaza con la que el fundador Pablo Iglesias –no el macho alfa actualmente en vigor, predicador famoso, aun entre sus fieles, más por las prebendas otorgadas a concubinas de cartel que por cualquiera de sus homilías– los había pretendido atar a la ética con el dogma de que un socialista podrá meter la pata pero nunca la mano, como si no fuera posible hacer ambas cosas a la vez. ¡Qué poco sabía del ser humano, o de su moral y de su gente el venerable anciano! ¡Si los viera ahora, genuina prez de la hez humana, tan progresados que más sería vicio, metiendo ambas depredadoras a un tiempo allá por donde pisan! Y eso que excluyo aquí –su inteligencia no da para ser imputable y si da para reírse no es por sus chistes de payaso extraviado, pues dice en serio– al habitante de la 13 Rue del Percebe, su exonerante oficial, esa luminaria de verbo y concepto gracias al cual los españoles al menos tenemos claro un principio vital: una cosa es comer y otra cosa es no comer; sí, ése que un día fue incluso lehendakari, tocado de boina y todo, quizá una excusa para demostrar que la Basílica de Nuestra Señora de Begoña no está solo para vender indulgencias hereditarias.

Hoy, en cambio, del prostíbulo del PSOE y adláteres emana con creciente intensidad el perfume a descomposición que pudre hasta nuestros instintos morales más primarios. No obstante, perviven sin mácula la expectación y el anhelo de asistir pronto a la galería de imágenes que pululan en el móvil de su titular y hasta su posible filiación temático-parental con las prácticas del Tito Berni, incluso si en ellas no fuera él su principal protagonista. Expectación y deseo, digo, porque ese día cabrá al fin afirmar que cuando el español se levantó el monstruo no seguía allí, y que tras la espesa noche la historia de nuestro país al fin habrá pasado página.

Antes, seguro, el-desarrollo-sostenible Sánchez habrá cogido una vez más su Falcon para dar un paseo alrededor de Moncloa o para huir de sí mismo; demasiado tarde –o para él o para la mayoría de sus conciudadanos, si no–, e ignaro de que, como Héctor perseguido por Aquiles, al huir en círculo huye a ninguna parte y que más pronto que tarde se topará con la cárcel de su destino. Después de todo la grandeza de un político no se mide por el daño que se hace y en cualquier otra dimensión que se le analice es una total irrelevancia: la existencia política de Pedro Sánchez Castejón es tan insustancial que vale al máximo lo que un móvil cuya custodia yace bajo el arbitrio de un sátrapa en Marruecos.