Nada nuevo bajo el sol. Las navajas cachicuernas han desnudado sus vainas de doble filo. Durante el mes de mayo, en la campaña electoral que se ha iniciado ya, ocurrirá lo de siempre: bulos, mentiras y manipulaciones. Y también insidias y algunas calumnias. Todo ello forma parte del tejido de unas elecciones libres. Tezanos no es un caso aparte. Se encuentra instalado en la lógica del sistema. El partido del Gobierno, el de la oposición y las agrupaciones menores se entregarán durante todo el mes de mayo a las exageraciones, las medias verdades que son mentiras, las denuncias personales con aroma de escándalos y todo aquello que pueda abrir heridas en la carne del rival.
España no es una excepción. En toda la Europa democrática ocurre lo mismo. Y son muchos los personajes de envergadura que huyen de la política porque no quieren someterse a la manipulación y la insidia. Embarcarse en la caravana electoral significa sufrir el acoso del pim-pam-pum y de la insidia política. Hay que tener mucha vocación o descarnada ambición para soportar lo que se viene encima, del Rey abajo, todos. La práctica de denigrar al adversario, de escudriñar su vida íntima, de exagerar sus defectos, de jibarizar sus virtudes, forma parte natural del sistema electoral. Claro es que existen leyes que defienden la imagen de los políticos. Pero durante la campaña de las elecciones se llega hasta el borde del precipicio y en ocasiones se vulnera, generalmente de forma impune, el respeto debido a los demás.
Este año, con un Pedro Sánchez que lucha a la desesperada contra las encuestas, que padece la agresión de los sondeos y que se juega mucho de cara a las elecciones generales del otoño, se multiplicarán linchamientos y descalificaciones. Hierve ya la olla electoral, a punto de explotar, pero el ciudadano medio aceptará con resignación los histerismos y los acosos que se le vienen encima.