Lo de menos es la influencia que pueden tener en las elecciones autonómicas y municipales, aun siendo considerable. Lo de más es lo que se prepara para las elecciones generales el próximo otoño. Entre las múltiples operaciones para atraer votos que el sanchismo ha puesto en marcha, no es la menor dar facilidades a los electores en el extranjero para que, sin rogar el voto, hagan efectivas sus papeletas. Aparte de eventuales trampas que vuelan en el ambiente, la realidad es que más de un millón de electores podrán ejercer el voto el próximo 28 de mayo.
La incidencia en Asturias sería del 14,7%, en Tenerife del 13,86%, en Cantabria del 8,8%, en Madrid del 7,7%... Dada la igualdad en la competición, los electores que voten en el extranjero podrán inclinar la balanza en algunos sitios hacia uno u otro lado. Y son muchos los observadores que apuntan cuál será la dirección más probable dada la actividad de muchos de los diplomáticos afines al sanchismo.
Pedro Sánchez y su entorno más cercano están dispuestos a echar el resto para quebrantar las encuestas y que el resultado final de la doble experiencia electoral en este año de 2023 favorezca al sanchismo. Es natural lo que están haciendo, incluidas las ayudas económicas, las tentaciones diversas, las becas sin tino y la introducción en el censo de migrantes y otros colectivos nacionalizados. La pugna electoral siempre ha sido implacable y cruel. Mientras no se hagan trampas es necesario aceptar democráticamente las estrategias de unos y otros. Lo que parece claro es que Alberto Núñez Feijóo no se puede dormir sobre los laureles de los sondeos si no quiere llevarse una sorpresa mayúscula en las urnas. Es necesario que el Partido Popular abdique la euforia e intensifique el áspero trabajo electoral.