Opinión

Berlusconi quiere a Bush

Andrea Donofrio | Domingo 19 de octubre de 2008
Como si fuera poco. Berlusconi siempre se ha caracterizado por ser un personaje político difícil de explicar, pero sobre todo de entender. Sin embargo, esta vez las complicaciones se mezclan con la irracionalidad, la extravagancia y el humor de su reciente reunión en el Despacho Oval con el Presidente de los EEUU George Bush. Berlusconi, que cada vez que puede proclama su amor indiscriminado por los States (“yo estoy siempre de la parte de Estados Unidos, antes incluso de saber de qué parte están los Estados Unidos”), ha ofrecido una nueva muestra de su histrionismo homenajeando a Bush, a pesar de que éste dejará el país (y el mundo) en una crisis financiera sin precedentes en décadas (¿1929?) y con un índice de popularidad por los suelos. Poco importa. Es más, recurriendo a una frase del estilo de Fidel Castro, anuncia: “La historia demostrará que Bush ha sido un presidente excelente”. Claro, si los ministros italianos siguen con su afán de reescribir la historia y contar “versiones alternativas”, los niños creerán también que su Gobierno respetaba el Estado de derecho, la división de poderes y los derechos de los inmigrantes.

Cuando viaja a Washington, el Cavaliere es poseído por un espíritu de adulación cercano al peloteo, que le permite pasar por alto la imposibilidad de elogiar a Putin y a Bush simultáneamente, que le obliga a ensalzar al actual mandatario estadounidense como “hombre de grandes principios, de gran visión”. Olvida ser un político y reverdece los fastos de su pasado, de hombre de negocios, que destacaba en marketing y relaciones públicas. Siempre ha estado (genuinamente) convencido de que la alianza de su Gobierno con los EEUU favorecería a los productos italianos en el mercado norteamericano respecto a otros (franceses y españoles), ya que le garantiza una posición prioritaria que él mismo explicaba así: “Italia atraviesa una fase de simpatía que hace que este mercado sea favorable a nuestros productos”. Siendo sincero, la argumentación, carente de base económica, no termina de convencerme.

Su intervención se concluyó con la bonita frase de “quisiera cerrar mi declaración expresando al presidente Bush mi agradecimiento, mi amistad, mis felicitaciones, mi amor y mi aprecio” y, en un ímpetu de cariño para correr a abrazar a Bush, rompió el atril, exclamando “esto es lo que puede hacer el demasiado amor”. Finalmente, en medio de los aplausos, decidió salir del escenario de su pequeño espectáculo (tragicomedia) al estilo de las telepromociones de la mañana, tocando la fibra sensible del pueblo norteamericano: “A todos vosotros mis deseos más sinceros para que cada uno pueda realizar los sueños y proyectos que lleva en el corazón, por vosotros, por vuestros seres queridos y por toda América”. Desconcierto y un punto de vergüenza. Sobre todo si tenemos en cuenta que Berlusconi ya ha declarado su apoyo al candidato republicano John McCain (discutible o menos), motivándolo bien: “así en el próximo G8 no seré el más viejo”.

¿Cómo reaccionan los frentes al Berlusconi versión “embajador de Italia al exterior? ¿Y respecto a sus medidas en política nacional? Pues, el presidente del Milán ha alcanzado el máximo nivel de popularidad política (un 62%), casi nueve puntos más que en mayo, cuando ganaba ampliamente las elecciones. Eso en parte es el resultado de la ausencia de oposición, de la falta de alternativas políticas, de un Partido Demócrata creado y hundido en el mismo momento, de un Veltroni que se estará preguntando por qué diablos dejó la alcaldía de Roma. Además, podemos añadir la fascinación hacia un personaje acostumbrado a actuar por encima de la ley, rico, astuto, simpático y play-boy (!) Pero aquí también la explicación no termina de convencerme. De momento, no me queda más remedio que pedirles disculpas.

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