Por el momento todo son especulaciones, a pesar de la abrumadora lluvia de datos, acontecimientos y cifras. La impresión que el lector saca de lo que está ocurriendo es que María Gámez, exdirectora general de la Guardia Civil, fue el centro enmascarado de una vasta operación de corrupción en favor de sus parientes, amparados en la autoridad y el prestigio de la Institución por ella encarnada.
Insisto en lo de las especulaciones y en la presunción de inocencia para afirmar que la opinión pública tiene el derecho a conocer qué es exactamente lo ocurrido. Sin demora ni medias tintas. Si hay una Institución apreciada por la opinión pública esa es la Guardia Civil, junto a la Monarquía parlamentaria. En el desfile del día nacional el 12 de octubre, el público dedica siempre a la Benemérita las mayores ovaciones.
Cifras, datos, actuaciones, se multiplican día a día. En casi todos ellos aparece María Gámez, la exdirectora de la Guardia Civil que dimitió apresuradamente para “salvar su honor personal y no hacer daño a la Institución que presidía”.
Precisamente por eso resulta necesario que el Gobierno, el Parlamento y la sociedad civil investiguen exhaustivamente lo que ha ocurrido y clarifiquen ante el pueblo español si María Gámez está libre de culpa o si, por el contrario, se encuentra implicada en un caso de claro nepotismo y nítida corrupción. El prestigio de la Guardia Civil no puede resultar fragilizado por la incertidumbre. Tampoco por el voluntarismo o la arbitrariedad. Es preciso que se investigue seriamente caiga quien caiga. Las sospechas, tal vez infundadas, son serias y las especulaciones crecen día a día con grave perjuicio para la imagen de una Institución que populistas, separatistas y proetarras se esfuerzan por desprestigiar.