Opinión

Florentino presidente

TRIBUNA

Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 02 de junio de 2023

Dado que nuestro régimen político se basa en el irónico concepto de democracia representativa para seleccionar a los que configuran el fastigio del poder político, y el Real Madrid es el club que representa a más de la mitad de los españoles, y dado que es el fútbol el asunto público en el que más directamente participan masivamente los españoles, concitando grandes debates, asambleas y alegrías, y gracias al cual mejor se realiza el desiderátum celestial del Artículo 23.1 de la Constitución, yo propondría votar el próximo 23 de julio, die decimo ante Kalendas Augustas, mesas electorales ardientes bajo el ferragosto próximo, al muy honorable empresario madrileño Florentino Pérez Rodríguez. Es evidente que el Presidente del Real Madrid, así como su Directiva y el propio Ancelotti – no te vayas al Brasil, que Lula no es tan sorpresivo como Sánchez -, oyen más a los socios y simpatizantes del club de la camiseta blanca que esas estructuras cerradas, empresas sin control, que son nuestros partidos políticos. A veces hasta se cambia la alineación a partir de las estructuras en falange oblicua, epaminóndica o filípica, que se han soñado en los bares entre gritos asamblearios y vino Corcovo de Valdepeñas – heroico Page-, que misteriosamente llegan a las caverniculadas orejas del gran Ancelotti. ¿Qué serían de nuestros ideales democráticos si no existieran el fútbol y los toros? ¿Alguien ha pensado en el plus de proficuas propuestas en provecho de España que saldrían del magín de Vinicius o de Morante? España, sin duda, se enderezaría y volvería al camino recto de la prosperidad, la libertad y la unidad nacional. Y el caso es que no es broma. Ni que decir tiene que un gobierno merengue sería mucho más democrático que cualquiera de los que pudieran configurar Alberto Feijoo o Pedro Sánchez, que se resiste a perder la Copa tras la goleada en el último partido, y ya está pergeñando una nueva macedonia, “submotis ac victis resistere”, que decía César. Ningún partido representará jamás a tantos españoles – y no españoles – como un gobierno merengue, y el gran Quintano y Hughes, los Píndaro y Baquílides del momento, podrían entonar sus odas con la misma forminge de una sola representación con dos caras. Para Píndaro y Baquílides la máxima cualidad del héroe es el valor, que tiene sus raíces en el linaje. Natural.

Si la ética del éxito sobresale sobre la ética de la responsabilidad, que diría Max Weber, que sean los mejores usuarios de la ética del éxito los que nos gobiernen, máxime cuando sus actos de gobierno estarán más veces pergeñados por el juego limpio, y hasta martirial con Vinicius, pero que aún no ha sufrido el tiro en la cabeza que daban los amigos de Bildu. Y es que España aún no ha perdido ese agonismo parafascista tan caro a Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo. Ni en la izquierda ni en la derecha. La ingenuidad y la estupidez están puestos hoy en España al servicio de la propia conveniencia, pero los españoles hebetados están empezando a levantar la voz de ese huésped enojoso ( Aranguren ) que es la propia conciencia, y que puede aguar la fiesta de toda la clase política del consenso putrefacto en próximas jornadas electorales. Sólo el que permanece en la vida privada ( idiôtes ) puede mantenerse limpio, porque la política hodierna es hoy profundamente envilecedora. Es verdad que los políticos no pueden hacer la política fácilmente con el Sermón de la Montaña, pero es que ya la hacen sin la más elemental moralidad.

Nos hemos olvidado que desde los orígenes griegos de la Democracia, ésta ha afirmado la supremacía del pueblo sobre cualquier institución presuntamente representativa. La elección popular se extiende más allá del Parlamento, y debe crear el poder ejecutivo y judicial. Una perspectiva histórica nos revela una característica paradójica de la historia de la democracia: durante la mayor parte de su larga historia, desde los padres griegos hasta la época actual, la democracia fue considerada por todos los grandes ilustrados y hombres más educados ( desde Platón y Aristóteles ) como uno de los peores tipos de gobierno y sociedades imaginables. Era más o menos sinónimo de “gobierno de la plebe o de la gentuza”, y por ello era una constante amenaza a todos los valores centrales de una sociedad civilizada y bien ordenada. Hasta que por fin los EEUU de América conjuró el peligro que entrañaba para la gente bien, haciéndola representativa. A partir de ello adquirió tan idílicos y pastoriles significados que simplemente funciona ya como un paraguas lingüístico bajo el que se cobijan los más grandes malvados, infinitamente más peligrosos que la turba que se quería conjurar. Las turbas y muchedumbres blancas que uno se encuentra en el Metro algunos domingos, ondeando alegres las banderas, todos con un gesto feliz, son la base y el punto de apoyo que necesita el Arquímedes español para dar caña a los enemigos. Se van gente como Nieva, como Gala, como Trevijano, como el traductor de Sterne, como Caballero Bonald, como el amigo de Aleixandre, y ni Sánchez ni Feijóo pueden renovar los equipos. Florentino sí, Florentino es capaz de sacarnos del Castilla españoles ejemplares.

Las últimas elecciones, aunque no respondan al ideal democrático de calidad mínima, sí nos han alejado, sin embargo, un poco de la tenebrosa dictadura que el socialcomunismo pretendía. Y un Florentino presidente no habría sacado del césped a gente como María San Gil, Acebes, Zaplana, Astarloa, Pimentel, Ortega Lara, Pizarro, Luis Herrero, Piqué, Cospedal, Carmen Quintanilla, Aguirre, Pablo Casado…¡Si conserva todavía al amigo Karim Benzemá! Además, Florentino es capitán de empresa cuando en la actualidad todos los mandamases de los partidos con posibilidad de gobierno, aquellos que configuran el apparatchick, no han hecho otra cosa en su vida laboral que babear por las sedes de los partidos. El PP crece por la loca malignidad de Sánchez, y no porque haya recobrado su antigua auctoritas. La mayor parte de los españoles somos merengues. Nos representa el Madrid más que nadie. Florentino, Presidente.