Cada vez que a Pep Guardiola le hablan de ganar la Liga de Campeones con el Manchester City como si de una necesidad u obligación se tratase, el técnico catalán niega la mayor. De hecho, se defiende con una línea argumental que choca de frente con los más de 1.000 millones de euros gastados por Abu Dhabi. Trata a los 'Citizen' como si estuviera hablando de un equipo humilde que está en crecimiento. Recuerda que cuando le ficharon, allá por 2016, no le hablaron de ganar la Copa de Europa, sino de ir construyendo un proyecto ganador. Y en esas sigue, ocho cursos después, alegando que su objetivo principal cada año es la Premier League. Sin embargo, en estos últimos tiempos ha traicionado a su ideología más ortodoxa, esa que pauta una hipertrofia de la importancia del centro del campo y niega la importancia de contar con un delantero centro goleador.
Parecería que le han entrado las prisas al entrenador, después de todo. Fue con desesperación a por Harry Kane -sin éxito- y ha fichado, tras implementar toda su seducción y la de los petrodólares, a Erling Haaland. El especimen noruego que tiene condiciones para arrasar cualquier récord anotador imaginable. Le han contratado, no para ampliar el dominio en el fútbol británico; han atraído a su voracidad para llegar a la tierra prometida continental al fin. Y en noches como la de este martes se entiende el motivo. Tras empatar a uno en Leipzig, y perdonar la sentencia prematura de la eliminatoria por la desconexión de la dinámica del '9' norteño, en esta fecha le dieron protagonismo al tanque y éste se lo agradeció con un 'hat-trick' al descanso.
Jugó bien engrasado el City. Presionando muy arriba y de forma coordinada, con intensidad y ganas de dañar más que de controlar -a diferencia del encuentro jugado en Alemania hace dos semanas-. Pep aplicó la variante de laboratorio que tanto ha probado en este curso, desplazando al lateral diestro a la labor de mediocentro, junto a Rodri. Esta vez completó ese trabajo Stones, en un doble pivote destinado a tratar de jugar por dentro e involucrar más a un Haaland que bajó a la mediapunta para participar. Hecho no visto en una suerte de sequía que estaba germinando tras el Mundial de Catar. Volvió De Bruyne al once y al belga le encomendaron el escaño de extremo diestro. Había que alimentar al rematador. Incluso, limitando a su mejor artista al papel de centrador.
Esta intención de desembocar en el noruego generó un aviso serio en el minuto 11, cuando Aké puso un balón largo y en profundidad para la carrera de Haaland, que marró el mano a mano con el meta Blaswich -chutó al cuerpo-. Antes, en el tercer minuto, De Bruyne centró con precisión y Gundogan envió una volea clara, sin marca, a las nubes. Con todo, la ausencia posicional de un lateral en banda derecha complicó el giro rápido de juego local y favoreció a la presión selectiva visitante, que captó en el 15 de juego un robo adelantado para el centro venenoso de Raum que detuvo el portero Ederson. Y los germanos aguantaron bien, siguiendo un plan que pasaba por resistir y esperar a encontrar alguna contra. Hasta que una decisión arbitral les mandó a la lona.
En el minuto 22, Grealish botó un córner que cabeceó Rodri y generó un lío al que Akanji, por lentitud, no tradujo en gol. Pero el VAR llamó al árbitro, que pitó un penalti muy polémico -el cuero rozó la mano de Hendrichs sin cambiar la trayectoria-. Para desplomar la convicción alemana e inaugurar la exhibición histórica del imponente anotador noruego. Estrenó su cuenta con un golpeo natural, fuerte, raso y ajustado. Y de inmediato, ante el bajón de concentración rival, bajó un pelotazo para el zurdazo que De Bruyne estrelló en el larguero y corrió para embocar el rechace -minuto 24-. Con 2-0 concluyó la competitividad del cruce. Y el colegiado aliñó más su resbaladiza actuación al no considerar como falta una salida kamikaze del área de Ederson -que chocó con Timo Werner y dejó su meta vacía-, pitar un fuera de juego inexistente tras la pérdida peligrosa de Rodri y perdonar la amonestación al 'piscinazo' de Grealish.
Con las vías de reacción germana en transición sepultadas -Szoboszlai estuvo demasiado sólo, sin el lesionado Nkunku y con Forsberg ausente-, se estableció un monólogo en el que el Leipzig no fue más que una especie de saco de boxeo. Y ante semejante oportunidad, Haaland despegó. Porque su hambre no se agota. Topó en Blaswich -suplente del titular infortunado Gulasci- un cañonazo antes de firmar su 'hat-trick' al borde del descanso, al empujar sobre la línea el rechace a un testarazo de Ruben Dias -minuto 47-. Y en la reanudación amortizaría la afinada circulación de sus compañeros para anotar otro doblete. Se marchó, ovacionado, con cinco tantos en la mochila. Una barbaridad que reflejó sus cualidades a la perfección: voló en carrera, chutó con potencia y tino, peleó cada acción con unas ganas que intimidan y se posicionó con la sabiduría de los goleadores gigantescos. Amontona 33 goles en 25 partidos en Champions. Con 22 años. Viene a por todas las leyendas de la máxima competición.
Se apuntó al festival también Gundogan, que en el primer acto falló la finalización tras el pase espléndido de De Bruyne -minuto 39-. En el 49 de juego certificó el KO de los visitantes al recortar en el pico del área y conectar un latigazo angulado y espinoso. Y decayó del todo el envite en un segmento intrascendente que permitió a los preparadores hacer rotaciones. Incluso jugaría un Dani Olmo que sale de una lesión complicada. Desprovisto de ayudas -echó de menos la figura del tocado Schlager- y de la activación de quien se ve con opciones de competir, no sostuvo su sobresaliente rendimiento Gvardiol. La delegación de Marco Rose acabó arrasada -22 a tres en remates efectuados- por una orquesta que lució como siempre y que disfrutó del emblema de sus renovadas ilusiones europeas. Y un golazo de De Bruyne autografió el broche en el descuento. Ya pueden temblar los aspirantes a suceder al Real Madrid.
0- RB Leipzig: Blaswich; Raum, Gvardiol, Orbán, Hendricks (Klostermann, min. 80); Haidara (Simakan, min. 63), Laimer, Kampl; Forsberg (Andre Silva, min. 63), Szoboszlai (Dani Olmo, min. 72) y Timo Werner (Poulsen, min. 63).
Goles: 1-0, min. 22: Haaland (penalti); 2-0, min. 24: Haaland; 3-0, min. 47: Haaland; 4-0, min. 49: Gundogan; 5-0, min. 54: Haaland; 6-0, min. 57: Haaland; 7-0, min. 91: De Bruyne.
Árbitro: Slavko Vincic (Eslovenia). Amonestó a Hendrichs, Timo Werner, De Bruyne y a Akanji.
Incidencias: partido correspondiente a la vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones, disputado en el Etihad Stadium (Mánchester, Inglaterra).