Gran portada del diario ABC hoy: “Bildu mete en sus listas electorales a siete asesinos de Eta y otros 37 condenados”. Nada nuevo bajo el sol. Todo el mundo lo sabe: Bildu es el brazo político de Eta, el partido sucesor de la banda criminal. Nunca lo ha disimulado. Jamás ha condenado los crímenes de Eta. Siempre ha mantenido el espíritu etarra, aunque cuando a la banda le convino cesaron los atentados y asesinatos.
El problema en todo caso no es Bildu. El problema que sacude a nuestra clase política es que Pedro Sánchez, necesitado de los votos bilduetarras, ha pactado con ellos, los ha cubierto directa o indirectamente de dinero y ha cedido a sus exigencias trasvasando a los criminales y condenados de Eta a las cárceles vascas, convertidas en cómodos hoteles para solaz de los que durante largos años atemorizaron a España, asesinando a civiles, policías, guardias civiles, militares y numerosos políticos de varios partidos, entre ellos, y de forma destacada, a los del PSOE.
Por el plato de lentejas de un puñado de votos, Pedro Sánchez se postró de rodillas ante los bilduetarras y los cubrió de prebendas. La reacción de un ancho sector de la opinión pública española fue fulminante y los sondeos demoscópicos acusaron el rechazo de la ciudadanía a la indignidad del pacto con los bilduetarras que, además, han abofeteado al presidente del Gobierno español en pleno rostro presentando en sus listas electorales para el 28-M a siete asesinos de Eta y a otros 37 condenados por la Justicia.
Inútiles verborreas, inútiles sofismas, inútiles explicaciones pueriles. Para mantenerse en el poder, Pedro Sánchez, genuflexo ante Bildu, ha protagonizado la imagen de la indignidad política y de la indecencia nacional.