Opinión

Promesas invasoras

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 03 de mayo de 2023

Miedo me da cuando los candidatos calientan la precampaña electoral tocando temas referentes a los mayores de 65 años. No es que quieran intimar con nosotros, es que pretenden comprar nuestro silencio a precio tasado. Juan Lobato, candidato del PSOE a la presidencia de la Comunidad de Madrid anuncia en primicia que piensa darnos 300 euros en concepto de bono cultural y turístico si se hace con los mandos de la Puerta del Sol.

Y me da miedo, como digo, porque todas estas “gangas” luego nos pasan factura, y es que estos gremiales del humo persiguen con ahínco la directriz del 2030 y lo único que les importa es el reclutamiento del voluntariado a base de estupideces subyacentes. Todavía me resuena una iniciativa de la señora Carmena, exalcaldesa de Madrid y no por ello mal hallada en mis respetos, queriendo implantar una norma colectiva de grado uno. En el aquelarre de ideas la mencionada corregidora capitalina propuso que los padres y madres de aquellos niños y niñas en edad de colegio público tomaran las riendas de la fregona y dedicaran su menesteroso tiempo en limpiar las dependencias escolares. Es decir, el trabajo gratuito en beneficio de la sociedad como necesidad de un organismo sano, o lo que es igual, proporcionar a cada individuo la posibilidad de desarrollar en todos los sentidos todas sus facultades tanto físicas como espirituales para transformar una carga en un placer. Es decir, la clásica terapia comunista “yo te doy algo gratis (escuela pública) pero tú me lo devuelves limpiando letrinas”

Dicho esto, claro que me preocupa que el señor Lobato ahora prometa darnos 300 euros con aparente coste cero; aquí, como entonces con la señora Carmena, vuelvo a recordar que los mayores estamos en las listas de seres potencialmente inoportunos y prescindibles y si además te gratifican con algo, pues ya saben, promesas invasoras que duros a peseta a formar con la bayeta. No olvidemos que los mayores de 65 años, ya de por sí casi todos jubilados, formamos parte de una preocupante nómina de haberes pasivos que a decir de los “expertos” es un lastre para cuadrar sobrantes de tienta. Así pues, tomando como gráfico el ejemplo expuesto, cabe suponer que nuestra misión sería la de coger la fregona social y sacarle brillo a los retretes, aulas, pasillos, despachos y ventanales por nuestra condición de abuelos garantistas. Dicho a las claras, si no friegan los hijos, fregamos los padres.

Ese y no otro es el plácet de estas prebendas que en el zoco de las mentiras dicen regalar alfombras voladoras o incluso lámparas maravillosas que al frotarlas no saldrá un genio al uso, sino 131 “playas” en Madrid repartidas por cada uno de sus barrios. Dicho en esta ocasión por el atleta Roberto Sotomayor, candidato de Podemos-IU-Alianza Verde a la Alcaldía de Madrid; aunque por razones obvias en justicia impere el sentido figurado de la realidad y los madrileños quedemos privados de puerto de mar y puestas de sol en Trafalgar. Eso sí, la crema solar parece que será gratuita. En fin, lo siento por aquellos propietarios –no tenedores de pisos- que ya se frotaban las manos anunciando “Alquilo piso en Lavapiés, primera línea de playa. Magníficas vistas a la calle Tribulete. Estación de metro a pie de portal y a diez minutos del Rastro madrileño y del museo Reina Sofía”.

No es esta una buena época ni para los mayores ni para los adolescentes y lo digo bajo los efectos de una euforia contenida después de ver al joven Bolaños tratando de colarse en la tribuna de autoridades en el acto del 2 de mayo de Madrid. Para los que atesoramos mayoría de edad sabemos aceptar de buen grado las cosas del protocolo, pero estas mocerías políticas inducen a error cuando su jactancia les ciega el ego. A mí tampoco me ha invitado la señora Díaz Ayuso a pesar de ser el presidente de mi comunidad de propietarios y no por ello me he sentido menos importante ni menos madrileño.

En fin, que no me vendo por 300 euros que luego me reclutan para hacer trabajos comunitarios y no quiero que me coma el tigre disfrazado de urna. Es lo que tienen las promesas invasoras.