Cultura

La búsqueda de la reconciliación entre la tradición y el efímero presente: O auto das animas

El cineasta Pablo Lago Dantas, director de 'O auto das animas'.

ENTREVISTA

Javier Mateo Hidalgo | Miércoles 03 de mayo de 2023

"La muerte y la vida. En pocos lugares se vive como aquí. Parece que ambas están agarradas por un puño que no las suelta, con tanta intensidad que se sienten en cada latido de la palma de la mano, que no nos deja reír, llorar, rememorar u olvidar. Cuando mi abuela muera no habrá más aguardiente con que celebrar, por unos momentos, la fantasía de que ese puño dejó de apretar."

Con estas palabras, expresadas a través de la voz narradora, el film O auto das animas nos presenta una catarata de reflexiones en forma de imágenes, como espectros ilusorios que buscasen tomar la forma sólida de las piedras en esa Galicia ancestral, mágica y dada a la melancolía. Cómo no sentirla ante esa unión tan fuerte entre eros y thanatos, presente en el recuerdo de los antepasados, en los rituales religiosos y paganos; celebraciones que, como el eterno retorno, vuelven siempre para visibilizar lo que existe y dejó de existir. Canciones y ruinas que aparecen y se tamizan entre jirones de niebla y humo de hoguera y aguardiente.

Pablo, protagonista de la historia a través de su voz e incorpórea presencia, regresa tras un largo viaje apartado de su familia. Siente la necesidad de regresar a su lugar de origen, en torno a las personas responsables de su existencia, pero parece no encontrar unas raíces lo suficientemente consistentes como para sentirse unido a ellos. Tiene la impresión de que juzga y es juzgado, le gustaría aceptar las cosas como son y sin cuestionarlas, como hace Alicia, la matriarca, el primer eslabón visible de su árbol genealógico. Él representa el último, parece cerrar la dinastía, darle fin. Quisiera entender la espiritualidad de su abuela, la forma de ver la vida y la familia que tiene su padre. Escucha a su madre hablar de los silencios de su vida, las esperas en el hogar mientras otros lejos faenan. Ella también lo hace, como una Penélope perpetua, que limpia sus prendas en el lavadero. Una vida dura y plagada de ausencias. Tal vez Pablo, con su voz narradora, se encuentre no tan cercano a Alicia -de poderosa presencia, como el personaje interpretado por Margarita Lozano en La mitad del cielo (Manuel Gutiérrez Aragón, 1986)- como de Santi, hombre desengañado de la vida, a ratos divertido y a ratos críptico, pintor y gustoso de cantar, que no cree que haya nada después de la muerte. Su duro trabajo como aguardenteiro, su cuerpo ajado, cubierto por los pliegues de su piel y las marcas de sus huesos -como un Ribera o un Fortuny- es puro barroco o vanitas. Un bodegón encarnado del Siglo de Oro. Aún así, buscará la reconciliación entre la tradición y el efímero presente.

O auto das animas es una película hermosa, a caballo entre lo poético y lo documental, que permite al espectador dejarse llevar por sus evocadores caminos, por su hermosa fotografía y por sus planteamientos conceptuales. Pablo Lago Dantas traza una narración plena de sugerencias, reposada y a la vez capaz de inquietar, invitando a la reflexión. Su poderosa fuerza le ha permitido estrenarla mundialmente en la sección "Competición internacional de largometrajes" del festival Visions du Réel. En mitad del fragor de esta deliciosa batalla y de su inminente traslado a Los Ángeles, nos ha concedido una entrevista a través de la cual poder desentrañar todavía más, los secretos esenciales de su film.

Pregunta: ¿Cómo surge la idea de llevar a cabo este proyecto fílmico?

