El PSOE fue el partido más votado en las elecciones generales de 2019. Desde entonces se celebraron seis comicios autonómicos: Cataluña, País Vasco, Galicia, Madrid, Castilla y León y Andalucía. Excepto en las catalanas, en las que el PSOE con un marcado discurso constitucionalista, fue el partido más votado, pero sin lograr el poder, en todas las demás elecciones el sanchismo no ha obtenido un solo triunfo. La trayectoria derrotista se ha confirmado en estas elecciones municipales (las primeras de ámbito nacional desde 2019) y autonómicas. A pesar de tanto amago de repartir dinero y prebendas, cuál feriante de tómbola, Sánchez ha encajado una nueva derrota ante las derechas. Y probablemente en las próximas elecciones generales se certificará su derrota final, salvo que decida no presentarse como candidato. Con él al frente, el PSOE ha perdido incluso Sevilla. Imperdonable, que diría Alfonso Guerra. Quien siembra vientos no recoge votos. Las urnas no suelen dársele bien a Sánchez, quizás por eso las prefiera situadas tras una cortina y que anime a la gente a no acercarse a ellas, sino que vote por correo.
En estas elecciones han desaparecido practicamente de Ayuntamientos y Comunidades Autónomas dos partidos de los llamados nuevos: Ciudadanos y Podemos. En ambos, sus dirigentes llegaron a creerse un día que podrían dejar de ser partidos bisagra y convertirse en alternativa de Gobierno. De la misma categoría emergente es Vox, que aunque consolida poder territorial, sin embargo sigue resultando un partido complementario para el Partido Popular, el verdadero ganador de estos comicios tanto en sufragios como en gobiernos locales y regionales.
Mirando atrás, Feijóo llegó a la presidencia del partido solo hace trece meses, tras un episodio convulso de intrigas y linchamientos políticos. Logró superar aquella crisis rehaciendo la organización y además convirtiéndola en ganadora. Hoy, en Badalona, por mayoría absoluta. Hecho este muy significativo para entender la cuestión catalana. El líder popular prosigue una línea ascendente hacia La Moncloa. Ojala devuelva al Gobierno de España a la senda del consenso constitucional y a los españoles a la vía de la concordia. Falta hace. Como también un dirigente socialista impregnado del espíritu de la Transición y alejado tanto del odio guerracivilista como de la letal mentira.