Sieteiglesias es el nombre de un pueblo de la llamada “sierra pobre de Madrid”. Un nombre que no corresponde a la realidad pues solo tiene una única iglesia, que ha vivido las siete estaciones de esta Semana Santa con sus pocos habitantes, que son ejemplo de esta España vacía y que creo que es mejor llamar “vaciada” por el éxodo que continúa para encontrar mejores oportunidades. Ahora, sus pocos habitantes censados presumen de la necrópolis medieval y de su templo dedicado a San Pedro Apóstol, que ha vivido hace poco más de un mes un robo sacrílego, pues los ladrones se llevaron el Sagrario con el Señor dentro y destrozaron la imagen de San Blas, patrón de la localidad.
Pero los pocos habitantes no se han venido abajo y han celebrado esta Semana Santa con don Gabriel, su cura de más de 70 años, con devoción y esperando este domingo la Resurrección de Nuestro Señor, que seguro ya habrá perdonado al ladrón que entro en su casa.
Este pueblo, esta localidad, es también España, señores gobernantes. No deben olvidarse de ello pues hay muchos lugares iguales en nuestra tierra que ve incrementada su población solo en los fines de semana o en épocas vacacionales, por aquellos que vuelven a las casas de sus antepasados reconstruidas o para visitar las tumbas del cementerio y rezar ante los túmulos de Avelino, Marina, Andrés, Francisca, Alberto, Ceferino, Victoriano, Marcos y de tantos otros que vivieron y sufrieron las penurias de antaño, que levantaron su hogares de adobe, y que seguro que este domingo vivirán también la alegría de la Resurrección.
Como la vive Huercal Overa, una localidad almeriense, cuna del Cura Valera, que esperemos esté pronto en los altares y del obispo de Getafe, Ginés García Beltrán, un gran prelado de nuestra Iglesia particular y que seguro habrá recordado con cierta nostalgia los Pasos Morado, Blanco y Negro, que han recorrido las calles de este pueblo de más de veinte mil habitantes, que tiene a la Virgen del Río como patrona y guía. Unos habitantes que al paso procesional de su Virgen le piden:
“Madre mía del Río,
Vuelve tus ojos al pueblo que te aclama,
Y se emociona con solo recordarte.
Pon tu mano de madre en las heridas
Más hondas de nuestra alma.
Te pedimos por los alejados
Y por lo cercanos. Que tú recuerdo
No nos abandone en ningún momento.
Que en las horas de alegrías sepamos
Ofrecerte nuestro gozo, y en las horas
De pena tengamos por cierto que
Tú eres nuestro consuelo”.
Y centenares de huercalenses se emocionan ante el trono de su Virgen y lanzan flores a su paso.
Dos formas de vivir estos días: Sieteiglesias y Huercal Overa. Distintas maneras de entregarse en la Semana Santa. Una sencilla y otra con riqueza, pero las dos con el sentimiento religioso que hemos visto en estos días en toda España, a pesar de que algunos quieran terminar con ellos.
Y mientras el Papa animando a los sacerdotes de todo el mundo a seguir con su misión, pues ante 1800 curas FRANCISCO este Jueves Santo les invitó a “evitar la doble vida que consiste en predicar una cosa y vivir otra. Cuidado, por favor, para no ensuciar el manto de la madre Iglesia con la desunión, con las polarizaciones, con cualquier falta de caridad y de comunión”
Los sacerdotes mayores, como don Gabriel, el cura párroco de Sieteiglesias, está solo y habrá acogido con alegría las palabras de FRANCISCO. Para él, mi especial abrazo en esta Pascua de Resurrección, en la que felicito a todos los lectores de El Imparcial.