Opinión

Suicidios de niños y adolescentes

TRIBUNA

José María Méndez | Martes 23 de mayo de 2023

Pongo en Internet “Instituto Nacional Estadística, suicidios de jóvenes”. Encuentro lo siguiente “Entre los 10 y 14 años los suicidios han aumentado un 41% más que en el año 2021. Entre los 15 y 19 años la tasa ha subido un 9,4%. Y entre los 20 y los 24 años la subida ha sido del 21%”.

Leo luego el trabajo de un médico que se pregunta “¿es éste un problema médico-psicológico exclusivamente? o “puede que sea un asunto más global, que afecta al tipo de sociedad que hemos creado?” (Arturo Pretel Pretel, “¿Crisis de salud mental en niños y adolescentes?” (Cuadernos de Encuentro, Nº 151, Pag. 35).

Este autor alude a diversas causas, que parecen obvias. Falta de comunicación con sus padres. Depresiones que llevan al fracaso y abandono escolar. El acoso escolar o violencia de los más fuertes sobre los más débiles. Pérdida de autoridad de maestros y profesores, que ni siquiera son respaldados por los padres cuando intentan corregir a sus hijos. La pornografía y el consumo de drogas, que la sociedad ha puesto al alcance de los menores de edad. Defectos y carencias en la enseñanza. Saben todo sobre el sexo, pero nadie les instruye sobre la castidad y los valores que afectan a la trasmisión de la vida humana. Los juegos de rol y su utilización abusiva en Internet, que fomentan el acoso escolar. Etc., etc.

Sin embargo estas motivaciones inmediatas y directas debiéramos verlas como las ramas podridas de un árbol, que está dañado en sus mismas raíces. Hay que ir al fondo del problema. Como sugiere el mismo Dr. Pretel, esas situaciones son consecuencias de la profunda degeneración moral de la sociedad occidental en nuestro tiempo, y la española más en concreto.

Estamos ante lo que Nietzsche llamó “Umwertung aller Werte”, la inversión de todos los valores. Lo que se debe hacer es el mal, y el bien es lo que se debe no hacer. Los pecados ahora son virtudes y las virtudes se han convertido en pecados. La conciencia moral se ha vuelto del revés. Se carece de cualquier brújula para distinguir entre lo bueno y lo malo. Cada cual decide a su arbitrio lo que está bien y lo que está mal. No hay valores objetivos y válidos para todos los humanos.

Cuando esto ocurre, el campo es ocupado inmediatamente por un único pseudovalor, “la ley del más fuerte”. Desaparece la tutela jurídica de los más débiles. Nuestra sociedad occidental se va pareciendo cada vez más a un campo de concentración nazi, en que los fuertes disponen a capricho de la vida de los débiles. Entonces eran los judíos, minusválidos físicos y deficientes mentales. Pero ahora los débiles somos la gran mayoría de los ciudadanos. Los fuertes acumulan todos los derechos, mientras que los débiles son despojados de ellos. Se ha llegado al extremo de negar al “nasciturus” el derecho a la vida, y en caprichosa paradoja se ha abolido la pena de muerte para los asesinos confesos y convictos.

Bien podemos tomar a España en nuestros días como ejemplo de esta trágica deriva de Occidente para terminar en un inmenso y atroz Auschwitz, donde impere sin oposición alguna la ley del más fuerte Van a coincidir en el tiempo dos hechos bien significativos.

Primero, el Tribunal Constitucional ha declarado que el aborto es nada menos que “un derecho” de la mujer. La licencia de los fuertes para matar a los débiles ha sido consagrada por la ley. La desprotección jurídica de los débiles es total.

Segundo, los asesinos de ETA van a salir elegidos como concejales, diputados y senadores. Los que mataron a sangre fría a Miguel Angel Blanco, contra el clamor de España entera en la calle, van a ser nuestros próximos gobernantes. Y para más escarnio a esto le llaman “éxito de la democracia”.

Vayamos por tanto al fondo del problema. Los valores éticos son objetivos y dan sentido a la vida humana. Lo vemos claro en la Regla de Oro. No hagas a los demás lo que no quieres que hagan contigo. O dicho de modo positivo. Si todos los humanos, todos sin excepción, vivieran un auténtico valor ético, todos sin excepción saldrían ganando y ni uno solo perdiendo. Es un experimento mental bien fácil de hacer.

Pongamos como ejemplo el valor ético de la lealtad, entendida como el cumplimiento de toda clase de pactos o acuerdos y el mantenimiento de todo compromiso verbal. Obviamente, si todos, todos sin excepción, fuesen leales, nadie saldría perdiendo. Nadie sería engañado. Todo el mundo haría honor a la palabra dada. Todos saldrían ganando.

