Opinión

La mujer en el siglo XXI

TRIBUNA

Emilio Arnao | Domingo 14 de mayo de 2023

La mujer en el siglo XXI es la mujer de la Historia y del Tiempo, el Tiempo dentro de la Historia, un hoy que es aquí, un ahora que está dentro del punto, un instante redondeando el Ser, Tiempo estando y siendo, céntimo de un segundo detenido hacia delante.

Quiero decir que la mujer, todas las mujeres de este ya siglo XXI, no es que sea la mujer, sino que granita una totalidad de sonoros te quieros.

La mujer del siglo XXI -no me lo negarán ustedes, los de la bancada de enfrente- pone caracolas en la tierra de las instituciones públicas y privadas, caimaniza el fuego de las naciones y los pueblos, majestualiza el aire de los campos, los ríos, las selvas, los continentes que ya visten en pañuelo blanco, y despierta, con sus silbos de Clara Schumann, el agua de la humanidad completa.

La mujer del siglo XXI -pese a que a algunos milhombres con corbata de galán en tecnicolor, traje negroide de otros siglos y bigote de Mein kampf- es niña y anciana, poema en alejandrino y los manuscritos del Mar Muerto digitalizados gracias a la lucha de las ancestrales generaciones calzadas y antropológicas. La mujer del siglo XXI continúa siendo la señora del Paleolítico que curtía las pieles, pintaba en las cuevas, fornicaba con los océanos y, al tiempo del tiempo -la Historia y el Tiempo-, engendró las mejores civilizaciones que se recuerdan.

Y es que nadie puede negar ya que lo femenino -que no sólo es fémina, sino músculo masculino en todas sus derivas y extensiones-, tras superar lo mítico, lo pinturero, el folclore y el hogar con su cuna en balanceo, finalmente celebra los tres cerebros que ocupan el definitivo ser humano. Esos tres cerebros se cartografían desde los intestinos, el corazón y la mente por que se conforme el atlas real y global de este actual mundo sin vuelta atrás posible.

Y nadie podrá dudar que la mujer ha dejado atrás el paritorio, la lavadora, el confesionario y el gorro pastoril para timbrar definitivamente la esencia pura de todas cosas en su extensión más alargada.

Lo libre, lo igualitario y lo fraterno -con o sin teta, que a Delacroix ya le da lo mismo- cimentan en la hembra este espacio revolucionario que es danza y completud.

Y acabo yo este artículo quizá excesivamente metafórico o ilógico -que cada uno entienda lo que deba comprender- con estas palabras de un entremés del gran Miguel de Cervantes:

[Chirinos] El diablo ha sido la trompeta y la ven[i]da de los hombres de armas; parece que los llamaron con campanilla.

[Chanfalla] El suceso ha sido extraordinario; la virtud del Retablo se queda en su punto, y mañana lo podemos mostrar al pueblo; y nosotros mismos podemos cantar el triunfo desta batalla, diciendo: ¡Vivan Chirinos y Chanfalla!