Opinión

El ser humano y la guerra

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Lunes 29 de mayo de 2023

En unas recientes, interesantísimas y polémicas declaraciones, el gran científico español, Juan Luis Arsuaga, afirma: “Venimos del mono, bastante hemos conseguido”. Aunque más adelante puntualiza: “Somos monos, no venimos del mono”. Y también: “Compartimos el 99% de los genes con el chimpancé”. Pero seamos monos o vengamos del mono, lo que a mi me hace reflexionar es su dubitativa conclusión, “Bastante hemos conseguido”, en la que cabe su asombro ante los avances, en convivencia, de una raza tan autodestructiva.

En África, se produjo, hace millones de años, una falla gigantesca en el terreno que, ocupada por lo que hoy es el río Congo, separó a tribus de monos, de la misma familia, que evolucionaron de forma diferente. De un ancestro común proceden, en una orilla, los bonobos, que son de temperamento pacifico y que, como buenos hippies, hacen “el amor y no la guerra” y en otra los chimpancés que desarrollaron temperamento agresivo y se pasan la vida peleando, entre ellos, por el alimento, por las hembras, por el territorio y por el mando y la jerarquía. Sin duda, el ser humano procede de estos.

En cuanto a lo de “bastante”, una cosa que el Homo Sapiens, sin duda, ha conseguido es permanecer donde otras especies de homínidos, cuya lista sigue aumentando, han desaparecido vencidos por la hostil naturaleza o eliminados por otros parientes más hábiles o más crueles.

Y es seguro que el homo sapiens ha sobrevivido, de momento, por ser el más violento y mejor dotado para resistir la agresión de animales hostiles y para el dominio o exterminio de sus parientes.

Pero lo que está en cuestión es si, a pesar de los avances en convivencia que le imponen algunos extraños personajes, unos por la fuerza y otros por la persuasión que, a veces, les acarrea su propia inmolación, el homo sapiens no acabará destruyéndose a sí mismo como han acabado destruidas todas las razas humanas anteriores a él.

Volviendo, como tantas veces, a la premonitoria película “2001. Una odisea en el espacio”, rodada en los años sesenta, nada menos, vemos, en ella, anécdotas esclarecedoras de la historia de la humanidad desde el primer chispazo de inteligencia “humana”, hasta el momento en que su invento más evolucionado, la inteligencia artificial, trata de destruir a su creador.

Como no podía ser de otra manera, el primer chispazo de inteligencia surge, en el mono-hombre, cuando descubre que una quijada de mamíferos puede ser utilizada como arma, para la caza y para la defensa y agresión contra sus vecinos.

Vemos, después, una nave espacial, cuyo gobierno se ha encomendado a una máquina de inteligencia artificial. La máquina toma vida propia y llega a la conclusión de que los humanos, a los que debería obedecer, están traicionando el objetivo de la misión encomendada y decide y lo hace, asesinar a los habitantes de la nave, empleando los mecanismos cuyo gobierno se le ha encomendado hasta que, el último superviviente, logra desactivarle los circuitos con los que consigue su independencia.

Vemos cómo, de acuerdo con los augurios más recientes, la inteligencia artificial puede llegar a un desacuerdo tal, con el ser humano, su creador, que le haga plantearse su destrucción. Pero amigos, el ser humano no necesita a otro ente, natural o artificial, que venga a exterminarlo. El se basta.

Tenemos, ahora, una guerra encendida, que nos involucra a todos, con los arsenales de los contendientes, llenos de armas de exterminio. ¿Y cuando el ser humano ha rehuido una guerra? Por atroz que parezca mi consideración esta sería la primera vez. Mirad la historia.

Y no penséis que el terror nuclear le disuadirá. ¿Acaso no es más terrorífico cargar, con la bayoneta, con la intención de sacar las tripas, al que viene enfrente, con el propósito de sacar las nuestras?