Según dicen Pedro Sanchez anda buscando un nuevo gurú. Le prestaría el mío pero no he conseguido convencerle: . Extraña divagación la suya, pero es que los gurús de nuevo cuño son muy raros. Tezanos, por ejemplo, podría ser un buen maestro espiritual porque está adscrito al karma de Moncloa haciendo una labor de purificación en base a sus propios errores, además de ser de la cantera conoce a la perfección la manera de buscar la claridad, no en vano un buen gurú es aquél que pone luz en la oscuridad.
Después del debacle del 28-M Moncloa se ha convertido en un lugar inhóspito, diría que árido para pernoctar y nada seguro para conservar el puesto de trabajo. Aquí doy la razón a mi gurú personal porque ahora mismo muchas cabezas visibles pueden rodar y lo de conservar la coyunda laboral no está asegurada ni con una de esas fórmulas mágicas de trabajo inventadas por doña Yolanda Díaz, de quien se dice que sus célebres contratos indefinidos no pasan por su mejor momento.
Ser gurú, no siendo en la India, aquí en España y haciendo cábalas estando Pedro Sánchez de por medio, es tarea incómoda y de resultado incierto, incluso para Tezanos que, como ya he apuntado, ha ganado mucho en su escala de errores, pero con el presidente de Gobierno tan aficionado a los altos vuelos, abstracción hecha del Falcón, te la juegas en cosa de mes y medio. Yo por ejemplo podría ofrecerme por horas, pero estoy muy ocupado leyendo El Kybalión, una exégesis de la verdad, libro prescrito por mi admirado amigo Jesús de Miguel, hombre de sabiduría astral e inventor de la propiedad intelectual; por tanto mi tiempo para combatir mentiras no me lo permite. Comprendo que Pedro Sánchez busque culpables tras el fracaso en urnas, pero es lo que tiene rodearte de palmeros que además te hacen la ola y te arrojan pétalos de rosa y gardenias. Sánchez, ahora mismo, desconfía de todos y de todas, porque una cosa es el ir y otra es el venir y entre medias cualquiera le puede traicionar.
La cuestión es que Sánchez anda huérfano de luz y busca de manera desesperada un guía espiritual que le devuelva a la senda del resplandor. Quiere celebrar seis debates “cara a cara” con Feijoo y a mí me parecen pocos teniendo en cuenta que le queda escaso tiempo para demostrar al mundo que la salvación depende de la completa sumisión a su gracia esotérica. Es el gozo por lo sublime lo que le inquieta a don Pedro que trata de emular a Moisés apareciendo ante las cámaras de las televisiones públicas y privadas portando las tablas de la ley en formato decretos leyes como épico golpe de efecto, pero el pueblo soberano se ha hecho agnóstico de la mentira y lo de la tierra prometida ya no cuela.
Aquí la cosa está en que todos los temas capitales han salido mal aunque quieran hacernos creer lo contrario, o sea, que el electorado ha dejado de conformarse con la ciencia infusa y apuesta por utilizar una coherencia más terrenal. Por eso Pedro Sánchez y sus acólitos, defienden la teoría de haber perdido más poder que votos y de ahí el pretender un enfrentamiento menos prosaico con sus rivales,es decir, bajo el disfraz de “lindos gatitos” sin olvidar que don Pedro no da puntadas sin hilo. Ya sean los seis debates, los ocho o los doce, si llegara el caso, la única intención perseguida es la de vender buenísmoy hasta el perdón de los pecados en clave de mentira piadosa si ello fuere la solución en urnas.
Son notables las coincidencias que se aúnan para detraer del electorado la torpeza de no haber votado a Sánchez y eso es lo que este gobierno quiere corregir a contrarreloj con las arengas de pronóstico reservado:Y como el vil metal para este gobierno es una mina sin fondo, me honra la ilustración de un verso de Quevedo:
Mal oficio es mentir, pero abrigado:
eso tiene de sastre la mentira,
que viste al que la dice; y aun si aspira
a puesto el mentiroso, es bien premiado.
Vuelvo al gurú como elemento de distracción que no es otra cosa que poner solución al problema de don Pedro, y dado que yo, aunque quisiera ayudarle no puedo, le recomiendo que lo intente con Rappel, que aun no siendo maestro hindú, es un personaje muy recurrente, un protector, y además tiene una bola de cristal más fiable que el predictor.