Opinión

El día del totum revolutum

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 22 de marzo de 2023

Al amparo de una Agenda 2030, que dicho sea es la excusa perfecta para tenerlo todo patas arriba, nos vienen cambiando el sentido de la familia como modelo de organización social, por cierto, la institución más antigua de todas las conocidas desde que papá y mamá se fusionan para crear dos núcleos de átomos ligeros que en placentera armonía se unen con idea de formar otro núcleo más pesado, generalmente librando partículas en el proceso. Por supuesto que el núcleo más pesado recibe el nombre de hijos (en genérico).

Así pues, las piezas fundamentales de esta creación son, como queda dicho, el ser masculino con sus atributos y el ser femenino con los suyos para el normal desarrollo de esta ecuación tradicional conocida como familia al uso; pero hay otros núcleos que configuran otros modelos de familia tan respetables e importantes como la naturaleza misma lo crea. Esa es, en mi opinión, la diversidad bien entendida porque la verdadera inclusión está en el amor y la educación que se desprende en cada casa o linaje.

No soy excluyente, pero tampoco un incauto para que unos pocos, que viven a mi costa, traten de robarme la dosis de amor que poseo. Allá cada cual con su gracia, con su sexo y su concepto de familia compuesta por su condición, tendencia o evolución darwiniana; me es indiferente porque de lo poco que sé es que estoy aquí gracias a mi padre y a mi madre y que de ellos he recibido las bondades de una cuna basada en respetar para ser respetado. De mi padre, las coordenadas con el deber. De mi madre, el amor cómplice y la generosidad sin condiciones. Así pues, cada cual con sus obras y sus pompas porque la vida está inventada desde hace tiempo.

El “Día de la persona especial” que alguien propone como sustitución del homenaje al padre o a la madre, es tan sólo una memez, una cursilería de nueva imprenta. Las personas especiales son todas aquellas que su buen hacer les convierte en seres exclusivos, y aquí tienen cabida las diferentes maneras sin discriminación de sexo, religión, color o condición social. No obstante, y sin ánimo de lucro filosófico por mi parte ni atisbo de rencor, entre otras cosas porque me trae al fresco, hay cosas que requieren explicación. Por ejemplo, ¿cómo se entiende que el día 8 de marzo se celebre el día de la mujer y que no haya fecha señalada para festejar el día del hombre? Insisto que todo esto no deja de ser una estupidez de unos pocos (genérico) que viven sacados de contexto tratando al resto como imbéciles.

Demostrado está que con sus doctrinas ideológicas lo único que persiguen es cambiarnos el metabolismo para convertirnos en seres inanimados. El guion es muy sencillo, nos dicen como tenemos que realizar el coito, con quien, a qué hora, como si el Kamasutra, antiguo texto hinduista o tratado para el comportamiento sexual humano fuera autoría de la plétora feminista del Ministerio de Igualdad allá entre el 240 y el 550 d.C. Y como eso, el cambiar las cosas, las formas, las costumbres y tradiciones, el qué comer, donde llenar la cesta de la compra (por cierto, no olviden ir al supermercado de Nadia Calviño) y hasta la manera de ser pobre. Todos son días para algo y cada vez se amplía la lista, cosa que me parece un tostón porque soy clásico, además de romántico, y para personas como yo me preocupa mucho que en medio de tanto totum revolutum, y por el hecho de ser hetero, nos acabemos extinguiendo de mala manera. Por supuesto que en todo esto hay días y días, pero confieso que odio el “Día de la rata intocable”, que como es sabido se trata de uno de los roedores más dañinos que se comen y contaminan los alimentos, hortalizas y frutas, y transmiten enfermedades a personas y a mascotas, y además por esas cosas de la moda más animal que humana, resulta que la nueva ley de Ione Belarra nos castiga con hasta 50.000 euros y año y medio de cárcel si matas a la rata en tu propia casa. Es decir, que este mamífero roedor tan común como infecto e insalubre tiene el derecho a vivir que se le niega al feto humano. Mala cosa.

Vuelvo al padre y a la madre como separata de nuestra suerte para los que venimos de antes, no un antes de todo, sino previo a esta pesadilla progresista obsesionada en sacrificar siglos de sabiduría por una revolución ideológica tan rancia como antinatural y escabrosa. De ahí la importancia de no malgastar más tiempo del debido en celebrar un día para cada nueva ocurrencia traída por los inventores del nuevo mundo para justificar los cientos de millones derrochados en memeces. Padre, madre, familia, lo lógico es celebrar los días con normalidad y sobre todo con libertad de emociones, afectos y costumbres de cada cual. Cambiar radicalmente una sociedad de un golpe supone asumir con arrogancia –cuando no con ignorancia- que sabemos más que toda nuestra tradición y nuestros ancestros. Eso, para Edmund Burke, considerado como uno de los principales padres del liberalismo, casi siempre acaba en desastre o en políticas del terror. Camino de ello vamos.

En fin, mientras que el respeto ajeno no obstaculice la debida convivencia lo proclamo alto y claro en lengua maorí: ¡¡Yo celebro el Día del Padre y el Día de la Madre porque me lo dictan mis santos relicarios!!