Pedro Sánchez, para conseguir el plato de lentejas de media docena de diputados bilduetarras, ha cedido en muchas cuestiones a sus exigencias en el País Vasco y Navarra. Y aparte de cubrirles de dinero, más o menos enmascarado, les ha otorgado el traslado de los etarras, muchos de ellos con delitos de sangre, a las cárceles vascas, convertidas en confortables hoteles para los autores de atentados espantosos que aterrorizaron a la sociedad española durante largos años. Y entre las víctimas del terrorismo etarra, por cierto, destacados líderes socialistas.
Pedro Sánchez ha conseguido de Bildu el apoyo parlamentario que necesitaba para mantenerse en el poder o para sacar adelante algunas leyes. El partido heredero de Eta mantiene su posición en contra de la Constitución y no cede en nada. El Gobierno vasco del PNV en esta cuestión hace el juego a los proetarras y se beneficia de la política del ministro del Interior del Gobierno sanchista.
Indignan a unos, escandalizan a otros, las concesiones sanchistas a favor de los presos de Eta. Y existe la idea general, incluso en los medios serios del PSOE, que no se pueden hacer ciertas concesiones ni otorgar destacadas subvenciones a quienes durante largos años ensombrecieron la tranquilidad de España y contra los que Felipe González luchó de forma abierta y denodada.
El traslado de etarras a las cárceles vascas está ya casi consumado. A Pedro Sánchez parece importarle poco la indignación, incluso de sus propios partidarios, porque ha conseguido lo que quería: un puñado de votos, el plato de lentejas de una concesión indecente que muchos lamentan.