Respuesta: Pienso que esta historia ya estaba dentro de mí desde hace mucho tiempo. Parte de la necesidad que tuve de alejarme de la familia y del lugar de origen para buscar mi propia personalidad, mi propio camino, lejos de esta presión social tan fuerte que hay en el ambiente rural gallego. A medida que iba madurando, me daba cuenta de que había muchas cosas de esa forma de vivir que echaba de menos en mi vida actual en la ciudad. Al mismo tiempo, al igual que había cosas que me faltaban, cada vez que volvía a Galicia mi mirada iba cambiando. Veía a mi abuela acercarse al final de sus días y desvanecerse su manera de ver el mundo. También se iban las tradiciones. En definitiva, vislumbraba un futuro para este lugar completamente diferente a su presente y a su pasado, a cómo era o lo veía cuando era pequeño. El lugar donde nací, crecí y me eduqué. Todo esto generaba un conflicto, un malestar interior que tenía la necesidad de explorar. Me di cuenta de que tenía una historia que contar y que el cine se presentaba como la herramienta más ideal para ello. El lenguaje que yo encontraba más natural para expresarme.

P: En este sentido, partes de tu historia personal pero, por otro lado, lo llevas a cuestiones muy universales: la tradición en confrontación con con la modernidad, cómo se perciben las cosas ahora y cómo se veían antes, en un tiempo no muy lejano y a través de los familiares. Esto nos podría llevar al llamativo título del film. O auto das animas alude al sentido de la representación teatralizada y religiosa. ¿De qué forma precede a lo que vamos a ver?

R: Como tú dices, un auto tiene esa forma teatralizada, pero también es como un ritual. Es la misa que el cura ofrece a las almas que están "vagando perdidas", como dice mi abuela. "Ánimas" que después de muertas están presentes entre nosotros y no encuentran el camino hacia el Cielo o el Infierno. En ese sentido, este ritual les ayuda. De alguna manera, la película es también para mí como una especie de ritual que me ayuda, con mi abuela como guía, a encontrar mi camino. El camino de la vida, para estar seguro de las decisiones que he tomado y sentirme más a gusto, aceptando quién soy y a dónde voy. A no tener miedo de la muerte.

P: Viéndote como narrador en la película da la sensación de que estuvieras en una especie de purgatorio o "no lugar", porque no encuentras tu "yo" lejos de casa ni en el ámbito familiar. Por eso, cuando vuelves a tus orígenes, se produce ese conflicto.

R: Lo has definido muy bien como "purgatorio". Así lo he pensado muchas veces. De hecho, con el escenario de la bodega quería reflejar ese ambiente de confidencia, a través de los propios humos que se generan con la elaboración del aguardiente, que abren una puerta hacia otro lugar, hacia esa parte invisible. También con la idea de mi abuela enfrentándose a su propio destino, a su propia identidad. Hacer una reflexión sobre su vida cuando se va acercando a la muerte, que le sirva a ella pero que me sirva a mí también. También meditar sobre ese mundo simbólico que ella representa, antes de que desaparezca del todo. Para mí era muy importante dar visibilidad y voz a mi abuela, porque pertenece a esa parte de la población excluida del discurso público. La gente mayor está muy silenciada y más especialmente la mujer mayor. Mi abuela no fue a la escuela y no sabe ni escribir ni leer. Me parecía fundamental darles la oportunidad de expresarse, de conservar su memoria también por nosotros. Creo que tenemos mucho que aprender de ellos. Y no es el único sector poblacional. Los años 70 y 80 fueron muy duros en Galicia con la droga, en concreto con la heroína. llevó a muchas personas a un lugar marginal, como le pasó a Santi, que perdió a su familia y amigos. Creció sin ninguna formación y a su edad es muy complicado ganarse la vida. Al final siempre está con trabajos temporales, hay una precariedad evidente. Él tiene casi 62 años y por desgracia, como él, hay mucha gente.

P: A su vez, Santi tiene una personalidad muy dura y una idea clara de las cosas. Luego tiene esa faceta artística que llama tanto la atención.

R: Así es. De hecho, busqué crear un paralelismo mostrando cómo pinta su propio autorretrato al mismo tiempo que con la película también intento hacer una especie de autorretrato. Reflejando su mirada artística, la contrapongo a la de la sociedad tradicional, que no la comprende y, por ello, no termina de encajar en ella.

