Al fin. El Giro de Italia 2023 empezó a parecerse este sábado al Giro de Italia. Este viernes habían perdido los ciclistas una oportunidad enorme de rendir tributo a la esencia espectacular de esta carrera en la ascensión al Gran Sasso, pero este sábado no aguantó más las ganas de atacar Primoz Roglic. El esloveno cedió demasiado en el prólogo y tiene hambre. Quiere reivindicarse cuanto antes, sembrar dudas en la mente de Remco Evenepoel y recortar distancias lo más rápido posible.
Suyo ha sido el movimiento que ha devuelto el maltrecho interés a la 'corsa rosa'. Porque el belga, maillot arcoíris y vigente campeón de la Vuelta a España, cedió terreno ante el cambio de ritmo del líder del Jumbo Visma en la segunda ascensión al puerto de I Cappuccini, una subida de cuarta categoría pero que estaba colocada en el kilómetro 201 de la etapa que discurrió entre Terni y Fossombrone. Se coronaba a siete kilómetros de meta y los grandes favoritos lo sabían y se remangaron.
Entretanto, muy por delante del pelotón se lució Ben Healy. Este irlandés del Education First, que sólo tiene 22 años, está llamado a comandar a la hornada juvenil que viene empujando. Y en actuaciones como la de esta jornada se comprueba el motivo. Culminó, en solitario, el trabajo acumulado por los trece fugados que a falta de 68 kilómetros para la conclusión de la octava etapa ya contaban con una distancia definitiva con respecto al gran grupo. Fue el mejor en un desafío que sumó un desnivel de 2.500 metros.
Healy se escapó con una potencia contundente, extraordinaria, en la primera subida a I Cappuccini, a 50 kilómetros de meta. A partir de ese ataque despegó con una jerarquía que impresiona. Dejó atrás a compañeros de fuga como Carlos Verona (Movistar) y el canadiense Gee Derek y el italiano Filippo Zana, que completaron el podio del día. El irlandés autografió su hazaña atendiendo simplemente a su propio ritmo. Simplemente, entre comillas. La dificultad quedó arrinconada por la clase y fuerza de su fondo y puso la guinda con una ventaja rotunda.
Por detrás se afrontaron las ascensiones con una calma que rimó bien con la pasividad vista el viernes y con la amenaza en forma de contrarreloj de 35 kilómetros que se desatará este domingo. No se registraron maniobras de equipos o acelerones ni siquiera en el puerto más exigente de la jornada, el Monte delle Cesane (2ª categoría). Se abocaron unos y otros a una plácida marcha que entregó la victoria de etapa a los escapados. Y que sembró de impotencia y frustración a los aficionados y a los organizadores del Giro.
Hasta que comenzó la subida final a I Cappuccini, a falta de 11 kilómetros para meta. Con una ascensión de 3,6 kilómetros por delante y sólo un kilómetro y medio para hacer daño, el Bora quiso propulsar a Vlasov. Aceleraron los alemanes y rápidamente tomó posiciones delanteras Roglic. No estuvo tan delante Evenepoel y más adelante se entendería el motivo, ya que el belga no reaccionó al ataque de Primoz. Bien por las consecuencias de su doble caída, bien por un problema de base en su forma física, Remco tardó el responder y no llegó a cerrar el hueco. Es más, antes de hacer cima le superaron Tao Geoghegan-Hart y Geraint Thomas. También Joao Almeida.
Le salvó al campeón del mundo que el puerto no era largo y consiguió minimizar la pérdida de tiempo a 15 segundos. Pero las sensaciones constituyen la verdadera derrota de esta tarde. Roglic demostró que está fino para dañar en cuanto se le presente una ocasión. Y la primera de ellas será la crono de este domingo. El interés se dispara por obra del segundo gran favorito y por detrás aguardan errores unos cuantos gallos que podrían escalar posiciones durante las dos duras semanas que quedan. Ya ha prendido a mecha. El liderato de Andreas Leknessund, que aguantó a rueda, corre serio peligro. Este sí es el Giro.