Laila Escartín Hamarinen | Miércoles 22 de octubre de 2008
Escribía nuestro querido director en su columna A Marta, que hay muchos colegios buenos y muchos profesores buenos. Estoy de acuerdo con él en lo segundo, pero en desacuerdo en lo primero. Profesores buenos hay en todos los colegios del mundo, y ojalá que les pagaran mejores sueldos porque la labor que hacen es muy importante y merecen lo mejor. Pero el colegio en principio nunca puede ser bueno, a no ser que sea un mini-colegio con 15 estudiantes en total, o un cole normal con 1 profesor por cada 5 alumnos. El colegio tal y como está planteado en el mundo occidental (desconozco el sistema educativo del resto del mundo) no funciona, pues se basa en juntar a una gran cantidad de niños –cada uno de su padre y de su madre – y forzarlos a funcionar, a trabajar y a aprender siguiendo un único método, que al menos en España (y probablemente en casi todos los demás países) está mejor adaptado a las necesidades y capacidades neurológicas del adulto que del niño. Es inhumano exigirle a un niño de 6 años (ó de 12) que se esté quietecito en su pupitre escribiendo, atendiendo y leyendo durante 45 minutos seguidos (en Andalucía, los niños a partir de los 6 años deben estar sentaditos durante ¡¡¡3 horas seguidas!!!) Esto no es un colegio, señores, es un centro de torturas. Está más que probado por psiquiatras, psicólogos y neurólogos que el proceso cognitivo de aprendizaje es distinto en cada individuo, por ello, es criminal forzar a todos los niños a aprender como se hace en la escuela: el profesor imparte una lección, los niños escuchan, copian, leen, aprenden de memoria, en silencio sin hablar ni preguntar, sin moverse, y siempre coaccionados por amenazas, castigos y premios. Además, la histeria de muchas escuelas y padres con respecto a la cantidad de data académica que los niños acumulen en la escuela es trágica y ridícula. Hasta la adolescencia el aprendizaje ha de ser como un cuadro impresionista, los detalles no importan, con que aprendan a leer y a entender lo que leen es suficiente, y que estén expuestos a la cultura a través de la experiencia propia (exposiciones, viajes, películas, libros, conversaciones, Internet, enciclopedias, experimentos); si se deja en paz al niño con material didáctico de primera categoría y con un adulto disponible para responder a sus preguntas y conversar con él es perfecto, ésa es la escuela perfecta, la que no hace violencia al niño. Dicen que ya no existe la esclavitud en occidente, pero sí existe, los niños son los esclavos de los siglos XX y XXI (hazlo, hazlo, hazlo, ¡no quiero ser tu esclavo!) La escuela no atiende las necesidades individuales de los niños (ni siquiera las colectivas), no puede, es imposible porque la estructura de la misma lo impide. El colegio no es un buen lugar para el alma, la psique ni el intelecto del niño, desgraciadamente. Siempre que paso junto a una escuela y oigo a los niños gritar tras el muro se me encogen las tripas y el alma.
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