P: En tu película se palpa un ambiente misterioso y místico o sobrenatural. Esto lo consiguen algunas imágenes metafóricas muy poderosas, como la escena de los miembros de tu familia observando al personaje de Santi, acurrucado en el camastro; o la que sirve de inicio y cierre de la película, donde un personaje se encuentra postrado en la cama mientras otro permanece sentado a su lado, en la penumbra. De este modo, fusionas elementos autobiográficos con otros poéticos y pictóricos. ¿Cómo definirías su naturaleza?

R: Yo la definiría como una exploración completamente subjetiva. Una experiencia en la que intentar conectar, a través de mi mirada, con ese mundo tan específico. La imaginería del film resulta de una búsqueda interior, en el subconsciente, hacia todo lo que se creó desde fuera durante mi niñez. Su idiosincrasia gallega y familiar. Creo que mi personalidad cultural y artística se fraguó en este lugar.

P: Desde luego, aportas una visión muy personal y estética de todo ello. Se aprecia cómo está detrás tu mirada y eso es muy importante a la hora de hacer cine. Distinguirse de otro tipo de narrativas y hacerlo de una forma innovadora. En la película parece haber una especie de trabajo de campo en el que buscas comprender tu historia a través de la comprensión de los miembros de la familia. ¿Te lo planteaste como una investigación necesitada de conclusiones?

R: La idea principal era aprender a comunicarme. Me costó buscar las preguntas precisas, pero no había tanto la necesidad de encontrar una respuesta como de generar ese espacio de comunicación desde un lugar honesto. Durante este trabajo, me topé principalmente con una dificultad de comunicación por la propia educación recibida en Galicia. Sobre todo, cuando los hombres tratan de no hablar de las emociones, creando una coraza, como si no pudiesen sentir debilidades. Yo quería romper esta barrera invisible que nos hace alejarnos los unos de los otros y, a través de ello, generar un espacio donde compartir experiencias. Considero que nuestra generación tiene la obligación de romper estas barreras y comunicarnos más y mejor. También me he dado cuenta de que, a pesar de todas las diferencias que pueda haber -culturales, ideológicas, etc.-, la base de la relación que tengo con mi familia es el amor y eso es lo más importante.

P: Galicia tiene una gran presencia como paisaje y como conformadora de una cultura, una historia y una forma de ver la vida. ¿Cuánta importancia crees que tiene en el origen de este film?

R: Galicia tiene mucha importancia. Partiendo de esta especie de catolicismo tan particular con base espiritista, en el que mi abuela es capaz de comunicarse con su abuelo muerto; donde hay una relación especial con lo invisible, con lo que hay detrás. Como todos estos bosques frondosos y húmedos donde, cuando eres pequeño, no sabes lo que te vas a encontrar. Al mismo tiempo está la ría, tan impresionante, que a mí me hacía preguntarme siempre qué había más allá, detrás de todo esto. Además, el escenario lluvioso y de niebla favorece mucho la introspección, mezclándose el propio paisaje exterior con el paisaje interior en una especie de confusión. Esta cosa de la que habla Unamuno que nos rodea y que todo lo confunde. Esta identidad tan fuerte conforma también mi propia personalidad artística, mi mirada. Es lo más importante para la película, porque al final se trata de una historia relativamente sencilla pero narrada desde una mirada propia. Cuenta lo que quieres expresar, qué quieres enseñar.

P: ¿Qué buscas transmitir en el público con este universo tan personal que te describe como cineasta y creador?

R: Como creador busco invitar al público a descubrir este mundo que forma parte de mí a través de mi mirada, que el espectador sea capaz de conectar con mis propios conflictos y reflexiones. A pesar de ser una realidad muy concreta y una historia muy particular, creo que presenta varios temas universales: la familia, el tiempo, la muerte, la comunicación, la identidad, la reflexión sobre las propias decisiones de vida, la libertad, la soledad. Al final se trata de comunicar experiencias, vivencias, formas de ver las cosas. De hecho, es muy interesante que la película haya sido vista por personas de diferentes procedencias y que éstas me hayan comentado cómo se han llevado mi propia historia a su terreno, sintiéndose comprendidos. Esto habla del potencial para conectar con otras vivencias, pasando de lo particular a lo universal. Creo que para conseguir esto hay que trabajar desde la intimidad. Si cuentas historias genéricas siempre se pueden entender, pero no conectas de ese modo con el público. No hay esa profundidad.

