Opinión

Diez años del Papa de la primavera

EN LA FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 11 de marzo de 2023

Este próximo lunes se cumplen diez años de la elección del Papa FRANCISCO. El atardecer del 13 de marzo de 2013 se abrió el balcón central de la Basílica de San Pedro y el cardenal protodiácono Jean Louis –Touran anunció al mundo que teníamos nuevo Papa. Había sido elegido tras cinco votaciones el cardenal argentino Jorge Bergoglio. Sorpresa general, sobre todo entre muchos medios de comunicación que ya tenían preparado todo, pues habían apostado por el cardenal arzobispo de Milán, Scola, muy unido el movimiento Comunión y Liberación y que era el favorito en las quinielas de los “vaticanistas”.

Incredulidad en aquellos que apostaban por una Iglesia otoñal y esperanza por los que querían, queríamos, que la primavera floreciera en una institución que había sufrido muchos en los últimos años y había visto y sufrido la dimisión de Benedicto XVI.

Y se abrió el balcón y apareció Bergoglio sonriente que con sencillez nos dijo a todos:

Hermanos y hermanas, buenas noches! Ustedes saben que el deber del Cónclave es dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo… pero estamos aquí… Les agradezco la acogida. La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo. ¡Gracias! Y primero que nada, quisiera hacer una oración por nuestro Obispo Emérito, Benedicto XVI. Recemos todos juntos por él, para que el Señor lo bendiga y la Virgen lo custodie".

Entonces FRANCISCO rezó el Padre Nuestro el Ave María y el Gloria que fueron seguidos por todos los fieles congregados en la Plaza de San Pedro que volvieron a escuchar al Papa:

"Y ahora, comenzamos nuestro camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de hermandad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Rezamos por todo el mundo, para que haya una gran hermandad. Auguro que este camino de Iglesia, que hoy comenzamos y en el que me ayudará mi Cardenal Vicario, aquí presente, sea fructífero para la evangelización de esta ciudad tan bella. Y ahora quisiera darles la bendición, pero primero, os pido un favor: antes de que el Obispo bendiga al pueblo, les pido que recen al Señor para que me bendiga. La oración del pueblo que pide la bendición para su Obispo. Hagamos en silencio esta oración de ustedes por mí".

Sencillez en estas primeras palabras de un hombre, que ya tendía sacado el billete de vuelta a Buenos Aires porque nunca pensó que iba a ser llamado a la silla de Pedro, a pesar de que en el Cónclave que eligió a Benedicto XVI quedó segundo en las votaciones. Ya entonces los cardenales vieron que era necesario un cambio sencillo pero eficaz, pues se estaban diluyendo los logros del Vaticano Segundo. Y para eso hacía falta un hombre que aireara el Vaticano y que nos recordase ”La alegría del Evangelio”, porque como él mismo dice:” llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.

Gracias, Papa FRANCISCO. Gracias al Espíritu Santo que alumbró a los cardenales que eligieron a un hombre que ha puesto las periferias en el centro.

Felicidades, Santo Padre.