En el entorno de Pedro Sánchez la preocupación crece. La opinión pública espera una condena rotunda de Bildu por parte del presidente del Gobierno, así como el compromiso de cancelar cualquier pacto con los proetarras. Pero aparte de que en el futuro el líder socialista necesite la media docena de votos bilduetarras, lo que preocupa en Moncloa es que Arnaldo Otegui tire de la manta y cuente el contenido de las negociaciones y los acuerdos que el sanchismo ha enmascarado con los bilduetarras en los últimos años.
Sabemos que, a cambio de sus votos, Sánchez ha cubierto directa o indirectamente de dinero a Bildu. Sabemos que ha trasladado a las cárceles vascas a la práctica totalidad de los presos etarras. No sabemos qué compromisos ha podido contraer, aparte de los que se puedan comprar. Tal vez el apoyo sanchista a la gran maniobra bilduetarra para derrotar al PNV y asumir la representación popular de las Vascongadas y Navarra. Quizá, y eso sería muy grave, el compromiso sanchista de facilitar un referéndum, con las puertas abiertas de un Tribunal Constitucional politizado y propicio.
El descaro de Otegui al presentar a las elecciones a 44 etarras condenados ha sido de tal calibre que Pedro Sánchez, en lugar de hablar de legalidades e indecencias, debería haber cortado amarras. Es posible que no lo haya hecho por torpeza. Pero son muchos los observadores sagaces que subrayan la debilidad sanchista ante los bilduetarras por los eventuales acuerdos subterráneos a los que se haya podido llegar.
La cuestión resulta tan candente que quema en la opinión pública. El Partido Popular hará bien en exigir aclaraciones y acorralar a Pedro Sánchez entre las cuerdas, acosándole entre la pared de la decencia y la espada bilduetarra de unos pactos que desconocemos, pero que tal vez existan.