P: ¿Cómo tuvo lugar el proceso de escritura de la historia y su posterior materialización? ¿Se asemejaba a lo que tenías en mente o buscabas que fuese construyéndose durante su desarrollo?

R: Siempre estuve muy abierto a la idea de que la historia se fuera construyendo y estar atento a todo lo que pasaba, pero creo que lo que más me costó aceptar fue la importancia de mi personaje. Al principio realmente no quería tener tanto peso en la historia. De hecho, intenté sin éxito alguna estrategia para evitar hablar con los personajes. Me di cuenta que si quería sacar adelante esta historia tenía que ser yo quien hablase con ellos. Mojarme, saltar al barro y salpicarme. A partir de ahí, profundicé en mis propios conflictos para poder tener una relación más honesta con los demás personajes. Así fue creciendo un poco esta voz en off que tampoco al principio quería introducir pero que acabó siendo necesaria en la propia historia, dando pinceladas con las que entender un poco al personaje y la situación; esto te hace ver las conversaciones de otra manera, servir de guía al espectador hacia este mundo y poder generar estas reflexiones internas. Hacer un poco más íntima la película.

P: Cuéntanos un poco tu experiencia durante el rodaje.

R: La describiría como muy intensa. Al principio tenía miedo de hablar de mi familia, de mí mismo. Esto cambió cuando vi que mi familia y el resto de personas que participaba en la película se involucraba mucho en el proyecto, confiaban y creían en mí a pesar de no saber qué quería hacer. Teníamos la sensación de que estábamos haciendo algo importante para nosotros, algo real al remover tantas cosas. Pensábamos que de ahí podía surgir algo interesante. Poco a poco me fui sintiendo más cómodo en la idea de involucrar a mi familia. También, claro, me fui acercando mucho más a ellos. Desde entonces, la relación con mi abuela es mucho más cercana, al igual que con el resto de mi familia. Incluso con el propio aguardentero y con Santi. Por ejemplo, cuando organicé alguna celebración entre mi familia y los vecinos, era consciente de que estos encuentros no se celebraban tanto -ni siquiera cuando venía el aguardentero-. A partir de la película, esta tradición se fue recuperando -socializar de esta manera-. Aunque ahora ya no estoy allí con ellos, cada año repiten esta celebración: se juntan, cantan. ¡Incluso le hicieron una canción al aguardentero! Cuando la escuchó se puso a llorar de la emoción. Fue todo muy humano.

P: Es decir, que la propia película fue capaz de generar cosas positivas en la realidad.

R: Eso es. También he de decir que la experiencia fue dura, porque éramos un equipo muy pequeño y yo cargaba con bastante responsabilidades al dirigir el proyecto, ser director de fotografía e interpretar a uno de los personajes. No obstante, fue muy enriquecedor.

P: ¿Tienes proyectos futuros en mente o estás trabajando en alguno actualmente?

R: Normalmente trabajo como director de fotografía. Ahora me encuentro participando con este rol en dos proyectos en Barcelona que son también cine documental creativo. También estoy escribiendo un par de ideas nuevas para dirigirlas, pero sin prisas. Primero necesito descansar del proceso tan duro que ha supuesto la realización y el montaje de la película, disfrutando de su visionado y recorrido. Esta parte también es bonita y no quiero agobiarme mucho. Al final el proceso de una película es algo muy absorbente y quiero sentir la libertad de no estar siempre pensando en el mismo proyecto. A pesar de todo, es algo que me encanta y por eso quiero seguir haciendo cine. Realmente te da mucho, te hace sentir vivo.