Por eso la Regla de Oro es el criterio infalible para saber si algo es o no es un valor ético. No es tan difícil dar con la brújula que indica los valores objetivos y válidos para todos, si hubiera un mínimo de honestidad intelectual.

Los niños y adolescentes perciben de algún modo, sin duda confuso y oscuro pero en todo caso suficiente para engendrar su desesperación, ese lúgrube telón de fondo de una sociedad opuesta diametralmente a la Regla de Oro. Las causas inmediatas del suicidio pueden ser alguna de las citadas por el Dr. Pretel. Pero detrás de ellas los jóvenes suicidas vislumbran ese telón de fondo completamente negro. Intuyen de alguna manera el espantoso futuro que les espera: una vida sin sentido en una sociedad dominada por la ley del más fuerte y sin protección jurídica para los débiles. Presienten su futuro cautiverio en el horrendo Auschwitz que les espera.

No hay prueba más patente e irrefutable del fracaso de una sociedad que el suicidio de quienes no han cumplido los 20 años. Los niños y adolescentes que se suicidan huyen instintivamente de la esclavitud de vivir en ese inmenso y atroz Auschwitz en que se está convirtiendo lo que antes pasaba por ser nada menos que la “civilización occidental”, lo mejor y más avanzado de la humanidad.

Digamos lo mismo con el lenguaje de los economistas. Quizá se entienda aún mejor por qué razón niños y adolescentes entreven de alguna manera que su futuro es tan negro, que lo mejor es quitarse la vida. En efecto, la deuda de muchos Estados de Occidente, entre ellos España, ha superado con creces el 100% del PIB. El egoísmo y la ceguera de los mayores -los fuertes para ellos- no les pasa desapercibida. Los mayores se están dando un gran festín, pero nosotros, los que ahora somos niños, somos los que tendremos que pagar la cuenta. En vez de heredar de nuestros padres bienes positivos, sólo nos dejarán deudas a pagar. Para nosotros no habrá banquete, sino miseria y hambre.

Por debajo de las causas específicas y concretas que expliquen de modo inmediato el suicidio de un joven, está el problema de fondo de que ha captado de alguna manera la degeneración moral y humana de nuestra sociedad sin valores. Esa percepción será más o menos difusa antes de los 18 años. Simplemente les repele y repugna todo lo que ven a su alrededor. Pero puede ser completamente consciente y clara a partir de esa edad.

Viktor Frankl aprendió una fundamental lección en los espantosos años de su cautiverio precisamente en Auschwitz. La experiencia le convenció de que la cura de quienes desean suicidarse está en lo que él llamó después “logoterapia”. Curación por la racionalidad. Hacer comprender a los desesperados que su vida puede tener sentido. Entonces serán capaces de vencer la tentación de suicidarse, que es la única vía de escape cuando alrededor no se perciben valores que cumplan la Regla de Oro y den sentido a nuestra presencia en este mundo. Lo que necesita este inmenso Auschwitz en que se está convirtiendo Occidente es una especie de “logoterapia social”, la terapia de Frankl administrada de modo masivo.

Terapia masiva que obviamente debiera empezar por lograr que maestros y profesores estudien y aprendan axiología o filosofia de los valores, especialmente éticos. Entonces estarían capacitados para enseñar a niños y adolescentes cuántos y cuáles son los valores que dan sentido a la vida humana, justo porque cumplen la Regla de Oro.

Ofrezcamos una manera concreta de poner en marcha esta logoterapia masiva de Frankl. Si realmente fuera masiva, enseguida notaríamos su eficacia. Las tasas de suicidio entre niños y adolescentes empezarían a bajar, en vez de subir como hacen ahora. La editorial “Innovaética” acaba de reimprimir el “Curso Completo sobre Valores Humanos” que el autor de estas líneas ha impartido presencialmente durante muchos años. Este Curso Completo está también disponible On Line en la dirección e-mail axiologia@telefonica.net.

En este Curso se expone una Tabla de Valores Éticos. Por supuesto, todos cumplen la Regla de Oro, el método infalible para descubrir el sentido de la vida humana. Es la única Tabla de Valores Eticos racionalmente compuesta y disponible hoy día en el mercado. Todo el mundo habla de “educación en valores”, pero luego nadie es capaz de decir en concreto cuántos y cuáles son esos valores. Ni siquiera de dar una regla general que explique por qué “valen”, como decía Scheler.