Tristán e Isolda, que comparte cronología con la gestación de El anillo del Nibelungo, supuso un punto de inflexión en la vida y obra de Wagner, que llevaba varios años concentrado en su tetralogía. Su estreno hace más de 150 años en Múnich causó perplejidad, porque con él el genio de Leipzig asentaba definitivamente las reglas de su drama musical. Para Wagner el drama era inseparable de la música; era su razón de ser. Estructuralmente, cambió la clásica obertura por un preludio, suprimió las arias diferenciadas para cada personaje recurriendo a los leitmotivs para anunciar su presencia, describir su tragedia personal, sus anhelos, o su estado de ánimo. Armónicamente, sus soluciones a menudo resultaron extravagantes para la época, calificativo éste dado por él mismo. Tristán e Isolda es sin duda la obra más innovadora de Wagner, aunque el autor no buscaba tanto saltarse las reglas convencionales de la composición como dotar al personaje de Tristán de la expresividad que consideraba necesaria.
El argumento de Tristán e Isolda entronca para algunos estudiosos con la tradición oral. Ambientada en la Irlanda dominada por los vikingos en el siglo X, su antecedente más antiguo es una leyenda medieval fraguada por la poesía medieval francesa del siglo XII, que aún se conserva en algunos poemas provenzales; relata el amor adúltero de un caballero de Cornualles con una princesa irlandesa. En la obra de Wagner, Isolda, la princesa irlandesa, es escoltada por Tristán en barco hacia Cornualles, donde se casará con el rey. En el pasado, Isolda, por piedad, había salvado de morir a Tristán, herido tras haber dado muerte al prometido de Isolda. Cuando ya divisan tierra, Isolda decide dar a Tristán un filtro para que muera, tras lo que ella también beberá y morirá. Pero el aya de Isolda, Brangäne, decide cambiar el filtro de la muerte por el del del amor.
Volviendo al tema de la "extravagancia" en la obra de Wagner, la extrañeza no radica tanto en la relación entre drama y música como en el lenguaje musical del compositor, que resulta sorprendente precisamente porque parte de los dictados convencionales para derivar en algo totalmente nuevo: la armonía es exuberante, el cromatismo parece no tener límite (un cromatismo que toma de Mozart y Beethoven y que luego desarrollará aún más, en el Romanticismo tardío, Richard Strauss). La tonalidad es nómada: parece vagar de un sitio a otro sin descanso ni lugar donde refugiarse (todos estos recursos, es cierto, Wagner los pone al servicio del retrato que hace de las pasiones de sus personajes; de ahí la calificación de su obra operística, hecha por él mismo, como drama musical). El llamado "acorde de Tristán" está considerado una de las mayores innovaciones musicales de la segunda mitad del siglo XIX. Compuesto sobre dos tritonos (en realidad, dos acordes de cuarta aumentada superpuestos en relación de semicadencia), el acorde tiene una resolución totalmente atípica; no sobre la habitual tónica, sino sobre un acorde de séptima de dominante en el que la quinta está disminuida (lo que no desagrada, dada la tensión ya generada en el espectador con los intervalos de cuarta aumentada), de modo que la resolución sobre La menor -ambigua- no se produce por cadencia perfecta, sino de forma figurada. Complementariamente, Wagner se sirve de varias apoyaturas de las que se ha dicho que derogan momentáneamente el sistema tonal, en vigor desde el siglo XVII. El famoso acorde forma parte de uno sólo de los motivos (el motivo del deseo) de nuestra obra e impregna todo el Preludio del Acto I, si bien en el personaje de Tristán conviven desde el primer momento toda una amalgama de leitmotivs: el otro motivo principal es el "motivo de la mirada", que coincide con el momento del enamoramiento de los personajes.
Como el rey Marke cantó el barítono bajo alemán Franz-Josef Selig. Otra sustitución en el elenco de voces fue la ya anunciada a principio de la temporada de John Lundgren por Thomas Johannes Mayer en el papel de Kurwenal, quien aúna, al igual que los anteriores, excelentes cualidades vocales e interpretativas; y lo mismo puede decirse de la mezzosoprano Ekaterina Guvanova en el papel de Brangäne. En el papel de Melot, compañero de Tristán, cantó Neal Cooper, el rol del timonel corrió a cargo del barítono onubense David Lagares, el de un marinero fue interpretado por el tenor santanderino Alejandro del Cerro y el tenor asturiano Jorge Rodríguez-Norton encarnó a un pastor.
Al frente de la Orquesta y del Coro del Teatro Real estuvo el director de origen ruso y afincado en occidente desde 1975 Semyon Bychkov, ovacionado y muy aplaudido la noche del martes.
Debido a la extensión de Tristán e Isolda, sólo se han previsto cuatro representaciones. Las próximas tendrán lugar el 29 de abril y los días 3 y 6 de mayo (2023).