Opinión

Cuaderno de ideas / Commonplace Book

TRIBUNA

Óscar Díaz | Martes 06 de junio de 2023

El 7 de mayo de 1934, H. P. Lovecraft obsequió a R. H. Barlow, uno de los miembros tardíos pero destacados de su círculo, con el original de su Commonplace Book, aparecido este 2023 en España con el título de Cuaderno de ideas gracias al buen hacer de la editorial Periférica. Se trata de un término inglés de difícil traducción (Javier Calvo, por ejemplo, ha propuesto volcarlo como Cuaderno de notas en vez de ideas, que es el camino escogido aquí por Juan Andrés García Román y Carmen Ibáñez Berganza), y donde tienen cabida reflexiones, apuntes, recordatorios, citas de otros, ejercicios o, como escribe Lovecraft en una carta a Reinhart Kleiner del 23 de enero de 1920, consiste en «un repositorio de pensamientos grotescos y fantasiosos» cuyo empeño duró quince años. Él mismo señala en la nota introductoria del Cuaderno que su existencia se justifica por «su posible uso futuro en ficciones de misterio» (p. 9). En fin, 1934 es un año complicado en su vida, siente lejana la escritura y cierto desapego por parte de los más íntimos, y pese a la penuria económica que lo acompaña, aún consigue realizar algunos viajes que tanto aire fresco le traían; así, pasará unas semanas con el joven Barlow, que ese mayo cumpliría dieciséis años, veintiocho primaveras menor que su amigo, lo que no impidió que fuera designado como su albacea literario.

En esta pequeña obra encontramos su mundo a retales, ideas felices y otras a medio cocinar, una gran cantidad de las cuales pueden ponerse en relación con muchos de los relatos de Los mitos de Cthulhu, ser que aparece citado al final de una de las entradas de 1919 en torno a un hombre que acude a un museo de antigüedades con un bajorrelieve que cobija una presencia pretérita; esta referencia, aunque haya sido una interpolación posterior, muestra cómo el universo ya se hallaba en ciernes en ese momento bisagra entre su etapa gótica y su etapa dunsaniana. Recordemos que el inicio del ciclo de los mitos se suele fechar en 1921, año de la aparición de La ciudad sin nombre, donde se encuentra la primera mención al Necronomicon. Pondré algunos ejemplos de los rastros que cabe seguir: (i) «Ciudades borradas de la faz de la tierra por una ira sobrenatural» (p. 33) conecta con La maldición que cayó sobre Sarnath; (ii) «Un hombre momificado sumido en un estado cateléptico durante siglos dentro de su tumba» (p. 63) se corresponde con Más allá de los eones, escrito para ser firmado por Hazel Heald, pero que es otro de sus falsos textos en colaboración como ghost-writer en busca de ingresos; (iii) «Las aventuras de un espíritu sin cuerpo. Atravesando ciudades vagamente familiares y páramos insólitos, así como el espacio y el tiempo, alcanza finalmente otros planetas y universos» (p. 80) apunta claramente a La sombra que salió del tiempo. Incluso tropezamos con la simiente (pp. 66 y 68) del cuento póstumo La Hoya de las Brujas que escribiría August Derleth a partir del planteamiento lovecraftiano, y que tanta polémica levantó por acompañarse del nombre de Lovecraft. De todos modos, lo importante es que este Cuaderno de ideas viene a rellenar un hueco en nuestro conocimiento bibliográfico: nos permite entrar a hurtadillas en el taller del artista, comprender su proceso creativo, las tensiones y tanteos, y sospechar líneas que tal vez algún día habría llevado al papel, inflándolas en la imaginación como un balón con una bomba.